miércoles, 30 de marzo de 2022

Novela negra

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN del 28 de marzo al 2 de abril)

 


Parece impensable que algunas personas sigan considerando ciertos subgéneros literarios como de segundo nivel. Y más, que entre ellas haya lectores, críticos, profesores de literatura, autores y periodistas.


El subgénero que tengo en mente es el de la ficción negra o novela criminal. No pocas veces he oído expresiones despectivas hacia él. Como si la literatura criminal no fuera, ante todo, literatura. Como los demás subgéneros, al tiempo que se ocupa de lo suyo, asesinatos, hurtos, traiciones o cualquiera de las acciones vergonzosas fraguadas en el alma humana, la literatura negra muestra la forma de vida de individuos y comunidades, describe los ambientes en los que se desarrollan los hechos y puede mover a los lectores a la reflexión e introspección, como el resto de la literatura.


También resulta impensable que ciertos autores de este subgénero contribuyan a fortalecer tal subvaloración. Tengo en mente a algunos a quienes he oído hablar en congresos. Dicen que la novela negra se debe limitar al caso, es decir, al asesinato, al robo, a la traición, a investigarlo sin perderlo de vista porque, aseguran, el único propósito de este subgénero es entretener y si se desvían un poco del asunto… ¡se escapan los lectores! Y así hacen sus obras. Como con miedo a experimentar, a describir la realidad y, menos, a reflexionar sobre ella. Flaco aporte a la sociedad.


Ahora entiendo: esos lectores, críticos, profesores de literatura, autores y periodistas que así piensan no tienen en mente novelas negras, sino novelas que quedaron en obra negra.

viernes, 25 de marzo de 2022

Padre Alberto

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 25 de marzo de 2022)



La muerte, tan vieja y cotidiana, aún consigue sorprendernos, estremecernos y sumirnos en la tristeza a estas alturas de la vida. Y si se lleva a un ser generoso y sabio, de esos que parecen ir adelante de uno poniendo piedras en el río para asegurar nuestros pasos, como el padre Alberto Restrepo González, uno reniega impotente por ese punto final, terco e inamovible, sin encontrar a quién reprocharle.


Como diez curas presidieron la misa fúnebre llena de humo de incienso el lunes pasado. Un llamativo y simbólico ritual en una Santa Gertrudis más o menos llena. El féretro descansó en el suelo del altar y no en esos soportes metálicos en que suelen esperar los muertos su funeral. Se hubiera dicho que el autor de Para leer a Fernando González seguía dictando su lección de humildad y, en todo caso, de permanente pelea contra la vanidad, como en vida.


Sentado a una mesa del café Otraparte, con esa rara mezcla de hombre ceñudo y amable, diseñó el recorrido que debía hacer para reconstruir el Viaje a pie del filósofo de la autenticidad, en 2012. Total, el sacerdote estudió en Manizales y ejerció en pueblos caldenses. Sin ver la boca que me hablaba, perdida entre barbas largas y grises como melenas epifitas, le oí contar:


“Cuando yo fui a estudiar a Manizales, Fernando me mandó una carta que decía: muy bueno que el espíritu te llevó a la fría Manizales a observar a Dios en el Nevado”.


miércoles, 23 de marzo de 2022

El enigmático McCarthy

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 21 al 26 de marzo de 2022)



Hay autores misteriosos, sin duda. Permanecen en el anonimato. Otros no llegan a tanto, pero defienden su privacidad con uñas y dientes y, por consiguiente, no conceden entrevistas o rara vez lo hacen. No les salen a los medios ni para hablar de su obra. Habitan el polo opuesto de la mayoría de los escritores, que tienen alma de publicista.


A veces, tal actitud enigmática motiva la construcción de un mito en torno a ellos, mito que compite con su obra por el interés del público. Como ejemplos, mencionemos al estadounidense J. D. Salinger, el de El guardián en el centeno, que después de la publicación de esta novela, a mediados del siglo XX, se recluyó en casa; el francés Marcel Schwob, al que muchos creen una invención de Borges; el Uruguayo Felisberto Hernández, y la italiana Elena Ferrante, la de Dos amigas. En Colombia tenemos a Tomás González, el de La historia de Horacio.


Es la personalidad de cada cual. Además de respetárseles, debe tenernos sin cuidado. Lo que debe importarnos es su literatura. Por esto, celebramos el anuncio de novedades editoriales de uno de esos misteriosos: Cormac McCarthy, el de La carretera. Dos novelas del norteamericano que prefiere la compañía de científicos a la de escritores. Se titulan: El pasajero y Stella Maris. De aquella, el autor adelantó algo en 2015: alude a la locura y las matemáticas; su editor anticipa que ambas están vinculadas y tratan del amor entre dos hermanos obsesionados con el pasado. Quedamos en ascuas hasta fin de año, cuando Random House las edite, al parecer, en un solo volumen.

viernes, 18 de marzo de 2022

Fabiola Lalinde

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 18 de marzo de 2022)

 


Por la época en que conocí a Fabiola Lalinde —la defensora de derechos humanos muerta en Medellín el 12 de marzo pasado— era una mujer triste y amable. Triste, no como alguien que acaba de llorar, sino como quien ha llorado tanto que se le secaron las lágrimas y ha conseguido transformar su cuerpo en la imagen del dolor.


Foto Museo Casa de la Memoria

Ya habían pasado los 4.428 días de incertidumbre —ella los contaba—, desde octubre de 1984 cuando su hijo Luis Fernando Lalinde fue desaparecido, torturado y asesinado por el Ejército en una montaña situada entre Jardín y Riosucio. Días después —¿750 quizá?, yo no los contaba—, nos acompañó en un evento de noviolencia en Sabaneta. Con orden y calma, como quien lo ha hecho muchas veces, narró los últimos días de su hijo, que ella reconstruyó, recorriendo la geografía antioqueña. Cuáles montañas pisó, cuáles ríos vadeó, en cuál cañada se agachó a beber agua, con cuáles campesinos conversó, hasta que… Luis Fernando pareció evaporarse en la noche de niebla que envuelve y devora a los desaparecidos. Habló también de su lucha incesante por hallarlo.


El día de la desaparición del hijo ella murió en buena parte, pero dejó una chispita que le alcanzara para buscarlo y convertirse en ejemplo para otros familiares de desaparecidos.


Al donar su archivo a la Universidad Nacional, en 2018, dijo:


“Cuando buscamos, dudamos, preguntamos, vamos en busca de la verdad, pero cuando encontramos, cuando tenemos una respuesta, nos damos cuenta que este es solo un paso…"

miércoles, 16 de marzo de 2022

Xenofobia

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN del 14 al 19 de marzo de 2022)

 


Como si con las manos se pudiera atajar un río —un río de letras—, las voces de xenofobia del mundo esperan detener las ideas rusas en Occidente. Olvidan que las letras y las palabras, en las que viajan las ideas, son como el agua: buscan y encuentran resquicios, por ínfimos que sean, para colarse.


Directivos de la Universidad de Bicocca, en Milán, Italia, censuraron a un profesor por su curso sobre Fiodor Dostoievski y su obra. El autor de obras como Crimen y castigo y El jugador es clave para entender el espíritu humano de todas partes, los cambios de pensamiento, los debates entre bien y mal. Los censores salieron luego a decir que no habrá censura.


La Policía Nacional de Polonia prohibió la presentación de la ópera Boris Godunov, del ruso Modest Músorgski, en Varsovia. Esta pieza del siglo XIX narra un ataque al zar Boris I por parte de los falsos Dimitris para hacerse con el poder.


Por solicitud de Ucrania, al pueblo ruso le limitan la comunicación por redes sociales. Aunque la Icann, la corporación de internet para la asignación de nombres, dice que no desconectará a los rusos.


Plácido Domingo no pudo dar un concierto en Moscú el 8 de marzo. ¿La razón? Lo cancelaron. Hace unos días, humoristas de una emisora colombiana bromeaban diciendo que deberían prohibir la montaña rusa, la ruleta rusa y otras cosas en cuyo nombre está ese gentilicio.


Detestables y obtusas, son muestras de xenofobia. Este sentimiento mantiene a flor de piel. Ahora, con la guerra entre Rusia y Ucrania, a quienes la sufren se les aumenta la picazón.

viernes, 11 de marzo de 2022

Pedir encima

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 11 de marzo de 2022)



El sentido de la columna de la semana pasada, en la que decía que al reconstruir la Plaza de Mercado de Envigado ojalá se actualice en arquitectura e higiene, pero no pierda su naturaleza de plaza, no es nostálgico. Por cierto, la nostalgia, el sentimiento de añorar lo pasado solo porque sí, resulta fastidiosa.


La necesidad de que la Plaza siga siendo plaza obedece a motivos culturales. Porque, como afirman teóricos de la economía, lo importante no es tanto la venta, la compra, la ganancia, sino las relaciones que establecen los humanos en torno a las transacciones. En la Plaza se relacionan campesinos, artesanos, vendedores y clientes de manera directa; sin intermediarios.


El pueblo es su auténtico dueño. De ahí el aire de familiaridad en el que se hacen los negocios. Un cliente, a quien fácilmente llaman por su nombre —no por cortesía comercial sino por sincera amabilidad—, se atreve a regatear; otro, a pedir encima; un tercero, a pedir rebaja. Hay una serie de actividades, usos y costumbres afines a quienes allí se reúnen. En la cantina, por ejemplo, confluyen proveedores, vendedores y clientes en busca de diálogo, bebidas y músicas que satisfacen sus gustos.


En suma, palpita la identidad cultural. Es decir, la conciencia que tenemos los individuos de pertenecer a un grupo, compartir hábitos, formas de hacer las cosas y ver la vida. Por eso, no se trata de nostalgia, sino de respeto por la identidad cultural que gravita en la Plaza.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Favorita

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 7 al 12 de marzo de 2022)

 



Mi autora favorita es Flannery O’Connor. La estadounidense pinta como nadie los ambientes sureños y, en especial, la carga religiosa que atraviesa las relaciones entre las personas. Carga que no pocas veces ejerce una influencia de intolerancia y violencia. “—¡Oh, Señor —rezó—. Aparece y limpia este mundo de las porquerías!”, clama un personaje suyo.


Otra favorita es Margarite Yourcenar. A la belga le agradezco haberme presentado a uno de los personajes más interesantes de la historia y la literatura: el emperador Adriano.Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes”. 


Mi poeta favorita es Dulce María Loynaz. La cubana es dueña de una sensibilidad sin igual y un lenguaje pulido, más dulce que su nombre. En una de las Cartas que no se extraviaron, dirigida a un Gabriel Castaño, advierte: “Si sus escrúpulos dependen de que no le agrada tratar asuntos monetarios con una dama, permítame enterarle de que en mi primera encarnación fui hombre: era yo hijo de un cadi de Damasco; todos los médiums retrospectivos están de acuerdo en eso…”.


En Colombia, mi favorita es Meyra Delmar. La barranquillera es precisa para nombrar la ambigüedad del sentimiento.


Otra favorita es María Mercedes Carranza. La bogotana expresa bien el desasosiego, la soledad, el hastío.


Otra favorita es Lucía Estrada. La medellinense habita con sus palabras la sombra, el sueño, el misterio. Dice: “Por cada mujer de sal,/ otra de agua se yergue”.


Mis otras favoritas quedan sin nombrar.


viernes, 4 de marzo de 2022

Plaza de Mercado

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 4 de marzo de 2022)



En Star Trek, las series de ciencia ficción, el capitán da un día la orden que jamás quisiera dar: “¡Todos a las cápsulas de escape! ¡Abandonen la nave!”.


La evacuación es urgente. La destrucción del crucero espacial, inminente. En segundos, los navegantes huyen en vehículos individuales con la esperanza de ser rescatados por alguna nave alienígena o llegar a un planeta clase M, es decir, con capacidad de albergar vida humana.


Así está la Plaza de Mercado de Envigado desde el 1 de marzo. La van a demoler y reconstruir. Desde hace días, legumbreros, carniceros, yerbateros, misceláneos, cigarreros, tenderos y vendedores de materos abandonaron el lugar, cada cual por su lado, y fueron a ocupar locales, por lo general cercanos a este centro gravitacional de mercado. Guardan la esperanza de volver un día a ocupar la nueva Plaza.


Aunque desde la Administración Municipal aseguran que ninguna de las 400 personas que se ganan la vida allí perderá el puesto, sé de al menos una que no tiene esperanza de regresar. Esperanza Hernández, la mujer que atendía un servicio sanitario en el pasillo occidental. Esa que uno veía leyendo libros en esos lapsos en los que no acudía alguien acosado por la tiranía de sus entrañas. “Pregunté y me dijeron: no. Esto va a ser una cosa muy distinta”, contó.


Esperemos que la Plaza de Mercado se actualice en arquitectura e higiene, pero no pierda su naturaleza de plaza por parecerse a un centro comercial, inodoro, desabrido... y sin alma.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Elecciones

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 28 de febrero al 5 de marzo de 2022)



Al pobre marzo le tocan las elecciones políticas. Esto nos hace pensar que la literatura se ha ocupado de todo; hasta de las elecciones. No han faltado escritores que en charlas y discursos hayan hablado del tema, ni relatos que lo hayan abordado.


El último secretario de Jorge Luis Borges, Roberto Alifano, consignó en su libro El humor de Borges, algunas conversaciones con el autor de El Aleph.La profesión de los políticos es mentir (...) no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad”.


Novelas sobre elecciones también forman un río de letras. El francés Michel Houellebecq publicó Sumisión en 2015. Pinta una Francia en la que gana un candidato árabe. Sus cambios traen desigualdad entre mujeres y hombres, legalización de la poligamia y una posible creación de un imperio árabe que intentaría extenderse por Europa.


Hace 90 años, el mexicano Martín Luis Guzmán editó Aventuras democráticas, sobre un país recomponiéndose después de la Revolución.


Una de las obras más sonadas de este asunto es el Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago. En las elecciones de una ciudad sin nombre barre el voto en blanco, que el autor presenta como una salida plausible ante la política corrupta. En la presentación de la obra, sucedida en Lisboa hace 18 años, Saramago expresó:


“Podemos quitar y poner gobiernos, pero no podemos derribar el verdadero poder: las estructuras económicas y financieras”.

viernes, 25 de febrero de 2022

Después lo llamo

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 25 de febrero de 2022)

 


Hay personas que saludan sin pensar. Preguntan o responden como por reflejo. Hay quienes son dueños de una especie de amabilidad comercial, fingida y estándar.


Conozco a un Guillermo, contador él, que se queja porque sus clientes, en especial los de mayor confianza, suelen decirle: “después lo llamo”, cuando los busca por teléfono. Pero no lo llaman.


Tengo amigos que, al vernos, me dicen: “tenemos que hablar”. Otros, que no desaprovechan contacto para proponer almorzar o tomar café “un día de estos”. Pero no se llega el día de hablar ni de tomar café ni de almorzar.


Esas fórmulas verbales, con las mismas palabras de siempre como un “hola”, un “después lo llamo” o un “qué hay de nuevo”, o con otras distintas como “tenemos que sacar tiempo para tomarnos un café”, hacen parte de lo que los lingüistas llaman función fática del lenguaje. Sirven para afirmar, mantener o detener la comunicación. Casi que para administrarla.


Y no es que los hablantes mientan. Tal vez ambos —o al menos uno de ellos— tienen la intención de volver a llamar o el deseo de encontrarse a tomar un café e intercambiar dos palabras, pero no siempre se da.


Puede que la función fática no sea tan prestigiosa como la poética, pero es muy útil. Esos pequeños contactos sirven, entre otras cosas, para mantener la amistad más o menos aceitada. Son expresiones que intentan significar aproximación, que ahí está uno y ahí está el otro y no nos hemos olvidado… del todo.


miércoles, 23 de febrero de 2022

Juglar del Magdalena

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 21 al 26 de febrero de 2022)

 


Cuando Julio Erazo componía una canción, se la cantaba primero a su mamá, Carmen Cuevas. Ella fue la primera en escuchar temas como Yo conozco a Claudia y La puya guamalera, las primeras que grabó el artista en noviembre de 1950.


Julio Erazo murió el pasado 12 de febrero. Es uno de los creadores más versátiles del país. Más de 350 obras, entre boleros, paseos, bambucos, guabinas, cumbias, merengues, porros, sones, puyas, corridos, valses, baladas y rancheras salieron de su caletre y fueron grabadas en su voz o la de otros.


Versátil, porque no deja de impresionar que del mismo músico salieran temas como el alegre pasaje Hace un mes (“Hace un mes que no te miro/ hace un mes que no te abrazo/ hace un mes que no suspiro/ apretao entre tus brazos”) o el sentido tango Lejos de ti (“Pero estoy lejos de ti/ sin saber cómo estarás/ si estarás pensando en mí/ o no me recordarás…”), que escribió para quien sería su esposa, Elides Martínez.


Como cantante, integró los grupos Julio Erazo con sus Guamaleros, Julio Erazo y sus Chimilas y Los Corraleros de Majagual.


En su casa de Guamal, Magdalena, contó un día que cuando crearon el departamento del Cesar, separándolo del Magdalena, Rafael Escalona dijo que este territorio se había quedado sin músicos. Erazo le respondió con el paseo Aquí está el Magdalena, en el que le recordaba: “aquí quedé yo, José Barros, también Choperena, Gary Fuentes, Andrés Paz, Abelito, Pacho Rada, Martelo y Marchena…”.


La vida de Julio Erazo resume la idiosincrasia del hombre costeño: alegre, amable y enamorado.

viernes, 18 de febrero de 2022

Comerse el dinero

(Columna publicada en el periódico Gente, del grupo El Colombiano, el 18 de febrero de 2022) 



Uno a veces se confunde y cree, pobre iluso, que eso de las distopías o sociedades indeseables, son solo asunto de la literatura y el cine.


Ciudades de aires irrespirables, aguas escasas e imbebibles, inmensas hordas de seres que compiten a muerte por alimento, diásporas de multitudes que huyen del hambre para caer en la esclavitud…


Pero no. A esas realidades nos dirigimos, y ya no de manera lenta como algunos suponen y todos desearíamos. Medidas como la de exonerar del cumplimiento del pico y placa a quienes paguen un permiso demuestran que a los gobernantes no les interesa la descontaminación del aire y, con esta, la prevención de enfermedades respiratorias y la mitigación del cambio climático. Qué va. No les interesa siquiera aliviar la movilidad, sabiendo que los trancones generan pérdidas a empresarios y trabajadores…


¿La filosofía del pico y placa no era, pues, cuidar el medio ambiente y mejorar el flujo vehicular? ¿Acaso si conductores pagan para mover el carro cuando no les corresponde, estos no contaminan ni forman trancón?


Quienes diseñan y aplican estas normas —y otras que no menciono para no mezclar las cosas— se parecen a los malvados de esas novelas y películas distópicas: se benefician de la destrucción. No les va ni les viene que la gente se mate, con tal de llenar sus bolsillos. El día que no haya aire, ni agua, ni alimento, ¿se comerán las monedas y las criptomonedas? Vaya uno a saber.

jueves, 17 de febrero de 2022

Molière

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 14 al 19 de febrero de 2022)

 


Este 17 de febrero se cumplen 349 años de la muerte de Molière, uno de los teatreros más influyentes de todos los tiempos. A quienes se preocupen porque 349 no es una cifra redonda, como las que suelen recordar los periódicos, les consolaré diciendo que el pasado 15 de enero se celebraron 400 años de su nacimiento en París: ocurrió en 1622.


Molière, por Pierre Mignard I

Jean-Baptiste Poquelín era su nombre; Molière, su seudónimo de actor y dramaturgo. Su figura sigue siendo tan grande, que grupos teatrales profesionales, aficionados y estudiantiles continúan montando sus obras más que las de muchos autores actuales. ¿Quién no ha oído hablar de Tartufo, que critica al hipócrita? ¿O El médico a palos, en la que a un leñador funge de médico? El misántropo, El cornudo imaginario son otras creaciones suyas. Varias de sus obras fueron prohibidas en su tiempo, porque atacaban la mentira, la impostura, la pedantería de los académicos, la soberbia de los burgueses…


Molière murió de tuberculosis a los 51 años. La Iglesia no permitía que a los actores los enterraran en la tierra sagrada de los cementerios. Su viuda clamó para que recibiera funeral sencillo y de noche. Lo sepultaron en una especie de “limbo”, un suelo que no era santo ni maldito: el sitio de los niños no bautizados del cementerio de Saint Joseph.


“Gocen la primavera de los años juveniles y conságrense a sus ternuras. No pierdan ni un instante. Que a la belleza la borra el tiempo, y acude rápido la edad de hielo, que trueca los placeres en tristeza”. Cantan gitanas en alguna parte de El enfermo imaginario.

viernes, 11 de febrero de 2022

De chorros a goteos

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 11 de febrero de 2022)



Después de un remedo de tiempo seco, llegaron los aguaceros. Y con estos, ay, reaparecieron los chorros de agua de balcones y terrazas que se suman a los numerosos vertederos de los aleros. Caen a las aceras, es decir, al sitio de los transeúntes. Si nos descuidamos, se tornan en duchas que nos ensucian la cabeza y el vestido.


Aguas que lavan suelos y terrazas. Mugres licuados de la vida doméstica, procedentes de pisos untados vaya usted a saber de qué. O de terrazas en las que tal vez haya excrecencias de animales; jugo de óxido de metales olvidados a la intemperie; aguas desbordadas de llantas, poncheras con ropas enjabonadas, bacinillas o botellas con sus bocas bien abiertas... ¡Qué asco! Y si fumigaron, nos cae además zumo de insecticida…


Sin contar lo obsceno de un espectáculo conformado por edificios dotados de apéndices cilíndricos para verter sus micciones al mundo. Y pensar que sufren de incontinencia. Escampa, cesan los chorros, sí, pero dan paso a goteos intermitentes. Si estamos atentos, apostamos mentalmente que tenemos tiempo de pasar entre una gota y otra, pero esto no siempre es fácil de calcular. Cuando menos pensamos, una partícula traicionera cae con su peso plano, como una moneda líquida, y nos deja su sello tatuado en la coronilla o la tela de un hombro.


Está bien que a los edificios también los afecta la retención de líquidos, pero deberían contar con métodos discretos para evacuarlos; en cualquier caso, no encima de la humanidad que camina por su vera.


miércoles, 9 de febrero de 2022

Ucrania

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 7 al 12 de febrero de 2022)

 


A los ucranianos les soplan vientos de guerra por todas partes y desde muy antiguo. En los últimos tiempos se intensifican por el acoso ruso y los intentos de Occidente por impedirlo.


Para conocer a los ucranianos, quienes sufren los horrores del conflicto, ponen el escenario y los muertos, está la literatura. Con ella podemos saber cómo viven y sienten, qué comen y en qué creen los habitantes de este país de Europa Oriental.


El tema no es nuevo. Hace dos años, El País de España publicó una nota titulada “La guerra alcanza la literatura ucraniana”, de Pilar Bonet. Demuestra que el conflicto incentiva a los escritores a narrar historias. Menciona autores como Serhiy Zhadán, con su novela El internado; Andriy Kurkov, con Abejas grises, y Keteryna Kalytko, con La tierra de lo perdido, entre otros.


El escritor ucraniano más conocido es Mijail Bulgakov, el de Los huevos fatales, Corazón de perro, La isla púrpura y El maestro y Margarita. Este autor participó en la primera Guerra Mundial como médico voluntario y fue herido de gravedad. Aquí, unas líneas iniciales del relato autobiográfico “Morfina”, sustancia con la que trató sus dolores y de la que fue adicto por varios años:


“Las personas inteligentes han observado desde hace tiempo que la felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes. Pero, cuando pasan los años, cómo recuerdas la felicidad, ¡oh, cómo la recuerdas!


En lo que a mí se refiere, solo ahora me doy cuenta de que en el invierno de 1917 fui feliz. ¡Un año inolvidable, impetuoso, acosado por las tormentas de nieve!”


viernes, 4 de febrero de 2022

Compañeros de viaje

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 4 de febrero de 2022)

 


A veces, cuando llegan los momentos penosos de la existencia, la enfermedad, la soledad, la muerte, se anida en nosotros una angustia que llaman depresión. Deja como una nata en el asiento del alma.


Con ella llega el pensamiento de que entre uno más se relacione y quiera a otros seres, más vamos a sufrir y lo mejor sería entonces estar solos para evitar el dolor. Sin embargo, al rumiar las ideas se llega a la conclusión de que esta manera de pensar no sería más que una posición egoísta. Los seres vivos, no digo humanos solamente, nos identificamos por la fragilidad. Somos débiles, sintientes y sufrientes. Padecemos hambre y otras necesidades, dolor, enfermedad, muerte.


Por eso los seres vivos nos agrupamos, con los de la misma especie o los de otras —perros, gatos y demás animales— para acompañarnos y ayudarnos en los momentos en los que la relación con la existencia es áspera, complicada y amarga. Y, obviamente, para disfrutar de aquellos en que la vida es un jardín de rosas.


Tal vez sea más fácil ser altruista con individuos de nuestra misma especie, porque nos han enseñado que resulta más natural hacerlo con estos y que debemos preferirlos. Y más en un mundo organizado de tal manera que los humanos, erróneamente, nos creemos superiores y principales.


Como sea: con individuos de la misma o diversas especies, el pensamiento solidario debe ser la consigna de los habitantes del universo. Al fin de cuentas, somos compañeros de viaje y atravesamos la misma suerte.


miércoles, 2 de febrero de 2022

Noticias

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 31 de enero al 5 de febrero de 2022)

 


Las noticias literarias constituyen una forma válida y práctica de propiciar la lectura. Las que hablan de novedades editoriales, muertes u otros sucesos de escritores, aniversarios de nacimientos y decesos de estos, o de la publicación de la primera edición de una obra importante.


Este 2 de febrero se celebran 100 años de la primera edición del Ulises de James Joyce en forma de libro. Antes había aparecido por entregas, en revistas. Esta novela revolucionó la forma de narrar en el mundo. Cuenta un día en la vida de tres personajes: Leopold Bloom, Stephen Dedalus y Molly Bloom, y su travesía por Dublín, que bien puede ser una verdadera odisea. Cada uno de sus 18 capítulos posee un estilo diferente: teatro, novela romántica, narrativa clásica, construcción operática… Y acude a numerosos recursos expresivos, como el monólogo interior o la narración omnisciente.


Recientemente presentaron el libro Violeta, de Isabel Allende, muy íntimo. Inspirado en su madre, muestra el Chile de la dictadura y una América Latina en debacle económico. Hace poco editaron la novela Crónicas desde el país más feliz, de Wole Soyinka. Revela una Nigeria en la que se confrontan destrucción y vida, y sostiene que es preciso recuperar los ritos.


Ana Frank

Otra información nos tiene con urgencia de leer ¿Quién traicionó a Ana Frank?, Investigación sobre un caso nunca resuelto, de Rosemary Sullivan. Parece que el traidor fue un notario…


Este libro debe motivar a leer el Diario de Ana Frank y conocer a la niña que se convirtió en símbolo del horror sembrado por los nazis.

sábado, 29 de enero de 2022

En Casablanca habita la espera

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 28 de enero de 2022)

 


No sé ustedes, pero mi gran anhelo para el 2022 es que abran de una vez por todas la casa museo de una de las artistas más importantes de América: Débora Arango.


Foto: Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín

La relación de la gente con esa vivienda ha sido de espera. Primero, cuando la maestra vivía, deseábamos que por un milagro divino ella asomara para poder verla. O al menos, que cuando uno pasara por ahí, estuviera la puerta abierta para colar los ojos hacia el interior y escrutar el misterio.


Después del 4 de diciembre de 2005, cuando murió, aguardábamos lo que pudiera pasar con Casablanca. Festejábamos cada noticia, como cuando la declararon “Bien de Interés Cultural de la Nación y Casa Museo”, con lo cual se logró, por lo menos, que no la demolieran. Casi nos sale hernia de hacer fuerza para que el Municipio de Envigado la comprara a la sobrina propietaria.


Después desbordamos de dicha cuando ¡por fin! la Administración la adquirió por más de 13 mil 500 millones de pesos, con apoyo del Área Metropolitana y el Instituto para el Patrimonio de Antioquia, De eso hace más de cinco años, durante los cuales esperamos la preparación museográfica. Hace casi un año comenzaron visitas guiadas, como dos veces por semana, pero nada definitivo.


Es válido suponer que, ahora que tenemos Secretaría de Cultura, la apertura se agilice. Qué bueno sería contar entre los logros de la primera titular de este despacho, Ruth Verónica Muriel, el ponerle fin a este calvario de esperas.

miércoles, 26 de enero de 2022

¿Quién lee ahora?

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 24 al 29 de enero de 2021)



Un periodista de un medio escrito me lanzó estas “perlas” en una conversación privada, hace unos días: “¿Quién lee a Flaubert en este tiempo? ¿Quién, el Ulises de Joyce?... Ni qué decir de la literatura del siglo XIX y anteriores. Ahora nadie lee más que cosas breves, actuales y sencillas”.


Las respuestas a esas preguntas son obvias: los lectores leen las obras de estos autores y otras más y, obviamente, los no lectores no las leen ni leen nada en absoluto.


El mismo personaje aseguró no conocer a nadie que haya leído la obra del dublinés, de cuya primera edición se cumplen cien años el próximo 2 de febrero. Una novela que revolucionó el arte de escribir en el mundo. Añadió que, por su parte, jamás ha podido pasar de la página 12.


Esto es una paradoja, si se observa bien, porque él vive de personas que sí leen, de modo que no debería partir de la base de que él escribe para los no lectores o a sabiendas de que nadie lee. Además, uno de los deberes de los periodistas, la prensa y los medios en general es fomentar el amor por la lectura, mostrar autores y creaciones diversas, y muchas formas distintas de pensamiento, así como diferentes estilos expresivos, para que no nos quedemos pasando los ojos solamente por lo fácil y para que enriquezcamos nuestra forma de entender el mundo.


Si bien la lectura —al igual que la afición a las diversas manifestaciones artísticas—, es un goce no tan popular como el del fútbol, es deber de quienes trabajamos con la palabra tratar de seducir a la gente con letras inteligentes de cualquier época y lugar.

jueves, 20 de enero de 2022

Letras de enero


(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 17 al 22 de enero de 2022)



Extraños en un tren, la novela de Patricia Highsmith, está dedicada “A todas las Virginias”. Pero, según sus notas, fue Virginia Kent, una mujer divorciada, a quien la autora jamás dejó de amar.



Nacida en Texas el 19 de enero de 1921, se convirtió en referente del género negro —ese que mezcla maldad, suspenso, miedo y perversión— desde la aparición de dicha obra en 1950, llevada al cine por Alfred Hitchcock.


Con esta y otras creaciones, como la serie Ripley, Crímenes bestiales y El cuchillo, mostró que el mal suele salirse con la suya, aunque duela aceptarlo. Reñía con encasillamientos como el del género negro, y escribió historias sobre el lesbianismo y el sufrimiento de quienes aman y desean a personas del mismo sexo. Asunto arriesgado en su época, pues los homosexuales, considerados enfermos mentales, eran encerrados y tratados con choques eléctricos. Entre estas historias, publicó El precio de la sal en 1951, con el seudónimo Claire Morgan. La reeditó con su nombre, con el título Carol, en 1989.


La paridora, relato incluido en Pequeños cuentos misóginos, dice:


“Para Elaine, el matrimonio significaba hijos. El matrimonio significaba también otras muchas cosas, naturalmente, tales como crear un hogar, levantar la moral a su marido, ser una alegre compañera, todo eso. Pero sobre todo, hijos… para eso servía el matrimonio, ese era el sentido”.


Alcohólica y misántropa, Highsmith murió en Suiza, el 4 de febrero de 1995. Gozo y busco su estilo directo, sin concesiones a las “buenas formas”, y sus enfoques no convencionales ni sensibleros.

jueves, 13 de enero de 2022

Azar y libertad

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 11 al 15 de enero de 2022)



En alguna parte de alguna obra o nota marginal de Franz Kafka leí hace años: “El problema no es la libertad, porque la libertad no existe”. O palabras parecidas. Varias veces he buscado tal cita, pero es en vano; no doy con ella. Entonces, por momentos pienso que la soñé, la inventé, o se la oí al viento que debe ser el mismo que viene desde su territorio y su tiempo hasta los míos. Soy consciente de que, así como no nos bañamos dos veces en el mismo río, no nos sopla dos veces la misma corriente de aire, pero tal vez el agua y el aire sí sean los mismos desde siempre.


En fin, pensé en la libertad porque sentí en estos días de fin y principio de años algo que se le parece mucho y extrañaba desde hace meses: leer un libro y después otro y otro más solo porque sí, no por compromiso ni porque deba reseñarlos ni referirme a sus autores ni nada. Es como si hubieran ejercido sobre mí una atracción inexplicable. ¿Serían sus títulos? ¿El color y el diseño de sus carátulas? ¿El extraño nombre de sus creadores? ¿Los exóticos países de los que proceden? ¿Los asuntos que tratan?


Este habla de un vagabundo, nada lo ata a nada y vaga por bosques noruegos haciendo acaso algo más que existir; aquel, de una historia ocurrida en Estambul hace siglos, con iluminadores de libros y misteriosos asesinos; este otro, de un pueblo sin memoria llamado Karakí y una región de Nieves Perpetuas que, por desconocida, genera mitos y prejuicios.


Así es la lectura de vacaciones, suelta, caprichosa y arbitraria. Uno se deja arrastrar sin rumbo en un río de azares.