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sábado, 11 de diciembre de 2021

Aguinaldo

(Columna publicada en el semanario Gente el 10 de diciembre de 2021)



Supongamos que Un hijo natural, de Julio Nombela, sea uno de los volúmenes de mi biblioteca cuya edición se hunde más en el tiempo. Data de 1929. Es un pequeño ejemplar publicado por la Librería de la Vda. De Ch. Bouret.


Alejandro Dumas hijo tiene una novela titulada El hijo natural, en la que el personaje entiende que no necesita a un padre que no lo quiere como hijo; en la de Nombela, el protagonista cree que debe obedecer al corazón y no guardar rencor al papá.


Pero no deseo hablar del escritor francés, ni del español, ni de sus obras. Quiero resaltar que ese ejemplar tiene 92 años y goza de buena salud. Lo debe haber leído un puñado de personas antes que manos mayores lo pasaran a las mías. Puede seguir siendo leído, porque, ¡cosa maravillosa!, el material del que está hecho no se deshace ni las palabras se borran cuando se posa la vista en ellas.


Con este solo argumento, el utilitarista, puedo asegurar que un libro puede ser uno de los aguinaldos más baratos e ideales. Y original, pues ya a nadie parece ocurrírsele dar sino aparatos. Y eso, sin recurrir a argumentos más contundentes, como que un libro —de ficción, no ficción, ciencias o filosofía— encierra un mundo de ideas que encienden la chispa de nuevas ideas en la mente que las recibe, para generar, cómo no, otras nuevas, en una sucesión que toca el infinito.

viernes, 19 de noviembre de 2021

El libro, el protagonista

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 19 de noviembre de 2021)


El libro del libro: esto es El infinito en un junco. Un ensayo sobre la historia de esta invención humana, fácilmente la más importante, el libro, cuyos orígenes se remontan a hace cinco mil años. Fue publicado por primera vez pocos meses antes del inicio de la actual peste por la escritora española Irene Vallejo Moreu.


Narra las aventuras vividas por el libro, desde el momento en que los egipcios descubrieron el potencial de un junco llamado papiro, para consignar el producto del conocimiento, la imaginación y la reflexión.


Hablo de él porque, a raíz de la columna anterior, “De la biblioteca y los libros”, algunos lectores me han escrito para mencionarme este volumen de la autora ibérica, como si en sus mentes se hubieran activado las mismas neuronas al leer la nota.


Gracias a El infinito en un junco uno se demora en los palacios de Cleopatra, percibe el impulso de las velas de Alejandro, es testigo de las correrías de Ptolomeo, entra a las primeras librerías, arde de furia ante las hogueras que quemaron textos prohibidos… En fin, el libro, que siempre habla de otros, en este volumen ocupa el privilegiado lugar de protagonista.


Según revela Vallejo en entrevistas, la idea inspiradora para este ensayo surgió en Alejandría, lugar donde una vez existió una biblioteca sin par, destruida 48 años antes de nuestra era. Y esta columna, como ya he revelado, surgió de la afortunada conversación con otros lectores.

viernes, 12 de noviembre de 2021

De la biblioteca y el libro

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 12 de noviembre de 2021)



Por pensar en tantas cosas, en brujas, en muertos, en esto y lo otro, pasó el Día de la Biblioteca, 24 de octubre, y nada dijimos. Pero hay temas que se pueden comentar cualquier día, sin que pierdan vigencia ni parezcan inoportunos.


La Gran Biblioteca de Alejandría

Con más de 4.000 años de historia, la biblioteca —pública o personal— es más que el lugar donde se guardan libros —de arcilla o madera, rollos de papiro, bloques de papel cosido y con lomo, o textos electrónicos—. Como se sabe, los libros son frutos del pensamiento, el conocimiento y la imaginación, es decir, lo que la especie humana ha hecho gracias a su pulsión erótica o impuso creativo.


Por tanto, hay una carga simbólica que convierte la biblioteca en lugar sagrado, como si fuera un templo, y a los libros en piezas sagradas, como si fueran reliquias. Lo mencionó Borges en su ensayo “Del culto de los libros”, incluido en Otras inquisiciones: “Un libro, cualquier libro, es para nosotros un objeto sagrado”. Las bibliotecas se veneran y respetan solo si se visitan y usan; los libros, solo si se leen, contradicen o enriquecen.


Por eso, carece de alma la biblioteca del mafioso, la que arma quien diseña la casa, con libros dispuestos apenas para decorar espacios, pero condenados a muerte porque nadie leerá jamás. Es biblioteca en el sentido material del concepto, pues almacena libros; no en el sentido simbólico.


Abrir una biblioteca es una acción loable; destruirla, un crimen contra la humanidad.