jueves, 25 de junio de 2026

Babel mundialista

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 22 al 28 de junio de 2026)

 

 

En momentos cuando ideas colonialistas están a la orden del día, el ente rector orbital del fútbol, la Fifa, intentó sintonizarse con estas iniciativas al impedir el uso del español en ruedas de prensa de la Copa Mundial.


El colonialismo es un sistema político y económico en el que un Estado ejerce poder sobre otro. Lo controla, determina su destino y hasta somete su cultura. Y el idioma, por supuesto, es el vehículo mediante el cual se transmiten, no solo palabras, sino formas de percibir el mundo.


En los primeros días de la cita futbolera, los organizadores impidieron que los periodistas formularan preguntas en español. Comunicadores y futbolistas tuvieron que rebelarse para que la Fifa echara reversa a esta norma violenta y absurda. Violenta, porque le indica al mundo en qué idiomas se debe comunicar. A uno de los países realizadores, México, donde la mayor parte de sus 130 millones de habitantes son hispanohablantes, les señala que son de segunda categoría. Y absurda, porque, en el planeta, gran parte de los seguidores de este deporte hablan español.


Claro que la Fifa explicó que no era un veto al español, sino un asunto de logística y falta de traductores. Pero nadie puede ser tan ingenuo para suponer que, en un planeta tan politizado, los organizadores no hubieran previsto que esta actitud, como todos los actos y gestos que ocurren en el certamen, son símbolos: transmiten y sugieren significados que el mundo entero percibe de manera consciente o no.


Se supone que el deporte debe unir los pueblos en una Babel pacífica y festiva.

jueves, 18 de junio de 2026

Alma de cristal

Columna Río de Letras diario ADN, semana del 15 al 21 de junio

 

 

Hay quienes afirman que ahora los niños y jóvenes son emocionalmente frágiles. Si se les dice algo que los incomode, se quiebran como cristales. Que los mayores los sobreprotegen y les evitan cualquier contacto con la adversidad para ahorrarles dolores y frustraciones. En ese afán de protegerlos, los grandes impiden que lean cuentos que incluyan muerte o tragedia… Así, los nuevos no se preparan para entender que la vida tiene tales situaciones, y no se trata de que sea justa o injusta.


Los que ponen rótulo a todo, llaman generación de cristal a la de quienes han nacido en este siglo. (Aunque, claro, hay individuos que se salen del molde.)


Me viene a la mente Tomás Rodaja, el personaje central de El licenciado vidriera, de Miguel de Cervantes Saavedra. Ingenioso y sensible, Rodaja despierta el amor de una mujer, pero él no le corresponde. Despechada, ella acude a una morisca para que lo hechice. Entonces él padeció la locura de creerse de cristal. Hablaba con los demás, opinaba de cuanto le preguntaban, pero rehuía el contacto con los otros para no resultar roto.


Como él, las personas de cristal se rompen con la piedrecilla de una contradicción, el guijarro de una negativa, la esquirla de una dificultad...


Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza”.


jueves, 11 de junio de 2026

Borges y el otro

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 8 al 14 de junio de 2026)

 


Jorge Luis Borges es el rey de las paradojas. Su fascinación por estos elementos misteriosos no es una impostura, una actitud artificiosa para deslumbrar a incautos.


La paradoja, esa idea de apariencia absurda, pero que resulta cierta o, por lo menos, posible, se nota en sus cuentos como un juego. Por ejemplo, en “El Aleph”, un objeto minúsculo contiene el Universo; en “La biblioteca de Babel”, en una biblioteca infinita, donde están todos los libros posibles, es imposible hallar un volumen que contenga la verdad; en “Funes el memorioso”, un sujeto capaz de recordarlo todo es incapaz de pensar, y en “El otro”, un Borges viejo se encuentra con un Borges joven y a ambos les resulta imposible demostrarse mutuamente que él es el verdadero y no el otro. Sí, parece un juego. Pero es difícil hallar algo más encantador y aterrador a la vez que la posibilidad de ser y no ser al mismo tiempo. La angustiosa realidad de los laberintos, los sueños, los espejos, las ideas de infinito y eternidad. Quizá no haya en la vida asuntos de mayor seriedad y complejidad.


El autor de Ficciones estuvo atravesado por el comején de la paradoja. Se declaró a veces agnóstico, a veces ateo. Sin embargo, el 14 de junio de 1986, hace 40 años, murió recitando el Padrenuestro en inglés antiguo y español, según Jean-Pierre Bernés, su traductor francés.


“¿Qué errante laberinto, qué blancura

ciega de resplandor será mi suerte,

cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?”,


se preguntó en “Los enigmas”. Tal vez ya tenga sus respuestas.


jueves, 4 de junio de 2026

La triste sirenita

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 1 al 7 de junio de 2026)

  

 

Sé bien que Hans Christian Andersen, en 2026, no cumple una cifra de años terminada en cero o en cinco, como (nos) gusta a los periodistas. Pero sé también que esta no es la única excusa para hablar de algo. Y no quiero esperar a 2030 para decir que se equivoca quien supone que este danés, amigo de infancia de la mayoría de nosotros, escribe para niños solo porque, en sus cuentos piensan, hablan y obran animales, plantas, estrellas, gotas de agua. Escribe para un público general.


En sus obras, la tristeza y la tragedia son tan usuales como la alegría y el gozo. O más. ¿Qué, si no una tragedia, es la fantasía oscura de “La Sirenita”? Un ser del fondo marino sale a tierra, se enamora de una criatura humana y, por más que sacrifique su larga existencia a cambio de alcanzarla, fracasa en su anhelo, solo porque la vida es así, y se queda sin amado y sin larga vida. O “La niña de los fósforos”: una niña miserable en medio del frío y la nieve. Intenta ganarse la vida y termina ganándose la muerte. Y un largo etcétera que deja viudas, huérfanos y solitarios a su paso. Pero, eso sí, contado con la maestría del genio que halla cuento en todo: en una mesa, un cuello postizo, una lápida, un cuello de botella, un trozo de hielo... y permite que lo narre el viento, una estrella, una campana o un escritor.


De los suyos, “La sombra” es mi relato favorito —entre otros favoritos—. Un hombre pierde su sombra en un viaje. Después se reencuentra con ella, pero la situación no es la misma: ya no es ella quien lo sigue dócilmente; es él quien va detrás.