(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 3 al 9 de
agosto de 2026)
Suenan timbres y alarmas para no dejar pasar el 2026 sin celebrar
el centenario de una obra esencial en las letras nacionales: Suenan timbres,
de Luis Vidales. Esencial, porque el primer libro del escritor de Calarcá aportó
en la construcción de la vanguardia literaria. Rompió los esquemas gastados.
Dijo adiós al conformismo y la tradición, y abrió las puertas de la modernidad
colombiana.
Vidales exhibió, como los demás de su grupo, el de Los Nuevos —De Greiff, Tejada y otros—, un espíritu inconforme y rebelde, y expresó el hastío frente a la vida y la sociedad.
“Señor.
Estamos cansados de tus días
y tus noches.
Tu luz es demasiado barata
y se va con lamentable frecuencia…”.
Pero no solo por esta, “La oración de los bostezadores”, la
más conocida de sus creaciones, que lo manifiesta de manera directa, sino por
la carga expresiva de su poesía, en versos y prosas. Fue atacado en las
calles por sus ideas poéticas diferentes. Y, más tarde, perseguido y encerrado
por sus ideas diferentes en materia política, porque en Colombia la diferencia
cuesta caro.
Este es un trozo de “La rebelión”:
“Pero yo no soñaba. En la atmósfera flotaba algo inusitado, sutil como el sereno o el hidrógeno. A mi lado pasaban gentes. Y grupos de sombras igual a gentes vistas en un espejo turbio.
Me interné por la calle en penumbra. Mi sombra marchaba resbalándose por el muro, de pie, tan alta como yo. Era la confabulación de la hora. De improviso se detuvo, o para ser más verídico, me detuvo. Una tribu de minutos atravesó la noche con los punteros al hombro…”





