viernes, 2 de octubre de 2026

Del libro al canto

(Columna publicada en la revista La Vitrola de Envigado Señorial # 39, agosto de 2026)

 


Las artes tienen vasos comunicantes que permiten a unas alimentarse de otras. Numerosas canciones se originan en relatos literarios.

 


En El Satiricón, Petronio cuenta que iba por el camino de las tumbas, acompañado por un soldado “más valiente que Plutón”. Súbitamente, este se detuvo a conjurar los astros. Se desnudó, orinó en torno a la ropa y se convirtió en lobo. Aulló y corrió al bosque. Nuestro narrador quiso recoger las prendas, pero se habían transformado en piedra. Al volver a casa, halló a su mujer lamentando que un lobo había acabado con las ovejas. “Logró escapar —dijo ella—, pero un esclavo le atravesó el pescuezo con una lanza”. Al día siguiente, el relator pasó por las tumbas y en lugar de ropa vio una mancha de sangre; en la taberna, el soldado yacía herido. “Sangraba como un buey; el médico estaba curándole el cuello”.




¿Quién no conoce un hombre lobo? Humanos metamorfoseados en bestias por un hechizo o una mordedura de uno de estos animales u otro hombre lobo bajo el plenilunio de octubre. En la literatura aparece por todas partes. Es célebre El hombre lobo de París, de Guy Endore. Un licántropo deambula por la ciudad durante la tercera república y la guerra franco–prusiana. Pero no es a esta obra que quiero aludir, sino al libro de cuentos El lobo-hombre de Boris Vian, de 1947. Presenta a Dennis, lobo negro de ojos rojos, perteneciente al linaje de los lobos civilizados. Acudía a la urbe a ver los coches y a los enamorados desenredarse de las cintas que complican la lencería. Una vez lo mordió el Mago de Siam, un hombre lobo. Desde entonces se convertía en humano. Tras la angustia inicial, decidió sacarle provecho a la situación. Se deleitaría sin atemorizar a nadie. La primera noche de aventuras compró bicicleta, se hospedó en un hotel, visitó un restaurante, tuvo romance, se metió en una riña y huyó. Leamos sobre la huida:

 

“Desde la primera campanada, Dennis notó que la cosa no marchaba. Cada vez le costaba más trabajo llegar a los pedales; sus piernas parecían irse acortando paulatinamente. A la luz del claro de luna seguía sin embargo escalando, montado sobre su rayo mecánico, por entre la gravilla del camino de tierra. Pero en cierto momento se fijó en su sombra: hocico alargado, orejas erguidas. Y al instante dio de morros en el suelo, pues un lobo en bicicleta carece de estabilidad (…)”.

 

Este relato da origen a la canción “Lobo-hombre en París”, de la banda española La Unión, del decenio de 1980. Luis Bolín y Rafa Sánchez recrearon la historia.

 

“La luna llena sobre París

ha transformado en hombre a Dennis.

Rueda por los bares del bulevar.

Se ha alojado en un sucio hostal.

Jaja, mientras está cenando,

junto a él se ha sentado

una joven

con la que irá a contemplar

la luna llena sobre París (…)”.



Cof, cof, ¡maldito cof!

Basta habitar el mundo para saber que La dama de las camelias, de Alejandro Dumas (hijo), cuenta un amor difícil —¿cuál no lo es?— entre Armando Duval y Margarita Gauthier, en el París decimonónico. Margarita mantenía varios amantes, un palco en la ópera y un ramo de camelias. Además de las murmuraciones, la tuberculosis de ella complicó la relación. Duval recuerda el momento cuando al fin lo admitió:

 

“Quizá le parezca raro que me haya mostrado tan dispuesta a aceptarlo así, en seguida. ¿Sabe a qué se debe? Se debe —continuó, tomándome una mano y colocándola contra su corazón, cuyas palpitaciones violentas y repetidas yo sentía—, se debe a que, ante la perspectiva de vivir menos que los demás, me he propuesto vivir más deprisa”.


Un siglo después, de tal obra surgió el tango “Margarita Gauthier”, con letra de Jorge Julio Nelson y música de Joaquín Mora. Canta el desconsuelo de Duval tras la muerte de Margarita. Roberto Goyeneche y Raúl Berón tienen una versión conocida.

 

“Hoy te evoco emocionada mi divina Margarita.

Hoy te añado en mis recuerdos con mi dulce inspiración.

Soy tu Armando el que te clama mi sedosa muñequita.

El que llora, el que reza, embargado de emoción.

El idilio que se ha roto me ha robado paz y calma

y la muerte ha profanado la virtud de nuestro amor.

¿Para qué quiero la vida si mi alma destrozada

sufre una angustia suprema, vive este cruento dolor?”

 


Corazón de fantasía

Pasando del llanto a la risa, pensemos en el protagonista de Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi. Una marioneta salida de las manos de un carpintero, cuyo deseo es que cobre vida. El Hada Azul concede tal anhelo, a cambio de que la criatura sea generosa, obediente y sincera. Condiciones complicadas para cualquiera.


"Apenas entrando en su casa, Goro fue a buscar sin perder un instante los útiles de trabajo, poniéndose a tallar y fabricar su muñeco.


¿Qué nombre le pondré? —preguntóse a sí mismo—. Le llamaré Pinocho. Este nombre le traerá fortuna. He conocido una familia de Pinochos. Pinocho el padre, Pinocha la madre y Pinocho los chiquillos, y todos lo pasaban muy bien. El más rico de todos ellos pedía limosna."


Con tan simpática idea, los argentinos Rafael Farías Cabanillas y Julio Camilloni crearon la canción “Pinocho”. Son populares las interpretaciones de Armando Moreno —pasodoble—, Luis Aguilé —balada— y Fajardo y sus Estrellas —guaracha—:

 

“Hasta el viejo hospital de los muñecos

llego el pobre Pinocho mal herido.

Un cruel espantapájaros bandido

lo sorprendió durmiendo y lo ataco.

Llego con su nariz hecha pedazos,

una pierna en tres partes astillada,

una lesión interna y delicada

que el médico de guardia no advirtió”

 

(… saltemos al desenlace:)

 

“Entonces llego el hada protectora

y viendo que Pinocho se moría

le puso un corazón de fantasía

y Pinocho sonriendo despertó”.

 

Macondo

Un sinnúmero de álbumes y canciones tiene origen en obras de Gabriel García Márquez. Recordemos solo algunas. “Canción para una muerte anunciada”, de Lisandro Meza, apareció en 1981 como el libro Crónica de una muerte anunciada. Bayardo San Román descubrió que su esposa, Ángela Vicario, no llegó virgen al matrimonio y la devolvió a la familia. Los hermanos Vicario juraron vengarse de quien la deshonró: Santiago Nasar. El canto revela la marca de los cuchillos usados en el crimen: “Col y Tres Canales”, conocidos como “mataburros”, encargados en Magangué.





“Despedida” y “Hay amores” son temas de Shakira basados en El amor en los tiempos del cólera, novela alusiva al amor entre Florentino Ariza y Fermina Daza, que sobrevivió a una espera de años. La segunda canción, un bolero, reflexiona:


“Hay amores que se vuelven resistentes a los años, como el vino que mejora con los años. Así crece lo que siento yo por ti”.


“Macondo” es una cumbia de Óscar Chávez, cuya versión más conocida es la de Rodolfo Aicardi; “Agua de Luna”, un álbum de Rubén Blades con temas basados en Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, Ojos de perro azul y otros cuentos; Sudamérica Suda,  un compendio de canciones de la banda Sexual Democracia…

 

Más tramas

No pongamos punto final sin mencionar canciones como “Ramble on”, de Led Zappelin, basada en Las dos torres, de Tolkien; Leviathan, un álbum de Mastodon, en el drama de Moby-Dick, de Melville; “Corazón delator”, de Soda Stereo, en el cuento de Poe; “Las batallas”, de Café Takvba, en Las batallas del desierto, de José Emilio Pacheco, y “Rosario Tijeras”, de Juanes, para la película derivada de la novela de Jorge Franco.

 

Vámonos cantando la canción de esta bandida:

 

“Y en sus ojos siempre el dolor existió.

Todo fue porque en su niñez

un malpa la violó y ella se vengó.

Era Rosario Tijeras, la de pistola,

espejito y labial en su cartera. Siempre llena de vicio, sexo, balas,

placer y dolor.

 Las de las mil y una vidas, bam, bam, bam!”

miércoles, 30 de septiembre de 2026

La edad fantástica

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN del 28 de septiembre al 4 de octubre de 2026)

 

 


Cuando me pierdo de vista, no les extrañe si les dicen que estoy de viaje en el
Medioevo para llenarme de ese imaginario de magia, superstición, caballería, amor cortesano, juglaría, torneos… Ese tiempo transcurrido entre los siglos V y XV se antoja una ficción colectiva en la que brillan las espadas, abundan los caballeros y son comunes los castillos. La literatura es maravillosa, con cantares de gesta y novelas de caballería. Aparecen las Cruzadas, indeseables e irracionales, como todas las guerras, pero cuando son bien contadas, uno se queda para enterarse en detalle.


La Divina Comedia, de Dante Alighieri, respira teocentrismo y resume el ideario cristiano de Cielo, Purgatorio e Infierno que aún pervive. La magia es una relación íntima con la Naturaleza. Mencionemos al más emblemático de los hechiceros, el mago Merlín, de quien habla Geoffrey de Monmouth, y lo vincula con el rey Arturo.


Otros, al igual que yo, tienen fascinación por la Edad Media. George R.R. Martin, el de la Canción de hielo y fuego; J.R.R. Tolkien, el de El señor de los anillos; C.S Lewis, el de Las Crónicas de Narnia; J. K. Rowling, la de Harry Potter; Umberto Eco, el de El nombre de la rosa; Hermann Hesse, el de Leyendas medievales. En una de estas, dos jugadores blasfemaban contra la Virgen, hasta que «sintióse una voz desde arriba: “Que yo sea calumniado aun puedo consentirlo, pero que lo sea mi madre no lo puedo tolerar”. Pronto, un visible rayo horadó al hombre allí mismo, dejándole una herida visible; entre espumarajos el jugador entregó su alma a Dios».

 


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Gonzalo Arango

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 21 al 27 de septiembre de 2026)

 


El 25 de septiembre se recuerda la muerte de Gonzalo Arango ocurrida en Gachanchipá, en 1976. Este suceso nos lleva a pensar en su vida intensa, escandalosa y creativa. El autor nacido en Andes, en 1931, sigue vigente en las letras y el ideario nacional, por la rebeldía y la profundidad de su pensamiento, expresado en poesía, drama, relato y reportaje. Por su estilo desenfadado que dio prioridad a las reflexiones acerca de la pequeñez humana, el amor, la soledad, el cansancio de seguirle el paso a una sociedad que corre desbocada hacia ninguna parte.


Sus reportajes, al tiempo que muestran a las personas, analizan y se ríen de las situaciones. Sus poemas están hechos de versos como dardos encendidos que quieren quemar el mundo.


“La paz no es una bota militar oprimiendo el

espíritu desarmado, aplastando como una lápida

funeraria la vida y la libertad de los hombres”.


Si algo muestra la vigencia del andino es el Manifiesto Nadaísta al Homo Sapiens. Parece hablarles a la humanidad y los dirigentes de hoy, encarnados en el Homo Sapiens, un ser que se dice pensante, pero al que, por satisfacer su apetito de poder y riqueza, no le importa dejar a su paso destrucción y muerte. Esto, dice, no produce otra cosa que vergüenza a quienes no comparten este modelo de barbarie.


“Mire en torno de su adorado universo y no verá más que cadáveres sacrificados por la Justicia, el Amor, la Libertad, la Paz, y las demás porquerías de la Razón humana”. Y añade: “Les advertimos que, si ustedes no cambian, nosotros nos vamos a desafiliar de la Raza Humana (…)”.


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Los amigos

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 14 al 20 de septiembre de 2026)

 


Flush era el perro de la poeta inglesa Elizabeth Barrett Browning. Su compañero en el encierro que, por años, vivió en una habitación oscura, a causa de una enfermedad pulmonar. Virginia Woolf escribió la biografía de esta escritora en la novela Flush. La contó desde el punto de vista de ese amigo inseparable. No hubiera podido hallar a alguien que la conociera tanto ni la amara más que ese perro que la vio escribir:


“Si has de amarme que sea solamente

por amor de mi amor. No digas nunca

que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo

de hablar o por un rasgo de carácter”,


versos que ella repitió ante él con su voz enferma.


Primero estuvieron solos; más tarde, ella se enamoró de Robert Browning, también poeta, y Flush tuvo que aceptarlo; luego, Flush fue víctima de un secuestro, lo que sirvió para confirmar la lealtad de Elizabeth, quien lo buscó por barrios de Londres hasta dar con él, y pagó rescate por su liberación; se mudaron a vivir a Italia, y, después, regresaron a Londres para pasar un tiempo apacible. “Flush la amaba. Había renunciado al aire y al sol por ella. «Acaso no merece ser amado?»”.


Amigos multiespecie ocupan numerosas páginas de la literatura. ¿Cómo olvidar a Platero y yo, la novela poética de Juan Ramón Jiménez sobre su relación con un asno? En El Principito, de Antoine de Saint Exupery, el protagonista tiene amistad con una rosa, primero, y con un zorro, después. En Colmillo Blanco, de Jack London, un perro sufre la crueldad de los humanos, hasta que halla a Weedon, un hombre bondadoso con el que seguiría su camino.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Septiembre

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 7 al 13 de septiembre de 2026)



Parece absurdo: septiembre es el noveno mes del año, pero su nombre alude a séptimo. Todo porque en el calendario romano, este mes era el número siete. Y aunque esto cambió hace cuatro siglos y medio, cuando entró en vigor el calendario gregoriano, lo dejaron así y nos acostumbramos a esta curiosidad.


Porfirio Barba Jacob, un ser a ratos absurdo y contradictorio, dejó un poema para este mes: Elegía de septiembre. Absurdo, Barba Jacob establece en el título la palabra elegía, a pesar de que esta se refiera a un subgénero lírico que define un poema de lamentación, en el cual, quien escribe, se queja por la muerte de un ser amado o la pérdida de cualquier cosa: la vida, la ilusión, el tiempo, el amor, la amistad o algún otro sentimiento… y en esta composición, él no se lamenta por un deceso ni por la falta de algo; por el contrario, confiesa que, a pesar “de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada”, hasta ese presente de su existencia, ha tenido la osadía de haber expuesto su humanidad a la aventura, la alegría y la tristeza.


Así termina este canto:


“Y vosotros, rosal florecido,

lebreles sin amo, luceros, crepúsculos,

escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido!

He vivido con alma, con sangre, con nervios, con músculos,

y voy al olvido...”


Si acaso, tal vez esta, el olvido, sea la pérdida a la que alude el título. Pero no importa saberlo. Al fin, lo valioso en el arte —y, dentro de este, la poesía y la literatura— no es tanto la certidumbre sino la ambigüedad. Septiembre tiene su elegía, una elegía singular que no lamenta pérdidas…


miércoles, 2 de septiembre de 2026

A medio camino

Columna Río de Letras diario ADN, semana del 31 de agosto al 6 de septiembre

 


 

 

¿Qué tienen de raro las novelas inconclusas? Nada. ¡Ha habido tantas! Por lo general, quedan así por un asunto inevitable: la muerte del creador. Otras veces, porque este queda devastado por un evento o, simplemente, ¡porque no desea terminarla y punto!



Perceval o el cuento del Santo Grial, que el inmenso Chrétien de Troyes dejó inacabada en el siglo XII, cuenta la historia de Perceval, caballero de la corte del rey Arturo. Su niñez campesina, sus hazañas (como esa en la que venció al Caballero Rojo), su amor por Blancaflor y lo crucial: su visita al castillo del Rey Pescador, donde vio el Grial, la lanza que sangra y un plato, reliquias de Jesucristo tan buscadas. Guardó silencio, no preguntó por ellas, lo que trajo consecuencias negativas para el Rey Pescador y el propio Perceval.


Plegarias atendidas, que Truman Capote abandonó en el siglo XX, revela intimidades e ideas personales de amigos suyos, como Jerry Salinger, Andi Warhol, Greta Garbo, Simone de Beauvoire, Samuel Beckett y Tennessee Williams. Cambió los nombres, sí, pero resultaron reconocibles a los lectores de los capítulos que salieron en Squire. Los afectados no le perdonaron nunca y lo excluyeron. El libro salió de manera póstuma, en 1986.


En el siglo XIX, Poe publicaba por entregas El diario de Julius Rodman en una revista de la que era editor, pero como lo despidieron decidió no continuarla.


También quedaron sin terminar El proceso y El castillo, de Kafka; El primer hombre, de Camus; Billy Budd, de Melville; El hombre sin atributos, de Musil, y un larguísimo etcétera.


miércoles, 26 de agosto de 2026

Perros

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 24 al 30 de agosto de 2026)

 


Vamos a hablar de lealtad y nobleza: vamos a hablar de perros. ¿Por qué? ¿Acaso se requiere un motivo para hablar de amigos, celebrar que existen? Pero si me fuerzan un poco, les digo: el 26 de agosto es su Día Internacional. Rindámosles homenaje por medio de algunos símbolos de su bondad.


El primero que se sacude es Argos, el perro de Ulises en la Odisea. Esperó al héroe durante 20 años, que fuera a Troya, combatiera y, de vuelta, enfrentara pruebas y engaños de dioses y seres maravillosos. Al llegar, Ulises halló la casa hecha un caos. Decenas de hombres competían por casarse con su esposa, que creían viuda. Entró disfrazado de mendigo para enterarse de todo. El único que lo reconoció fue el viejo Argos, enfermo y descuidado. Yacía sobre un cerro de estiércol, mientras el mendigo hablaba con Eumeo, el porquero. “Con todo, bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto, coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo. Este al verlo, desvió su mirada, enjugóse una lágrima…”.


Los hay filósofos. Orfeo, el de Niebla de Unamuno, lamentó que su amo no entendiera el sentido de la vida. Y sus paisanos Cipión y Berganza, los de El Coloquio de los perros de Cervantes, criticaron a los humanos por viciosos y corruptos.


Y recordemos al bueno de Mayo, el de Efraín, héroe triste de María de Isaacs. Lo añoraba en las ausencias cuando se iba a París, y disfrutaba su estancia paseando a su lado por campos del Valle. Sus aullidos expresaban pesares y presagiaron que la débil María se acercaba a la muerte. 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Temblor

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 17 al 22 de agosto de 2026)

 

 


Ante la fuerza de la Naturaleza, los humanos somos pavesas, juguetes del viento. Esta verdad sabida de sobra la recordamos en momentos aciagos como el del sismo del 10 de agosto. Por eso, hasta en conversaciones de café se oye decir que la vanagloria y la arrogancia, no solo no tienen sentido, sino que resultan ridículas.


Las desgracias sumen a los seres en la soledad, la escasez y la tristeza. Pero también enseñan. Por eso, libros alusivos a desastres resultan sugeribles a esta hora. Mientras escribo, llegan a mi mente varios títulos: Después del terremoto, de Murakami, historias unidas por el temblor de Kobe, de 1995; El terremoto de San Salvador: narración de un superviviente, de Barba Jacob, sobre el sismo centroamericano de 1917, y Nada, nadie. Las voces del temblor, de Elena Poniatowsca, sobre el sacudón que casi acaba con México D.C. en 1985.


El primero muestra cómo un sismo quiebra el alma de las personas y estas deben adelantar una reconstrucción interna. El segundo registra el caos, los destrozos y la desesperación. Y el tercero, una crónica coral, o sea, en la que intervienen varias voces, no solo narra el desastre, sino, especialmente, lo que vino luego: la incapacidad del gobierno y las instituciones para atender a la gente, y el surgimiento de la solidaridad y el heroísmo de los ciudadanos que se organizaron para socorrerse. Ellos mismos escarbaron las ruinas para hallar a los desaparecidos y lideraron la reconstrucción. De ahí surgió un movimiento de la sociedad civil que consiguió transformaciones en el país azteca.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Amado

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 10 al 16 de agosto de 2026)

 



Jorge Amado, el autor brasileño que emprendió el viaje al corazón del misterio el 6 de agosto de 2001, hace 25 años, dejó una obra en la que se amalgaman la fiesta y la sensualidad, el compromiso contra la injusticia social y la descripción del alma de su pueblo, con una genialidad y una gracia que pocas veces se encuentran.


En obras como Cacao se plasma la vida difícil de una sociedad marginada, trabajadores explotados por terratenientes. En Sudor desfilan mendigos, obreros y prostitutas expuestos a la explotación unos, a la segregación social otros, y a la miseria todos ellos. En Capitanes de la arena, niños callejeros deambulan por la ciudad entre dolor y violencia, pero, claro, se tornan invisibles en una urbe en la que la tragedia se toma como algo normal.


Doña flor y sus dos maridos, y Gabriela, clavo y canela son sus novelas más conocidas y celebradas. El cine, el teatro y la televisión las han representado. Ambas ponen en el centro unos amores tórridos para mostrar, en la primera, el espíritu del Brasil carnavalero; en la segunda, las tensiones sociales del abuso laboral.


Estas son líneas de Doña Flor…: “¿Quién, esa noche de domingo de carnaval, no había planeado ir a un corso o a divertirse en alguna fiesta? ¿Quién no tenía algún programa esa madrugada? Pues bien, a pesar de eso, el velatorio de Vadinho fue un «éxito», como aseveró y proclamó con orgullo doña Norma”.


En fin, la capacidad de expresar la forma de ser y de sentir de su pueblo, así como la de denunciar las desigualdades han sido el motivo de que Jorge sea amado.

jueves, 6 de agosto de 2026

Suenan timbres

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 3 al 9 de agosto de 2026)

 




Suenan timbres y alarmas para no dejar pasar el 2026 sin celebrar el centenario de una obra esencial en las letras nacionales: Suenan timbres, de Luis Vidales. Esencial, porque el primer libro del escritor de Calarcá aportó en la construcción de la vanguardia literaria. Rompió los esquemas gastados. Dijo adiós al conformismo y la tradición, y abrió las puertas de la modernidad colombiana.


Vidales exhibió, como los demás de su grupo, el de Los Nuevos —De Greiff, Tejada y otros—, un espíritu inconforme y rebelde, y expresó el hastío frente a la vida y la sociedad.


“Señor.

Estamos cansados de tus días

y tus noches.

Tu luz es demasiado barata

y se va con lamentable frecuencia…”.


Pero no solo por esta, “La oración de los bostezadores”, la más conocida de sus creaciones, que lo manifiesta de manera directa, sino por la carga expresiva de su poesía, en versos y prosas. Fue atacado en las calles por sus ideas poéticas diferentes. Y, más tarde, perseguido y encerrado por sus ideas diferentes en materia política, porque en Colombia la diferencia cuesta caro.


Este es un trozo de “La rebelión”:


“Pero yo no soñaba. En la atmósfera flotaba algo inusitado, sutil como el sereno o el hidrógeno. A mi lado pasaban gentes. Y grupos de sombras igual a gentes vistas en un espejo turbio.

Me interné por la calle en penumbra. Mi sombra marchaba resbalándose por el muro, de pie, tan alta como yo. Era la confabulación de la hora. De improviso se detuvo, o para ser más verídico, me detuvo. Una tribu de minutos atravesó la noche con los punteros al hombro…”

jueves, 30 de julio de 2026

Beber cerveza

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 27 de julio al 2 de agosto de 2026)

 


El Sol siempre ha estado ahí arriba calentando la vida. Como a veces se le va la mano, los humanos han corrido a buscar alivios. Entre estos, la cerveza surgió hace ocho mil años en Egipto y Mesopotamia. Por su eficacia al mitigar la sed sigue vigente y tiene su día: el primer viernes de agosto.


La cerveza está en la literatura desde antiguo. No tanto como el vino que la tiene anegada, pero también ha empapado miles de obras. Teofrasto, el griego de los siglos IV y III a.C., la definió en su libro Sobre las causas de las plantas como "vino de cebada", común en Egipto, donde la tomaban como agua.


Jane Austen, en Emma, y Charles Dickens, en La tienda de Antigüedades dicen que sus personajes la beben. James Joyce la veneró en el Ulises: “Terence O’Ryan le oyó y al punto le trajo un cristalino cáliz rebosante de la espumosa cerveza de color ébano que los nobles mellizos Bungiveagh y Bungardilaun destilan eternamente en sus divinas barricas, astutos cual los hijos de la imperecedera Leda”. Robert Louis Stevenson tiene un poema a la “Cerveza Heather Ale”, hecha con flores de brezo, a las que desplazarían las de lúpulo. Narra el genocidio de los enanos pictos, dueños de la receta, a manos de un rey.


Como esta columna no es jarra sin fondo, va el último sorbo. En el poema “Cerveza”, Charles Bukowski la hace refugio en su pena de amor. Así termina:


“Cerveza

ríos y mares de cerveza

cerveza, cerveza, cerveza.

La radio pasa canciones de amor

mientras el teléfono permanece en silencio

y las paredes se ciernen

y cerveza es todo lo que hay”.