jueves, 23 de abril de 2026

La lengua del Quijote

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 20 al 26 de abril de 2026)

 

 



Así, pues, cada año trae su abril y cada abril, su 23. Y cada 23 de abril, las figuras de don Quijote y Sancho Panza. Este le hace honor a su apellido; aquel, larguirucho y escuálido, a su creador, Miguel de Cervantes.


El Día del Idioma viene siempre con esos protagonistas para festejar el natalicio de Cervantes, sucedido en 1547. Que resurjan, centrales, una y otra vez, no es por falta de ingenio de quienes festejan. Con sus obras, el autor flexibilizó la lengua para el arte y la cotidianidad, y revolucionó la literatura con temas, tratamientos y visiones.


El Quijote ayudó a fundar la novela en Español. Aparte de contar la historia de dos aventureros, incluyó otras novelas: “El curioso impertinente”, “La historia del cautivo”, “Marcela y Grisóstomo”, “Cardenio y Luscinda” y “Leandra y Eugenio”. Y jugó con el narrador: se presentó como un investigador que halla el manuscrito de un tal Cide Hamete Benengeli, historiador árabe. 


El licenciado Vidriera”, una de las Novelas ejemplares, es la historia de Tomás Rodaja, sujeto que cree estar hecho de vidrio. Evita los contactos personales para no quebrarse. Esta obra sintetiza la dualidad cervantina entre realidad y fantasía.


“Cuando andaba por las calles iba por la mitad dellas, mirando a los tejados, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase. Los veranos dormía en el campo al cielo abierto, y los inviernos se metía en algún mesón, y en el pajar se enterraba hasta la garganta, diciendo que aquélla era la más propia y más segura cama que podían tener los hombres de vidrio.

jueves, 16 de abril de 2026

Cantar a la Luna

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 13 al 19 de abril de 2026)

 

 



La Luna es un símbolo polivalente. Quienes andan de noche sienten compañía bajo la Luna llena. Los enamorados hallan en ella una celestina. También alude a soledad y locura.


Borges dijo:


Hay tanta soledad en ese oro.

La luna de las noches no es la luna

que vio el primer Adán. Los largos siglos

de la vigilia humana la han colmado

de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.


De ella han hablado —casi siempre bien— en todos los tiempos. Cyrano de Bergerac, en Viaje a la Luna, describió una tecnología disparatada y reveló seres exóticos, al tiempo que criticó la religión, la sociedad y la ciencia. Julio Verne contó, en De la Tierra a la Luna, la visita al satélite con detalles asombrosos. H.G. Wells, menos optimista que el anterior, en Los primeros hombres en la Luna, narró la aventura de un empresario y un científico que hallaron allí una civilización subterránea, imperialista, esclavista. Así, criticó nuestras sociedades y reflexionó sobre el choque cultural.


Ríos de letras han corrido para cantarle. ¿Dije cantarle? Qué decir del bolero Los aretes de la Luna, de José Dolores Quiñones. Poema sin par, lleno de romance y fantasía:


Los aretes que le faltan a la luna

los tengo guardados para hacerte un collar.

Los hallé una mañana en la bruma

cuando caminaba junto al inmenso mar”.


Lo sé. Una nave estuvo merodeando la Luna, la real. No soy (tan) ingenuo: en ello hay intereses económicos y políticos. La carrera espacial de los que desean dominar la Tierra y el cosmos. Pero, sin duda, la Luna nos hace pensar en amores, historias y versos.

jueves, 9 de abril de 2026

Hablar de Beckett

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 6 al 12 de abril de 2026)

 

 

Samuel Beckett logró probar que la vida no es más que una tragicomedia. Representante del absurdo, mostró un mundo sin sentido y sin Dios, en el que los seres no pueden tener control de sus vidas y son más bien juguetes del azar.


El 13 de abril festejamos que este sujeto haya nacido en Dublín hace 120 años para sacudir el mundo de las ideas y las letras. Y no celebramos porque él nos ponga las cosas suaves y cómodas a los lectores; sino por lo contrario: porque nos exige atención para seguir el hilo de sus pensamientos, sus textos no convencionales ni planos. En teatro presenta situaciones ilógicas. Por ejemplo, en Esperando a Godot, obra en la que hace evidente el tedio y la falta de sentido de la existencia, dos vagabundos esperan a un tal Godot que nunca llega y que el lector jamás conoce. Algunos creen que Godot representa a Dios. Y en narrativa —El innombrable, Molloi, A lo lejos un pájaro— contiene escenas y oraciones fragmentadas.


Si mudarse de país resulta traumático para unos, qué decir sobre mudarse de lengua. Eso hizo él. Dejó Dublín, se fue a París y allí escribió, en Francés, varias de sus obras más celebradas.


En El calmante se lee:


“Yo ya no sé cuándo he muerto. Siempre me ha parecido haber muerto viejo, hacia los ochenta años, y qué años, y que mi cuerpo daba fe de ello, de la cabeza a los pies. Pero esta noche, solo en mi cama helada, siento que voy a ser más viejo que el día, la noche, en que el cielo con todas sus luces cayó sobre mí, el mismo cielo que tanto había mirado, desde que erraba sobre la tierra lejana”.


jueves, 2 de abril de 2026

El Flaco sin igual

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 30 de marzo al 5 de abril de 2026)


 


Acomodador de cine, vendedor de autos y electrodomésticos, secretario del Centro Artístico de Barranquilla, administrador y publicista de Cervecería Águila… el Flaco Álvaro Cepeda Samudio hizo mil cosas, además de ensartar ideas y palabras.


Este barranquillero —cumpliría 100 años el 30 de marzo— agitó las letras con piezas experimentales. Los cuentos de Juana muestran un personaje raro: se distrae fabricando muñecas sin ojos o disparándoles dardos a los futbolistas del frente de su casa, con una cerbatana. La casa grande narra la masacre de las bananeras, cometida por el Gobierno contra huelguistas de una multinacional en 1928.


Integrante del Grupo de Barranquilla, fue columnista, reportero, cronista, editor y director de periódicos. El “Reportaje a Garrincha”, el futbolista brasilero que jugó en Junior, es una obra iluminada. Publicado en El Diario del Caribe y El Tiempo, dice:


“El rostro abotagado de Manoel Dos Santos, taciturno, sin expresión, como la de un boxeador que ha perdido muchos combates, se ilumina de pronto en una sonrisa abierta, y los ojos hasta ahora pequeños, y también sin expresión, por primera vez comienzan a aparecer inteligentes, vivos, iluminados como la sonrisa. El hombre bueno y descomplicado que es realmente esta leyenda del fútbol mundial que se llama “Garrincha”, aparece como el cubilete de un prestidigitador al conjuro de un nombre: Elsa Soares”.


Cepeda murió en Nueva York, en 1972. Su genialidad floreció hasta en frases publicitarias. “Águila, sin igual y siempre igual” es una perla que no pierde brillo.

jueves, 26 de marzo de 2026

Virginia y Orlando

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 23 al 29 de marzo de 2026)


 


Hubo en Inglaterra un ser humano que
vivió sin envejecer unos 400 años, entre los siglos XVI y XX. Sirvió en la corte como paje, se desempeñó como embajador en Constantinopla, se enroló con gitanos y se casó con un marinero. Fue poeta apasionado, mujeriego incorregible, viajero incansable y dueño de una libertad que no disminuyó jamás. Cuestionó las normas de comportamiento de su género. Además de la longevidad, otro asunto lo hizo especial: tras un largo sueño, despertó transformado en mujer. Su nombre: Orlando. Su biógrafa: Virginia Woolf.


Esta novela fantástica es la obra más ambiciosa, bien lograda y experimental de esta autora británica de cuya muerte se conmemoran 85 años el 28 de marzo. Sé que resulta arriesgado afirmar que esta sea la más ambiciosa, considerando que todas sus creaciones —La señora Dalloway, Las olas, Al faro, Noche y día; en fin, todas— se caracterizan por romper esquemas de formas y pensamientos. Exploró técnicas narrativas como el flujo de conciencia, usó imágenes de poesía y dio prioridad a las reflexiones y observaciones sobre las acciones. Conocida por su mente abierta o, más bien, carente de puertas, y por sus ideas feministas, Virgilia Woolf fue, sin duda, una revolucionaria de las letras.


Leamos algunas líneas:


“Orlando se había transformado en una mujer —inútil negarlo. Pero, en todo lo demás, Orlando era el mismo. El cambio de sexo modificaba su porvenir, no su identidad. Su cara, como lo pueden demostrar sus retratos, era la misma. Su memoria podía remontar sin obstáculos el curso de su vida pasada”.

jueves, 19 de marzo de 2026

Versos que son refranes

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 16 al 22 de marzo de 2026)

 

Suele pensarse que la poesía es cosa inusual y de unos cuantos. Pero no, es cotidiana y para todos. El 21 de marzo, Día de la Poesía, recuerda que su esencia debe acompañarnos a diario. Cotidianos son los versos que huyen de los poemas para hacer parte del habla. Cada vez que los usamos, es como si se oyeran por primera vez. Así, sueltos, llevan vida de dichos, proverbios o refranes.


“Ser o no ser, he ahí el dilema”. Al citarla, nadie tiene que saber que esta frase surgió por los años 1600, de la pluma de un tal Shakespeare, ni que la puso en boca de un príncipe. Sucede igual con otra de ese autor: “¡Mi reino por un caballo!”: se le escapó a Ricardo III en su tragedia. No es preciso darle el crédito al español Antonio Machado siempre que se diga se hace camino al andar”, para significar que cada uno hace la vida con sus actos y decisiones. Ni a otro ibérico, Jorge Manrique, al repetir que “cualquier tiempo pasado fue mejor” y recordar la fugacidad de los placeres.


Un verso huyó hace más de 100 años de un poema del colombiano Julio Flórez: “Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!”. Acude al llamado de quien, inundado de pesimismo, expresa que las cosas suelen llegar a deshora. Si conminamos al verso a reunirse con otros del poema, suena así:


Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!

Nunca se satisface ni alcanza

la dulce posesión de una esperanza

cuando el deseo acósanos más fuerte.

Todo puede llegar: pero se advierte

que todo llega tarde: la bonanza,

después de la tragedia; la alabanza

cuando ya está la inspiración inerte”.

jueves, 12 de marzo de 2026

Distopía

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 9 al 15 de marzo de 2026)

 

 

Hoy somos los personajes de una novela que habla de una realidad indeseada. Líderes autoritarios someten y humillan a dirigentes y pueblos de forma arbitraria para saquear recursos de sus territorios e intervenir sistemas de gobierno. Un panorama de caos y destrucción. Todo, ante la inoperancia de organismos como las Naciones Unidas y la impotencia de los ciudadanos del mundo.


Esa realidad nos tiene leyendo sobre distopías para entender nuestra suerte actual y prepararnos para lo que quizá nos depare el porvenir. Siempre aludimos a 1984, de George Orwell, y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. La primera, sobre la represión e hipervigilancia de un gobierno totalitario a los ciudadanos. La segunda, de un mundo en el que los humanos son fabricados y diseñados para dirigir o trabajar. Estas obras, y otras como Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, o El talón de hierro, de Jack London, son las bases para otras de ficción especulativa que vendrían después.


Como El cuento de la criada, de la canadiense Margaret Atwood, y La guerra de las salamandras, del checo Karel Capek. Aquella habla de un Estados Unidos sometido a un régimen teocrático y neonazi, y una sociedad en la que las mujeres ocupan el escalón más bajo de las clases sociales, limitadas a tareas reproductivas. El último, acerca de un hallazgo que revoluciona la economía: el de las salamandras y su mano de obra barata y resistente. Ambos libros tratan de esclavitud, colonialismo, fascismo… Consecuencias que fácilmente pueden llegar después de que en el planeta reine la ley del más fuerte.

jueves, 5 de marzo de 2026

Elecciones

(Columna Rio de Letras publicada en el diario ADN, semana del 2 al 8 de marzo de 2026)

 

 

En cafés y esquinas de Colombia no se habla de algo distinto a las elecciones. Que por quién votar, lo que dice Fulana, lo que responde Perano. A todas estas, una buena elección es observar cómo la literatura se mete en política. Revisa ideologías, critica conductas sociales, presenta escenarios posibles. Me vienen a la mente dos obras bien distintas: Sumisión, de Michel Houellebecq, y Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago.


En la primera, el francés imagina que las elecciones de su país son ganadas por un movimiento musulmán. Llegan cambios culturales y de leyes —como las que garantizan igualdad entre mujeres y hombres—, y la intención de establecer un imperio islámico en Europa.


En la del portugués, este lanza una sátira en la que, en una ciudad sin nombre, los ciudadanos rompen la venda de sus ojos. En las elecciones municipales, el voto en blanco obtiene un triunfo arrollador. El gobierno entra en pánico, porque no hay nada más doloroso para los políticos que esta expresión de desprecio. Es una crítica a la democracia degenerada y a la clase dirigente corrupta. Además, tiene el encanto del estilo Saramago: puntuación atípica, humor inteligente y diálogos mezclados con la narración. Leamos un trozo:


“Hombre, ten calma, no hay ningún motivo de preocupación, mira estas calles, el sosiego de la ciudad, su tranquilidad, Eso es justamente lo que me inquieta, comisario, una ciudad como esta, sin autoridades, sin gobierno, sin vigilancia, sin policía, y a nadie parece importarle, aquí hay algo muy misterioso que no consigo entender”.

martes, 3 de marzo de 2026

Comprar Groenlandia

(Columna publicada en Papel Salmón del diario La Patria, de Manizales)


https://www.calameo.com/read/004765973a9fbf37239dd 




El presidente estadounidense Donald Trump expresó la intención de adquirir la isla más grande del mundo. Poseerla le daría ventajas económicas, militares y políticas al país norteamericano. Así, el tesoro cultural de sus habitantes, los inuit, está en riesgo de desaparecer.




El siguiente no es realismo mágico; es una muestra del animismo de los inuit de Groenlandia:


“Nosotros creemos que los árboles del bosque son seres vivientes a los que no falta más que la palabra. Por eso no nos gusta pasar la noche en medio de ellos. Los que por azar se han visto obligados a hacerlo refieren que, en la oscuridad, las ramas cuchichean y gimen en una lengua que ellos no han podido entender”.


Knud Rasmussen 

Esta bella idea y mil más se leen en De Groenlandia al Pacífico. Dos años de intimidad con tribus esquimales desconocidas. La odisea helada del antropólogo y escritor groenlandés Knud Rasmussen, nacido en 1879 y muerto en 1933, dueño de una existencia colmada de aventuras.


El citado libro contiene narraciones extraordinarias, cuya historia principal es el cruce del Paso del Noroeste, conectando el estrecho de Davis y el estrecho de Bering. Rasmussen es el primer expedicionario en lograr esta hazaña. Las peripecias comienzan en la puerta del frío, Groenlandia, situada entre los océanos Atlántico y Ártico, a bordo de embarcaciones que desafían un mar atestado de hielos flotantes, algunos inmensos como islas, sobre todo en verano cuando por ratos se hace impracticable. Siempre con rumbo al extremo norte del continente americano. El viajero visita regiones cercanas al polo, las más alejadas del ecuador terrestre habitadas por seres humanos. Allí, valiéndose de trineos tirados por perros, bordea la costa con rumbo a occidente, para salir al océano Pacífico. “Dadme invierno y dadme perros y podéis quedarte con el resto”, manifiesta este etnógrafo y explorador polar, quien estudió como ninguna otra persona las culturas inuit, es decir, esquimales.


Planes de Trump

El presidente de Estados Unidos revive el viejo anhelo de los dirigentes gringos de comprar Groenlandia. Hace unos meses, su hijo fue allí a mirar no más; el último fin de semana de marzo de 2025, altos funcionarios del gobierno del país norteamericano, entre ellos el vicepresidente J. D. Vance, visitaron la isla, en especial una base militar gringa, en un claro signo de acoso rechazado por el primer ministro de la isla J. Frederik Nielsen. Se ponen sobre la mesa historias que parecen ficciones y dan cuenta de que esos no son terrenos baldíos de los que cualquiera puede apropiarse con dinero. O como ellos, los estadounidenses, acostumbran hacer: mediante el uso de la fuerza, acorralan a los pueblos hasta que no tienen más alternativa que ceder a sus pretensiones.


Viejo anhelo, digo, porque desde el siglo antepasado, cuando le compraron Alaska a Rusia, lanzaron la propuesta de adquirir Groenlandia. Y posteriormente, después de cada Guerra Mundial y durante la Guerra Fría han renovado su intención de quedarse con la isla que hace parte del reino de Dinamarca. Por eso nada que abandonan su base militar.


Por supuesto, las motivaciones son económicas, políticas y militares. La ubicación geográfica les resulta estratégica. Está a medio camino entre Nueva York y Moscú. Relativamente cerca del Reino Unido y Europa. La riqueza mineral de su suelo es grande. Tiene petróleo, gas y metales de tierras raras, útiles en las industrias de aviación y militar. Consciente de que el Ártico se está descongelando por efecto del calentamiento global, la dirigencia estadounidense sabe que, en unos diez años, muchos tesoros que se mantienen protegidos por el hielo, podrán ser explotados fácilmente.


Es de anotar que las relaciones entre la isla y Dinamarca son tensas, Groenlandia quiere independencia y el país europeo suele quejarse de que le resulta muy costoso mantenerla. Así, los gringos pretenden pescar en río revuelto, como se dice coloquialmente.


Nuuk, la capital groenlandesa. 

Groenlandia está habitada por unas 60 mil personas pertenecientes a comunidades indígenas, predominantemente inui o esquimales, que basan su economía en la caza y la pesca.


En los últimos años intentan diversificar con propuestas turísticas.

 



Relatos

Desde el tercer milenio antes de nuestra era, los exploradores y navegantes visitan Groenlandia. Esta ha hecho parte de Islandia, Noruega y Dinamarca, en distintos momentos. Los griegos clásicos la mencionan con el nombre Thule, el lugar más remoto. En las sagas groenlandesa y la de Erik el Rojo, se cuenta que este vikingo noruego llegó allí en el siglo X, proscrito por asesinato múltiple. Decidió llamarla Groenlandia, que quiere decir Tierra Verde, aunque solo es verde en verano, cuando el territorio se descongela.


La hemos visitado en decenas de historias de exploradores. En Las aventuras del capitán Hatteras, de Julio Verne, él y sus navegantes arriman a la isla, última estación donde pueden aprovisionarse de víveres y perros, para su conquista del polo; en El secreto de Maston o Sin arriba y sin abajo, del mismo autor, se alude a una sociedad secreta estadonidense que, en subasta pública y ante las potencias mundiales, compra el Polo Norte para explotar sus minerales, en especial, la hulla.


Volviendo a Rasmussen, el etnólogo —que también fue actor y guionista de películas—, leamos un fragmento del origen del mundo, incluido en su libro Mitos y leyendas Inuit:

 

“Hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no existía la Tierra, cayó de lo alto; tierra, montañas y piedras, de arriba, del cielo; así apareció la Tierra.


Cuando apareció la Tierra, llegaron las personas. Cuentan que brotaron de ella. Unos niños muy pequeños surgieron de la tierra; salieron entre unos arbustos de sauce, cubiertos de follaje, y quedaron entre las ramas, pataleando con los ojos cerrados; ni gatear sabían. Su alimento lo sacaban de la tierra.


Cuentan también de un hombre y de una mujer; pero... ¿cómo? Es misterioso. ¿Cuándo estuvieron juntos? ¿Cuándo crecieron? No lo sé. El caso es que la mujer cosió ropa de niño y echó a andar. Encontró a los pequeños, los vistió y los llevó a su casa.


Así fue como hubo muchos seres humanos.


Cuando fueron numerosos, quisieron perros. Un hombre salió con una correa de perro en la mano y empezó a patear la tierra al grito de «¡Hoc! ¡Hoc, hoc!».


En ese instante, empezaron a salir perros de montículos de tierra corriendo a todo correr; y se sacudieron bien, porque estaban llenos de arena. Así fue como los hombres consiguieron perros.


Pero los hombres se multiplicaron; cada vez había más. No conocían la muerte hace mucho, mucho tiempo, y vivían muchos años; tantos que al final no podían andar, se quedaban ciegos y tenían que tumbarse.


Tampoco conocían el sol, vivían en la oscuridad; el día jamás clareaba. Solamente había luz dentro de las casas; quemaban el agua en lámparas. En aquellos tiempos el agua ardía.


Pero los hombres, que no sabían morir, empezaron a ser tantos que colmaron la tierra; entonces el mar lo arrasó todo. Muchos se ahogaron y su número se redujo. Podemos ver huellas de esta gran inundación en las cumbres más altas, donde no es raro hallar moluscos”.


No es necesario ser adivino para saber que en poco tiempo, con el afán expansionista de Trump, oiremos hablar más de los habitantes de la isla más grande de la Tierra.

jueves, 26 de febrero de 2026

Eco de erudición

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 23 de febrero al 1 de marzo de 2026)

 




Cierta vez leí una columna de Umberto Eco en la que un estudiante, por fastidiar, le preguntó al maestro: ¿en la época de internet, para qué sirve usted? El italiano —que murió el 19 de febrero de 2016— le respondió al provocador: los profesores, aparte de informar, deben formar. Lo que no hace la red.


Hablo de Eco precisamente desde la faceta de docente: fue el primer campo en el que se conoció y es el rol que ejerció a toda hora: en conferencias; columnas; ensayos como Obra abierta y Tratado de semiótica general; novelas como El péndulo de Foucault o Número cero, y relatos infantiles como Los tres astronautas.


Su obra se lee con gozo. Pero, confieso, prefiero El nombre de la rosa y Signo. Aquella, una novela que cabalga en lo histórico, lo policíaco y lo filosófico. En 1327, crímenes ocurridos en un monasterio roban la atención de un monje detective. La intriga bien urdida ronda en torno a un libro prohibido sobre la comedia. Se reflexiona sobre la risa, elemento subversivo que desencadena los asesinatos. Y Signo, con tono cálido y cercano, enseña que los humanos producimos signos comunicativos constantemente para movernos en sociedad como peces en el agua. Un agua infestada de mensajes hechos de señales, íconos, palabras… El prólogo es un cuento en el que seguimos a un personaje, Sigma, en su continua relación con los signos, la cual no percibe: “(…) el médico examina las palmas de las manos de Sigma y ve que tienen manchas rojas irregulares: «Mal signo —murmura—. ¿No beberá usted demasiado?». Sigma lo reconoce: «¿Cómo lo sabe?»”.


jueves, 19 de febrero de 2026

La novela de la injusticia

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 16 al 22 de febrero de 2026)

 

 



Ya son 60 años esperando que escampe. El aguacero de injusticia que pintó Fernando Soto Aparicio en Mientras llueve aún no cesa. Este clásico de las letras colombianas señala que para ejercer violencia contra las personas no solo hay que golpearlas o matarlas, sino negarles la posibilidad de ser y arrebatarles la dignidad y la autonomía.


En cualquier época, muchos lectores tomamos en las manos esta novela que cuenta, de manera cruda, directa y sin adornos, la tragedia de Celina Franco Valdivia, una llanera radicada en Boyacá. Su mamá la obliga a casarse con un tipo viejo, adinerado y ruin, sin estimar que ella ama a otro hombre. Se casa, pero rechaza al millonario. Ofendido, este fragua una venganza: se suicida de forma que su muerte parezca un asesinato perpetrado por su esposa. Celina es condenada a 24 años de prisión. En su encierro, escribe cartas para su amado y un diario en que consigna reflexiones sobre la justicia, la libertad y el amor. Escapa, pero halla que su vida está arruinada y entiende que la libertad es más que moverse por ahí.


Cruda, directa y sin adornos, digo, pero no carente de gracia. Es una obra potente, con mensaje vigente. El formato de cartas y reflexiones la aleja de la linealidad y el orden. Además, por momentos, la voz de la protagonista alcanza niveles líricos.


“Entre mi amor y tu ternura hay un abismo de silencio. La música de nuestra mutua esperanza puede cruzarlo, mas las cuerdas de mi arpa yacen rotas. Grita mi soledad y se alza como un mástil de pena, pero el mar está revuelto y la playa distante”.

jueves, 12 de febrero de 2026

Cumbres en el cine

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 9 al 15 de febrero de 2026)

 



Estamos de fiesta. Cumbres borrascosas, la novela de la inglesa Emily Brontë, referente del romanticismo y la literatura gótica, llegó al cine y está en carteleras. Es la historia del amor enfermo de Heatcliff por Catherine Earnshaw. Ella, a pesar de amarlo, decidió casarse con otro hombre, Edgar Linton, con el propósito de ascender socialmente. El ofendido se alejó por años para hacer fortuna y planear venganza. Al ejecutarla, cosa que tomó mucho tiempo e involucró a varias generaciones, destrozó a las dos familias, Earnshaw y Linton, y lo acabó a él mismo.


Estos enredos, como suelen ser las vidas y las almas, y más cuando se entrecruzan, son más comunes de lo que se cree. En la película, la encargada de contarlos es Esmerald Fernell, quien además de directora es la escritora del texto. Esta cineasta, también británica, mostró su calidad con el guion de la cinta Hermosa venganza, una obra del género negro no menos intrincada.


En Cumbres borrascosas, lo que impulsa la trama es el rencor de Heatcliff; la narración es liderada por la ama de llaves, Nelly Dean, quien le cuenta la historia al señor Lockwood, un sujeto que tomó en arriendo una propiedad del vengador. La novela, que apareció por primera vez en 1847 firmada con el seudónimo de Ellis Bell, comienza así: “Regreso en este momento de visitar al dueño de mi casa. Sospecho que ese solitario vecino me dará más de un motivo de preocupación. La comarca en que he venido a residir es un verdadero paraíso, tal como un misántropo no hubiera logrado hallarlo igual en toda Inglaterra”.