(Columna
Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 9 al 15 de febrero de 2026)
Estamos de fiesta. Cumbres borrascosas, la novela de la inglesa Emily Brontë, referente del romanticismo y la literatura gótica, llegó al cine y está en carteleras. Es la historia del amor enfermo de Heatcliff por Catherine Earnshaw. Ella, a pesar de amarlo, decidió casarse con otro hombre, Edgar Linton, con el propósito de ascender socialmente. El ofendido se alejó por años para hacer fortuna y planear venganza. Al ejecutarla, cosa que tomó mucho tiempo e involucró a varias generaciones, destrozó a las dos familias, Earnshaw y Linton, y lo acabó a él mismo.
Estos
enredos, como suelen ser las vidas y las almas, y más cuando se entrecruzan, son
más comunes de lo que se cree. En la película, la encargada de contarlos es Esmerald
Fernell, quien además de directora es la escritora del texto. Esta cineasta,
también británica, mostró su calidad con el guion de la cinta Hermosa venganza, una obra del género
negro no menos intrincada.
En Cumbres borrascosas, lo que impulsa la
trama es el rencor de Heatcliff; la narración es liderada por la ama de llaves,
Nelly Dean, quien le cuenta la historia al señor Lockwood, un sujeto que tomó
en arriendo una propiedad del vengador. La novela, que apareció por primera vez
en 1847 firmada con el seudónimo de Ellis Bell, comienza así: “Regreso en este momento
de visitar al dueño de mi casa. Sospecho que ese solitario vecino me dará más
de un motivo de preocupación. La comarca en que he venido a residir es un
verdadero paraíso, tal como un misántropo no hubiera logrado hallarlo igual en
toda Inglaterra”.










