(Columna
Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 29 de junio al 5 de julio de 2026)
En
el libro La expulsión de lo distinto, Byung-Chul Han, el filósofo
coreano, dice que, como ya nadie escucha realmente a los otros por estar
esclavizado de la tecnología, en el futuro surgirá el oficio de oyente.
Ganador
del Princesa de Asturias del año pasado, indica que los contenidos digitales que
cautivan la mente de la mayoría, están diseñados para fortalecer un discurso
egocéntrico y narcisista, en el que es casi imposible ceder tiempo, atención y
ego a otra persona. Los individuos viven aplicados en atender órdenes
subliminales de consumismo excesivo, es decir, calmando necesidades
inexistentes de productos y estilos de vida.
La
desbordante cantidad de mensajes, opiniones y estímulos vacía a las personas de
la capacidad de estar presentes y de dialogar con alguien. Cuando dice “dialogar”
se refiere a que cada uno permita que el otro se exprese y despliegue lo que
lleva dentro, porque escuchar no es solamente esperar turno para volver a
hablar. Más que cortesía, escuchar es una forma de resistencia, dice el
filósofo, una manera de devolverle profundidad a las relaciones entre las
personas, relaciones que se tornan superficiales por las prisas.
“Los
tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro
como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno,
el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a
la positividad de lo igual”.
Una sociedad en la que casi nadie escucha es, sin duda, otra forma de distopía, de realidad indeseable. Es la que vivimos.