viernes, 27 de mayo de 2022

Vote bien

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 27 de mayo de 2022)



Usted puede tomar una decisión importante: leer. Si opta por la lectura nunca se arrepentirá. Jamás le quedará la sensación de haberse equivocado. No crea que hago proselitismo solo por la literatura, a la que estoy ligado. Claro, si planea votar por esta, hágalo. No se defraudará.


Si no tiene la lectura en sus costumbres y, por consiguiente, no sabe escoger, solo piense qué le apasiona. Si prefiere que le cuenten aventuras de personajes enfrentando la naturaleza, elija a Joseph Conrad. Su novela Tifón promete —y cumple— mantenerlo en vilo siguiendo la travesía de un navío a vapor por mares huracanados de china.


Si le gusta que le hablen de amor, escoja a García Márquez. Su propuesta El amor en los tiempos del cólera es convincente y grata. Si disfruta la historia, decídase por Stefan Sweig. Su María Antonieta muestra a una reina frívola que atizó con su comportamiento la llama de la Revolución francesa.


Otros candidatos son divulgadores de ciencia. Vote por Carl Sagan. Su libro Cosmos es uno de los más bellamente escritos sobre la relación entre los humanos y el universo… Puede también optar por autores y libros distintos a los de siempre: sus obras literarias, de investigación o reflexión tendrán su mente en acción.


Hay algo más. No se asuste por el volumen del libro. No hay prisa por terminarlo. El tiempo de lectura no termina a las cuatro. Hay una fila de días y noches para continuar en su compañía.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Investigación

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en diario ADN semana del 23 al 28 de mayo de 2022)



Las novelas son como tesis, en el sentido en que el escritor sostiene una hipótesis y trata de demostrarla con los recursos que brinda la narratología.


En Milan Kundera y Fernando González, por ejemplo, este asunto, el de la tesis, se detecta fácil, porque sus creaciones son lo que uno podría llamar novelas ensayo. Ellos reflexionan sobre el asunto de interés, digamos en uno, la inmortalidad como deseo y como destino; en otro, la potencial grandeza de los latinoamericanos. Exponen, explican, argumentan y, cuando llega el momento de ejemplificar, acuden a escenas en las cuales sus personajes confirman lo expresado. Distinto a estos, en la mayoría de los autores no es tan evidente.


Cuando un autor investiga una materia para escribir una novela, se torna, poco o mucho, en especialista. El escritor se documenta en dos fuentes: su propia experiencia, que sitúa fuera de sí, la ausculta como si fuera ajena y la revisa en detalle como si la pusiera en un microscopio. Otra, el mundo externo, mediante la observación de las vidas ajenas, la lectura de libros y documentos.


Por estos días le preguntan a Orhan Pamuk sobre pandemias, porque escribió Las noches de la peste. A nuestra Piedad Bonnett bien pueden preguntarle sobre el dolor por la pérdida de un ser querido. Así, al tiempo que a los creadores se les indaga por sus métodos y técnicas, se les inquiere por la especialidad que han adquirido. Lo suyo es un esfuerzo por comprender un asunto para dar luces, desde el arte, sobre su esencia o funcionamiento... O para generar más preguntas.

viernes, 20 de mayo de 2022

Madres

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 20 de mayo de 2022)

 


Las madres, todas, tienen en común que merecen amor, respeto y cuidado. Y que atentar contra ellas es hacerlo contra nosotros mismos.


La Madre Tierra es una de ellas. Su día pasó sin que le diéramos un regalo fabuloso; ni siquiera un presente sencillo. Sin que gobernantes y ciudadanos nos comprometiéramos seriamente con el buen trato al planeta. Para esta madre disponemos —gobernantes y ciudadanos— de una sarta de expresiones prefabricadas, repetidas, hipócritas y vacías, listas a señalar la necesidad de proteger el planeta. Seguramente olvidamos que al maltratar a la Madre Tierra, a la Naturaleza, los más perjudicados somos quienes dependemos de ella. Al herirla, nos herimos; al matarla, nos matamos.


Otra es la progenitora biológica. Para la mamá, afecto y reconocimiento, por supuesto. El respeto hacia ella no implica tratarla como a una tonta, ni como a una niña, ni negarnos la posibilidad de pensar diferente ni de expresarle ideas diversas en diálogo franco y cordial.


De la expresión “madre patria” han abusado tanto… La usan políticos demagogos en su propaganda oportunista. Al oírla, la sentimos ridícula o por lo menos insincera. Desconfiamos de quien la emite.


Importancia tienen también las células madre, por el potencial de formar muchos de los tipos de célula del organismo. La medicina tiene en ellas un gran recurso.


A otra madre que debemos respetar y cuidar bastante es la de la uña. Se recomienda no cortarla, porque el dolor de madre está entre los insoportables.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Nostradamus

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 16 al 21 de mayo de 2022)

 


En Italia celebran el hallazgo de unos manuscritos de Las Profecías de Nostradamus. La verdad, los encontraron hace un año en una casa de subastas alemana, detuvieron las ventas y en estos días se oficializó la entrega del volumen a la unidad de Protección del Patrimonio de la policía italiana.


Michel de Nôtre-Dame —Nostradamus— era un boticario y adivino galo, de origen judío y convertido al catolicismo, que vivió en el siglo XVI.


Según la noticia, el manuscrito había sido robado de la Biblioteca SS. Blasi Cairoli del Urbe' de Roma, que en 1991 pasó a formar parte de la Biblioteca Generalizada Barabiti.


Vuelve a despertarse la curiosidad por el astrólogo francés. Ese que temía ser perseguido por la Inquisición y, por tanto, escribió sus profecías en cuartetas más bien crípticas, colmadas de metáforas, palabras en griego y latín, para despistar mucho o poco a los lectores. Tal vez por esto, algunas de sus anticipaciones han sido interpretadas de maneras distintas por los diversos estudiosos.


La abolición de la monarquía francesa, las guerras mundiales, el ataque a las torres gemelas, la pandemia del Covid-19 están entre las predicciones que se han cumplido. Dice la cuarteta sesenta y tres de la I Centuria:


“Los azotes pasados disminuido el mundo,

Largo tiempo la paz, tierras deshabitadas,

Hermana caminará por cielo, tierra, mar y onda,

Después de nuevo las guerras suscitadas”.


Para este 2022, los seguidores del adivino esperan notar si se cumple la caída de la Unión Europea y la muerte de un líder político de primer orden.


viernes, 13 de mayo de 2022

Idiotismos

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 13 de mayo de 2022)



Los modismos, esas expresiones prefabricadas y fijas que van formando un arrume inmenso en la lengua, están ahí, claro, para asistirnos cuando no se nos ocurre algo medianamente original qué decir.


“Irse por las ramas”, “pan comido”, “trapitos al sol” y mil más… son locuciones que terminan por empobrecer nuestra manera de hablar. No, no creo que esté mal usarlas; como digo, constituyen una especie de salvavidas cuando no sabemos cómo decir las cosas. Considero, más bien, que no debemos abusar de ellas. No es adecuado descansar nuestro compromiso comunicativo en estas expresiones. Es preferible pensar un poco, aunque tardemos unos segundos más —¿más con respecto a qué?—, para construir expresiones propias al comunicar las ideas. En vez de decir, “me estabas tomando del pelo”, bien podemos señalar: “estabas burlándote de mí”.


Si a los modismos les sumamos los refranes, ay, y qué decir de las muletillas, terminaremos por mermar nuestra comunicación y, cómo no, nuestra capacidad de mantener un lenguaje fresco. No tendremos que pensar para hablar, sino que lo haremos de modo… maquinal.


Si nos fijamos, al permitir que a nuestras conversaciones y escritos entren sin medida tales expresiones prefabricadas —modismos, refranes y muletillas— nos daremos cuenta de que las muy bandidas van colonizando, invadiendo nuestro discurso y desterrando descaradamente a las palabras que no están metidas en fórmulas, esas que van libres y no hacen parte de lugares comunes. Nuestro vocabulario se reduce.


Con razón, otra manera de decirles a los modismos es idiotismos.


miércoles, 11 de mayo de 2022

Coctel de letras

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, semana del 9 al 14 de mayo de 2022)

 


Jorge Luis Borges dijo tantas cosas sobre la lectura. Quizá más que sobre la escritura. En la película Borges para millones, de 1978, señala: “creo que la frase “lectura obligatoria” es un contrasentido; la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado (…)”. Añade que en su experiencia como profesor de literatura inglesa, les decía a los estudiantes que si un libro les aburría, lo dejaran.


Así debe ser; cada quien lea lo que desee, no las imposiciones del márquetin, las tendencias, los medios de comunicación, las redes sociales. Entre más poder económico tiene una editorial, con mayor fuerza impone sus títulos.


En mi caso, leo varios libros al tiempo. Como si preparara un coctel, procuro que haya volúmenes de distintas épocas y sociedades. Que haya, por ejemplo, una comedia de Plauto, poesía medieval, una crónica de Yourcenar y, claro, letras actuales. Las obras de otras épocas me proveen miradas diferentes y ritmos apacibles. Las de hoy, velocidad de vértigo y miradas cercanas a la mía. Así, de acuerdo con mis luces, me voy acompañando un rato con unas ideas, luego con otras.


“¿Por qué no me preguntas si suelo yo comer pan purpúreo, o rojo, o amarillo? ¿Si suelo comer aves con escamas, peces con plumas?”, leo en el comediógrafo romano.


“El barco es hermoso como todos los barcos a punto de zarpar. En nuestra época en que los trayectos utilitarios se hacen en avión, un crucero es lo único que permite hacer largas travesías”, leo en la narradora belga.

lunes, 9 de mayo de 2022

Esclavitud

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 6 de mayo de 2022) 



La columna del 22 de abril se refiere a la contribución de grupos étnicos, como el afroamericano, en la permanente construcción del idioma.


La lectora Gloria Vásquez comenta: “usted hace una referencia incluyente muy necesaria pero imprecisa cuando dice: "...en las (letras) afroamericanas, el (aporte) de miles de personas  cazadas en África y traídas a América contra su voluntad...”. 


Gloria agrega: “todavía no hay el reconocimiento de la responsabilidad de cada quien de todos los hechos históricos sobre víctimas y victimarios. Me refiero a la infame e infamante esclavitud de los negros procedentes de África, que ofende a la humanidad por siempre pero que tiene un elemento al cual no alude: los 'negreros' europeos recorrían la costa de África occidental pero no se internaban en ese continente desconocido entonces les compraban a los negros dominantes a otros negros sometidos por ellos, no hubo inocentes».


Oportuna advertencia: la esclavitud de africanos no está suficientemente entendida y, por consiguiente, su discusión no está cerca de terminarse.


Por este camino, vienen a mi memoria novelas del cartagenero Antonio Prada Fortul. Benkos Biohó narra las gestas de libertad lideradas por este personaje en el siglo XVII, y Kanú, las aventuras de un africano que consiguió regresar a su continente después de permanecer un tiempo en Cartagena de Indias. Esta dice: “El trato del yoruba con los muertos es cotidiano; estos no pertenecen propiamente a “otro mundo”, sino a otro país del mismo mundo, a la otra orilla; la invisible (…)”.


miércoles, 4 de mayo de 2022

Nosferatu

(Columna RIO DE LETRAS publicada en el diario ADN, semana del 2 al 7 de mayo de 2022)

 


Vamos a hablar de lo tenebroso. Hace cien años, los espectadores fueron al cine con el objeto de sentir terror. Con ojos desmesuradamente abiertos, leyeron: “uno puede reconocer la marca del vampiro por el rastro de sus colmillos en la garganta de la víctima”. Vieron a un hombre no-muerto, alto, calvo, de orejas largas, colmillos salientes, dueño de un caminar robótico que llenaba la pantalla iluminada de penumbra. Y entendieron que esa imagen tenía que ser la de un vampiro auténtico.


Nosferatu, una sinfonía del horror, la película alemana basada en Drácula, de Bram Stoker sin pagar derechos de autor, cumple un siglo de su estreno. Y cada que se revisita, parece que se asistiera al estreno nuevamente, porque vuelve a causar espanto. El conde Orlok busca una casa en Wisborg. Un agente inmobiliario, Thomas Hutter, se encarga de hallarle una en ruinas. Aquel noble lleva consigo una peste a la ciudad. El desenlace llegará con el Sol, así como el final de una realidad onírica.


Muda, pero con subtítulos, diálogos y apartes de un volumen titulado El libro de los vampiros, esta cinta de Friedrich Wilhem Murnau generó un río de letras. Sigue siendo modelo para creaciones posteriores centradas en el vampiro de Transilvania y otros vampiros. En obras literarias, películas y hasta en series infantiles de cómic, aparecen creaciones con visible influencia de Nosferatu e interpretaciones semejantes a las que hizo el protagonista, Max Schreck, de quien, por cierto, durante un tiempo quisieron regar la idea de que era un vampiro de verdad.

viernes, 29 de abril de 2022

Envigado novelable

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 29 de abril de 2022)

 


Hace como 200 años vivió en Envigado un príncipe, heredero de la corona de Sudán. Según Sacramento Garcés en Monografía de Envigado, el padre Cristóbal de Restrepo lo recibió como regalo. Cuando vinieron a buscarlo para ocupar el trono, no se fue de su lado.


¿Envigado es novelable? ¿Es posible dar forma de novela al relato de la vida de personajes, sucesos, lugares o costumbres de la localidad? ¿Y a tal relato puede añadírsele elementos de ficción? (Hablaremos de esto el sábado 29, en la Débora Arango, a las 5:00 p.m.) Al decir “novelable”, lo primero que pensamos es si existen temas atractivos, raros, influyentes en la historia, bellos o feos. Apasionantes para narrarlos, trascendiendo lo anecdótico, en obras históricas, realistas, simbólicas o fantásticas. Asuntos sobresalientes, claro, para cautivar a los potenciales lectores.


Entonces se nos viene a la cabeza lo del príncipe aquel. O la vida de Débora Arango, atacada por iglesia y sociedad. O el terror del narcotráfico, con visos diferentes a los del resto del país… Y un largo etcétera.


Sin embargo, pensándolo bien, si solo hubiera un ser humano, solitario y dueño acaso de una vidita plana, vacía de aventuras, bastaría para que Envigado fuera novelable. Porque hay otros planos de tensión e intensidad, aparte de los físicos; los psicológicos y espirituales. Además, lo sabemos por experiencia: cualquier vida es una aventura. Si no, ¿entonces por qué necesitamos, para sobrevivir, un milagro o una casualidad cada cinco minutos?

miércoles, 27 de abril de 2022

Carvalho, cincuentón

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 25 al 30 de abril de 2022)

 


El 30 de marzo fue el cumpleaños número 50 de un personaje literario: Pepe Carvalho.


Creado por Manuel Vázquez Montalbán, es un detective bien caracterizado, que nació joven en 1972 en la novela Yo maté a Kennedy. Con nombre, procedencia, gustos, posición política como cualquier ser de carne y hueso. José Carvalho Tourón o José Carvalho Larios. Vive en Barcelona y tiene ascendencia gallega. Apasionado por la gastronomía, viajero e hincha del Barça. Antifranquista, por lo que fue encarcelado. Desencantado, terminó en la CÍA.


Vázquez Montalbán dio al personaje características suyas y al narrar sus aventuras, crítica a la sociedad, la política y las costumbres de su país. La saga de Carvalho tiene decenas de relatos y novelas del género negro. Algunos títulos son Tatuaje, Asesinato en el Comité Central y Sabotaje olímpico. Aunque Vázquez Montalbán escribió obras de otros géneros, y también ensayos, esta saga se destaca en su creación.


El autor falleció en 2003, pero Carvalho no murió con él. El escritor Carlos Zanón siguió la serie. En 2019 publicó Problemas de identidad.


En Yo maté a Kennedy se lee:


Hasta la primera galaxia llegaba el ruido de los chapuzones y las risotadas de monseñor Cushing. De vez en  cuando la sombra de un niño desnudo cruzaba veloz la celosía. Jacqueline hojeaba un libro de Avedon y Baldwin. En dos vasos largos hervía la bebida azul y las hojas de menta empezaban a macerarse. Cerré los ojos para  sentir el contacto sexual de la picazón en la garganta. Las burbujas me arañaron hasta el dolor. Empecé a sudar (…)”.

viernes, 22 de abril de 2022

Idioma

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 22 de abril de 2022)



Escritores y poetas tienen en el idioma el barro para modelar ideas y contar historias. La lengua la hacen los hablantes. En torno a ellos, artistas de la palabra intentan hacer de ese barro crudo del habla el material adecuado para sus obras.


    Entre los hablantes, hay quienes llevan el suciecito de lo cotidiano y coloquial en su expresión y quienes, la limpieza de lo elegante. Válidos ambos, tienen lugar en la literatura gracias a plumas que toman de unos, de otros o de los dos. Miguel de Cervantes, por mencionar un paradigma, encontró la manera de hacer arte con el lenguaje popular. Incluyó modos de hablar de diversos grupos y, cómo no, de los moros que por siglos dejaron su aporte lingüístico.


    Andando los tiempos, escritores de aquí y allá lo han hecho también. En las letras indigenista, por ejemplo, se revela el aporte indio; en las afroamericanas, el de miles de personas cazadas en África y traídas a América contra su voluntad… En la literatura se nota cómo la lengua se mantiene rehaciendo, como la vida, en los procesos de mestizaje.


         ¿Mi cuerpo?

         Oh, si yo pudiera escoger,

         reducido a cenizas

         desearía

         que el alegre soplo del viento

         las arrojara en algún jardín.

         ¡Y así, quizás,

         en alguna flor marchita

         retoñe a la vida otra vez!


    Canta Zapata Olivella en Changó el gran putas.


    El lenguaje se la rebusca para ser protagonista. A veces notorio; a veces discreto.

miércoles, 20 de abril de 2022

Gabriela Mistral

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, en la semana del 18 al 23 de abril de 2022)

 


La chilena Gabriela Mistral, de cuyo natalicio celebramos 133 años el 7 de abril, dejó, además del legado poético, el ejemplo de una vida difícil en medio de una sociedad indolente.


La miseria parecía un obstáculo para alcanzar su propósito de estudiar para profesora, pero se sobrepuso a la adversidad. Logró ser maestra y pensadora de la educación. Enseñó a indígenas y desfavorecidos de su país. Participó en el diseño educativo de México, que aún funciona.


La sociedad en la que creció ayudó a destruir su autoestima. Se creía mala, fea y egoísta. La atacaban por su pobreza, orientación sexual y carencia de hijos. Si hoy estos temas levantan ampolla, en su época, la primera mitad del siglo XX, recibían condena social.


Como la humanidad ama el morbo, comentaristas se preguntaban cómo pudo escribir los poemas del libro Ternura, maternales o con espíritu infantil, sin ser madre. Y criticaron sus relaciones de amor con mujeres.


Gabriela Mistral, seudónimo con el que Lucila Godoy Alcayaga tapó su marca de origen, fue la primera mujer iberoamericana en recibir un Nobel de cualquier categoría, y la segunda persona latinoamericana en obtener el de Literatura. Riqueza, poema incluido en Tala, dice:


Tengo la dicha fiel

y la dicha perdida:

la una como rosa,

la otra como espina.

De lo que me robaron

no fui desposeída:

tengo la dicha fiel

y la dicha perdida,

y estoy rica de púrpura

y de melancolía.

¡Ay, qué amante es la rosa

y qué amada la espina!

Como el doble contorno

de dos frutas mellizas,

tengo la dicha fiel

y la dicha perdida. . .


viernes, 8 de abril de 2022

Desnudos

 (Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 8 de abril de 2022)



Como la memoria es la facultad de olvidar, me sorprendo al ver rostros amigos desprovistos de tapabocas y redescubrir detalles que se habían ido de mi mente.


Juro que no recordaba que a Geraldine se le marcaran tanto los hoyuelos de las mejillas al sonreír, ni que Estefanía tuviera la boca chiquita como un ojal. Tampoco, que Camila se riera con todos los dientes, parejos y blanquísimos como para una publicidad de crema dental. Definitivamente, hay a quienes desfavorece este trozo de tela que hemos llevado por dos años. Cuándo será que pueden desecharlo totalmente.


Creo adivinar un leve bronceado en muchas personas, de media cara hacia arriba.


Había olvidado que David ha lucido una barba estilo candado, Esteban casi carece de cuello y Daniela tiene pecas tan rojas que parecen chispas. Noto que el sobrino de Manuel, adolescente y fatuo, tiene la cara salpicada de acné; al mirarlo se viene a la cabeza la imagen de un lecho volcánico.


Ahora, al desnudar mi rostro —situación que, luego de meses de llevarlo oculto me hace sentir algo de pudor, como si destapara otra zona, la más vedada de mi cuerpo—, ¿qué pensarán de mí los demás? Recordarán acaso mi nariz descomunal —pero distinguida, espero— y dirán: ¡claro! ¡Ahí está esa nariz como el pico del ave del escudo! ¿Notarán, otra vez, que en ocasiones voy susurrando como desquiciado?


¡Ay, qué vida! Tanto renegar del tapabocas y a algunos nos favorece más llevarlo. Por qué no reconocerlo.

miércoles, 6 de abril de 2022

Estrellas y letras

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, en la semana del 4 al 9 de abril de 2022)



Desde la antigüedad, los humanos hemos trasladado al cosmos a héroes y heroínas para darles la inmortalidad como premio por sus hazañas. Orión, Andrómeda…


Eärendel, la estrella descubierta al final de marzo, la más lejana percibida hasta ahora, recibió su nombre de un personaje de la mitología celta recogido por John Ronald Reuel Tolkien, autor de obras como El señor de los Anillos. Precisamente, con El viaje de Eärendel, la estrella vespertina comenzó su legado.


“Al este de la Luna, al oeste del Sol/ hay una colina solitaria;/ sus pies están en el mar verde claro/ sus torres son blancas y quietas,/ más allá de Taniquetil/ en Valinor./ Allí no van las estrellas, excepto una solitaria/ que huyó de la Luna”.


La “nueva” estrella está muerta, dijeron los astrónomos. También dijeron que es “la más lejana” de las observadas; no la más vieja. La más vieja, Matusalén, debe su nombre al patriarca antediluviano que, según el Génesis, vivió 969 años.


El polaco Isaac Bashevis Singer, Nobel 1978, tiene un cuento titulado La muerte de Matusalén, incluido en un libro homónimo. Comienza así:


“Era un bochornoso día de verano. En una tienda de paja reposaba Matusalén, un anciano de más de novecientos años. Estaba descalzo, desnudo; una banda de hojas de higuera rodeaba su cuerpo. Yacía, entre acostado y sentado, en una cama de pieles de venado, cabra y buey. De cuando en cuando alcanzaba con su mano arrugada una jarra de agua y tomaba un trago”.


Las estrellas brindan motivos para dar con lecturas que, sin andar, nos lleven lejos del lugar donde estamos.

viernes, 1 de abril de 2022

Lola Larga

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 1 de abril de 2022)

 


Ocurrida hace 102 años, la historia de Lola Larga es la campeona entre las que incrementan la fuerza mitológica de la quebrada Ayurá.


Muchas ideas hacen del riachuelo un elemento animado, fundamental en la existencia de las comunidades asentadas en sus orillas por siglos. Una creencia más bien nueva señala que algunas personas aparecen y desaparecen entre sus rocas, como fantasmas. La más antigua le atribuye a sus aguas poder de fertilizar a las mujeres que en ellas se sumergen.


Menos conocida como Dolores Giraldo, Lola Larga fue vecina de la Ayurá en El Salado. Dio a luz a doce hijos en un solo parto, cuando tenía 28 años. Alcanzó a bautizarlos con los nombres de los doce apóstoles antes de que, pequeños y escuálidos, fallecieran escasas horas después de haber nacido.


Su esposo, Luis Giraldo, más conocido como Mono Veinticuatro por tener seis dedos en cada mano y en cada pie, pareció enloquecer ante tal acontecimiento. Consideró que la Naturaleza se lo había advertido por medio de su polidactilia, pero él no había sido capaz de leerlo a tiempo. Supuso entonces que, si volvía a embarazar a Lola, ya no pariría 12, ¡sino 24 hijos! Desesperado, huyó de su destino… Al tiempo, regresó.


Mono Veinticuatro y Lola Larga se aventuraron a procrear otras veces. No sucedió lo temido. Fueron padres de hijos individuales. Son ascendientes de una tradicional estirpe de arrieros. Apodados Los Lucas, aún siguen cargando mercancías a caballo.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Novela negra

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN del 28 de marzo al 2 de abril)

 


Parece impensable que algunas personas sigan considerando ciertos subgéneros literarios como de segundo nivel. Y más, que entre ellas haya lectores, críticos, profesores de literatura, autores y periodistas.


El subgénero que tengo en mente es el de la ficción negra o novela criminal. No pocas veces he oído expresiones despectivas hacia él. Como si la literatura criminal no fuera, ante todo, literatura. Como los demás subgéneros, al tiempo que se ocupa de lo suyo, asesinatos, hurtos, traiciones o cualquiera de las acciones vergonzosas fraguadas en el alma humana, la literatura negra muestra la forma de vida de individuos y comunidades, describe los ambientes en los que se desarrollan los hechos y puede mover a los lectores a la reflexión e introspección, como el resto de la literatura.


También resulta impensable que ciertos autores de este subgénero contribuyan a fortalecer tal subvaloración. Tengo en mente a algunos a quienes he oído hablar en congresos. Dicen que la novela negra se debe limitar al caso, es decir, al asesinato, al robo, a la traición, a investigarlo sin perderlo de vista porque, aseguran, el único propósito de este subgénero es entretener y si se desvían un poco del asunto… ¡se escapan los lectores! Y así hacen sus obras. Como con miedo a experimentar, a describir la realidad y, menos, a reflexionar sobre ella. Flaco aporte a la sociedad.


Ahora entiendo: esos lectores, críticos, profesores de literatura, autores y periodistas que así piensan no tienen en mente novelas negras, sino novelas que quedaron en obra negra.

viernes, 25 de marzo de 2022

Padre Alberto

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 25 de marzo de 2022)



La muerte, tan vieja y cotidiana, aún consigue sorprendernos, estremecernos y sumirnos en la tristeza a estas alturas de la vida. Y si se lleva a un ser generoso y sabio, de esos que parecen ir adelante de uno poniendo piedras en el río para asegurar nuestros pasos, como el padre Alberto Restrepo González, uno reniega impotente por ese punto final, terco e inamovible, sin encontrar a quién reprocharle.


Como diez curas presidieron la misa fúnebre llena de humo de incienso el lunes pasado. Un llamativo y simbólico ritual en una Santa Gertrudis más o menos llena. El féretro descansó en el suelo del altar y no en esos soportes metálicos en que suelen esperar los muertos su funeral. Se hubiera dicho que el autor de Para leer a Fernando González seguía dictando su lección de humildad y, en todo caso, de permanente pelea contra la vanidad, como en vida.


Sentado a una mesa del café Otraparte, con esa rara mezcla de hombre ceñudo y amable, diseñó el recorrido que debía hacer para reconstruir el Viaje a pie del filósofo de la autenticidad, en 2012. Total, el sacerdote estudió en Manizales y ejerció en pueblos caldenses. Sin ver la boca que me hablaba, perdida entre barbas largas y grises como melenas epifitas, le oí contar:


“Cuando yo fui a estudiar a Manizales, Fernando me mandó una carta que decía: muy bueno que el espíritu te llevó a la fría Manizales a observar a Dios en el Nevado”.


miércoles, 23 de marzo de 2022

El enigmático McCarthy

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 21 al 26 de marzo de 2022)



Hay autores misteriosos, sin duda. Permanecen en el anonimato. Otros no llegan a tanto, pero defienden su privacidad con uñas y dientes y, por consiguiente, no conceden entrevistas o rara vez lo hacen. No les salen a los medios ni para hablar de su obra. Habitan el polo opuesto de la mayoría de los escritores, que tienen alma de publicista.


A veces, tal actitud enigmática motiva la construcción de un mito en torno a ellos, mito que compite con su obra por el interés del público. Como ejemplos, mencionemos al estadounidense J. D. Salinger, el de El guardián en el centeno, que después de la publicación de esta novela, a mediados del siglo XX, se recluyó en casa; el francés Marcel Schwob, al que muchos creen una invención de Borges; el Uruguayo Felisberto Hernández, y la italiana Elena Ferrante, la de Dos amigas. En Colombia tenemos a Tomás González, el de La historia de Horacio.


Es la personalidad de cada cual. Además de respetárseles, debe tenernos sin cuidado. Lo que debe importarnos es su literatura. Por esto, celebramos el anuncio de novedades editoriales de uno de esos misteriosos: Cormac McCarthy, el de La carretera. Dos novelas del norteamericano que prefiere la compañía de científicos a la de escritores. Se titulan: El pasajero y Stella Maris. De aquella, el autor adelantó algo en 2015: alude a la locura y las matemáticas; su editor anticipa que ambas están vinculadas y tratan del amor entre dos hermanos obsesionados con el pasado. Quedamos en ascuas hasta fin de año, cuando Random House las edite, al parecer, en un solo volumen.

viernes, 18 de marzo de 2022

Fabiola Lalinde

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 18 de marzo de 2022)

 


Por la época en que conocí a Fabiola Lalinde —la defensora de derechos humanos muerta en Medellín el 12 de marzo pasado— era una mujer triste y amable. Triste, no como alguien que acaba de llorar, sino como quien ha llorado tanto que se le secaron las lágrimas y ha conseguido transformar su cuerpo en la imagen del dolor.


Foto Museo Casa de la Memoria

Ya habían pasado los 4.428 días de incertidumbre —ella los contaba—, desde octubre de 1984 cuando su hijo Luis Fernando Lalinde fue desaparecido, torturado y asesinado por el Ejército en una montaña situada entre Jardín y Riosucio. Días después —¿750 quizá?, yo no los contaba—, nos acompañó en un evento de noviolencia en Sabaneta. Con orden y calma, como quien lo ha hecho muchas veces, narró los últimos días de su hijo, que ella reconstruyó, recorriendo la geografía antioqueña. Cuáles montañas pisó, cuáles ríos vadeó, en cuál cañada se agachó a beber agua, con cuáles campesinos conversó, hasta que… Luis Fernando pareció evaporarse en la noche de niebla que envuelve y devora a los desaparecidos. Habló también de su lucha incesante por hallarlo.


El día de la desaparición del hijo ella murió en buena parte, pero dejó una chispita que le alcanzara para buscarlo y convertirse en ejemplo para otros familiares de desaparecidos.


Al donar su archivo a la Universidad Nacional, en 2018, dijo:


“Cuando buscamos, dudamos, preguntamos, vamos en busca de la verdad, pero cuando encontramos, cuando tenemos una respuesta, nos damos cuenta que este es solo un paso…"