viernes, 29 de abril de 2022

Envigado novelable

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 29 de abril de 2022)

 


Hace como 200 años vivió en Envigado un príncipe, heredero de la corona de Sudán. Según Sacramento Garcés en Monografía de Envigado, el padre Cristóbal de Restrepo lo recibió como regalo. Cuando vinieron a buscarlo para ocupar el trono, no se fue de su lado.


¿Envigado es novelable? ¿Es posible dar forma de novela al relato de la vida de personajes, sucesos, lugares o costumbres de la localidad? ¿Y a tal relato puede añadírsele elementos de ficción? (Hablaremos de esto el sábado 29, en la Débora Arango, a las 5:00 p.m.) Al decir “novelable”, lo primero que pensamos es si existen temas atractivos, raros, influyentes en la historia, bellos o feos. Apasionantes para narrarlos, trascendiendo lo anecdótico, en obras históricas, realistas, simbólicas o fantásticas. Asuntos sobresalientes, claro, para cautivar a los potenciales lectores.


Entonces se nos viene a la cabeza lo del príncipe aquel. O la vida de Débora Arango, atacada por iglesia y sociedad. O el terror del narcotráfico, con visos diferentes a los del resto del país… Y un largo etcétera.


Sin embargo, pensándolo bien, si solo hubiera un ser humano, solitario y dueño acaso de una vidita plana, vacía de aventuras, bastaría para que Envigado fuera novelable. Porque hay otros planos de tensión e intensidad, aparte de los físicos; los psicológicos y espirituales. Además, lo sabemos por experiencia: cualquier vida es una aventura. Si no, ¿entonces por qué necesitamos, para sobrevivir, un milagro o una casualidad cada cinco minutos?

miércoles, 27 de abril de 2022

Carvalho, cincuentón

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 25 al 30 de abril de 2022)

 


El 30 de marzo fue el cumpleaños número 50 de un personaje literario: Pepe Carvalho.


Creado por Manuel Vázquez Montalbán, es un detective bien caracterizado, que nació joven en 1972 en la novela Yo maté a Kennedy. Con nombre, procedencia, gustos, posición política como cualquier ser de carne y hueso. José Carvalho Tourón o José Carvalho Larios. Vive en Barcelona y tiene ascendencia gallega. Apasionado por la gastronomía, viajero e hincha del Barça. Antifranquista, por lo que fue encarcelado. Desencantado, terminó en la CÍA.


Vázquez Montalbán dio al personaje características suyas y al narrar sus aventuras, crítica a la sociedad, la política y las costumbres de su país. La saga de Carvalho tiene decenas de relatos y novelas del género negro. Algunos títulos son Tatuaje, Asesinato en el Comité Central y Sabotaje olímpico. Aunque Vázquez Montalbán escribió obras de otros géneros, y también ensayos, esta saga se destaca en su creación.


El autor falleció en 2003, pero Carvalho no murió con él. El escritor Carlos Zanón siguió la serie. En 2019 publicó Problemas de identidad.


En Yo maté a Kennedy se lee:


Hasta la primera galaxia llegaba el ruido de los chapuzones y las risotadas de monseñor Cushing. De vez en  cuando la sombra de un niño desnudo cruzaba veloz la celosía. Jacqueline hojeaba un libro de Avedon y Baldwin. En dos vasos largos hervía la bebida azul y las hojas de menta empezaban a macerarse. Cerré los ojos para  sentir el contacto sexual de la picazón en la garganta. Las burbujas me arañaron hasta el dolor. Empecé a sudar (…)”.

viernes, 22 de abril de 2022

Idioma

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 22 de abril de 2022)



Escritores y poetas tienen en el idioma el barro para modelar ideas y contar historias. La lengua la hacen los hablantes. En torno a ellos, artistas de la palabra intentan hacer de ese barro crudo del habla el material adecuado para sus obras.


    Entre los hablantes, hay quienes llevan el suciecito de lo cotidiano y coloquial en su expresión y quienes, la limpieza de lo elegante. Válidos ambos, tienen lugar en la literatura gracias a plumas que toman de unos, de otros o de los dos. Miguel de Cervantes, por mencionar un paradigma, encontró la manera de hacer arte con el lenguaje popular. Incluyó modos de hablar de diversos grupos y, cómo no, de los moros que por siglos dejaron su aporte lingüístico.


    Andando los tiempos, escritores de aquí y allá lo han hecho también. En las letras indigenista, por ejemplo, se revela el aporte indio; en las afroamericanas, el de miles de personas cazadas en África y traídas a América contra su voluntad… En la literatura se nota cómo la lengua se mantiene rehaciendo, como la vida, en los procesos de mestizaje.


         ¿Mi cuerpo?

         Oh, si yo pudiera escoger,

         reducido a cenizas

         desearía

         que el alegre soplo del viento

         las arrojara en algún jardín.

         ¡Y así, quizás,

         en alguna flor marchita

         retoñe a la vida otra vez!


    Canta Zapata Olivella en Changó el gran putas.


    El lenguaje se la rebusca para ser protagonista. A veces notorio; a veces discreto.

miércoles, 20 de abril de 2022

Gabriela Mistral

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, en la semana del 18 al 23 de abril de 2022)

 


La chilena Gabriela Mistral, de cuyo natalicio celebramos 133 años el 7 de abril, dejó, además del legado poético, el ejemplo de una vida difícil en medio de una sociedad indolente.


La miseria parecía un obstáculo para alcanzar su propósito de estudiar para profesora, pero se sobrepuso a la adversidad. Logró ser maestra y pensadora de la educación. Enseñó a indígenas y desfavorecidos de su país. Participó en el diseño educativo de México, que aún funciona.


La sociedad en la que creció ayudó a destruir su autoestima. Se creía mala, fea y egoísta. La atacaban por su pobreza, orientación sexual y carencia de hijos. Si hoy estos temas levantan ampolla, en su época, la primera mitad del siglo XX, recibían condena social.


Como la humanidad ama el morbo, comentaristas se preguntaban cómo pudo escribir los poemas del libro Ternura, maternales o con espíritu infantil, sin ser madre. Y criticaron sus relaciones de amor con mujeres.


Gabriela Mistral, seudónimo con el que Lucila Godoy Alcayaga tapó su marca de origen, fue la primera mujer iberoamericana en recibir un Nobel de cualquier categoría, y la segunda persona latinoamericana en obtener el de Literatura. Riqueza, poema incluido en Tala, dice:


Tengo la dicha fiel

y la dicha perdida:

la una como rosa,

la otra como espina.

De lo que me robaron

no fui desposeída:

tengo la dicha fiel

y la dicha perdida,

y estoy rica de púrpura

y de melancolía.

¡Ay, qué amante es la rosa

y qué amada la espina!

Como el doble contorno

de dos frutas mellizas,

tengo la dicha fiel

y la dicha perdida. . .


viernes, 8 de abril de 2022

Desnudos

 (Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 8 de abril de 2022)



Como la memoria es la facultad de olvidar, me sorprendo al ver rostros amigos desprovistos de tapabocas y redescubrir detalles que se habían ido de mi mente.


Juro que no recordaba que a Geraldine se le marcaran tanto los hoyuelos de las mejillas al sonreír, ni que Estefanía tuviera la boca chiquita como un ojal. Tampoco, que Camila se riera con todos los dientes, parejos y blanquísimos como para una publicidad de crema dental. Definitivamente, hay a quienes desfavorece este trozo de tela que hemos llevado por dos años. Cuándo será que pueden desecharlo totalmente.


Creo adivinar un leve bronceado en muchas personas, de media cara hacia arriba.


Había olvidado que David ha lucido una barba estilo candado, Esteban casi carece de cuello y Daniela tiene pecas tan rojas que parecen chispas. Noto que el sobrino de Manuel, adolescente y fatuo, tiene la cara salpicada de acné; al mirarlo se viene a la cabeza la imagen de un lecho volcánico.


Ahora, al desnudar mi rostro —situación que, luego de meses de llevarlo oculto me hace sentir algo de pudor, como si destapara otra zona, la más vedada de mi cuerpo—, ¿qué pensarán de mí los demás? Recordarán acaso mi nariz descomunal —pero distinguida, espero— y dirán: ¡claro! ¡Ahí está esa nariz como el pico del ave del escudo! ¿Notarán, otra vez, que en ocasiones voy susurrando como desquiciado?


¡Ay, qué vida! Tanto renegar del tapabocas y a algunos nos favorece más llevarlo. Por qué no reconocerlo.

miércoles, 6 de abril de 2022

Estrellas y letras

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, en la semana del 4 al 9 de abril de 2022)



Desde la antigüedad, los humanos hemos trasladado al cosmos a héroes y heroínas para darles la inmortalidad como premio por sus hazañas. Orión, Andrómeda…


Eärendel, la estrella descubierta al final de marzo, la más lejana percibida hasta ahora, recibió su nombre de un personaje de la mitología celta recogido por John Ronald Reuel Tolkien, autor de obras como El señor de los Anillos. Precisamente, con El viaje de Eärendel, la estrella vespertina comenzó su legado.


“Al este de la Luna, al oeste del Sol/ hay una colina solitaria;/ sus pies están en el mar verde claro/ sus torres son blancas y quietas,/ más allá de Taniquetil/ en Valinor./ Allí no van las estrellas, excepto una solitaria/ que huyó de la Luna”.


La “nueva” estrella está muerta, dijeron los astrónomos. También dijeron que es “la más lejana” de las observadas; no la más vieja. La más vieja, Matusalén, debe su nombre al patriarca antediluviano que, según el Génesis, vivió 969 años.


El polaco Isaac Bashevis Singer, Nobel 1978, tiene un cuento titulado La muerte de Matusalén, incluido en un libro homónimo. Comienza así:


“Era un bochornoso día de verano. En una tienda de paja reposaba Matusalén, un anciano de más de novecientos años. Estaba descalzo, desnudo; una banda de hojas de higuera rodeaba su cuerpo. Yacía, entre acostado y sentado, en una cama de pieles de venado, cabra y buey. De cuando en cuando alcanzaba con su mano arrugada una jarra de agua y tomaba un trago”.


Las estrellas brindan motivos para dar con lecturas que, sin andar, nos lleven lejos del lugar donde estamos.

viernes, 1 de abril de 2022

Lola Larga

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 1 de abril de 2022)

 


Ocurrida hace 102 años, la historia de Lola Larga es la campeona entre las que incrementan la fuerza mitológica de la quebrada Ayurá.


Muchas ideas hacen del riachuelo un elemento animado, fundamental en la existencia de las comunidades asentadas en sus orillas por siglos. Una creencia más bien nueva señala que algunas personas aparecen y desaparecen entre sus rocas, como fantasmas. La más antigua le atribuye a sus aguas poder de fertilizar a las mujeres que en ellas se sumergen.


Menos conocida como Dolores Giraldo, Lola Larga fue vecina de la Ayurá en El Salado. Dio a luz a doce hijos en un solo parto, cuando tenía 28 años. Alcanzó a bautizarlos con los nombres de los doce apóstoles antes de que, pequeños y escuálidos, fallecieran escasas horas después de haber nacido.


Su esposo, Luis Giraldo, más conocido como Mono Veinticuatro por tener seis dedos en cada mano y en cada pie, pareció enloquecer ante tal acontecimiento. Consideró que la Naturaleza se lo había advertido por medio de su polidactilia, pero él no había sido capaz de leerlo a tiempo. Supuso entonces que, si volvía a embarazar a Lola, ya no pariría 12, ¡sino 24 hijos! Desesperado, huyó de su destino… Al tiempo, regresó.


Mono Veinticuatro y Lola Larga se aventuraron a procrear otras veces. No sucedió lo temido. Fueron padres de hijos individuales. Son ascendientes de una tradicional estirpe de arrieros. Apodados Los Lucas, aún siguen cargando mercancías a caballo.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Novela negra

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN del 28 de marzo al 2 de abril)

 


Parece impensable que algunas personas sigan considerando ciertos subgéneros literarios como de segundo nivel. Y más, que entre ellas haya lectores, críticos, profesores de literatura, autores y periodistas.


El subgénero que tengo en mente es el de la ficción negra o novela criminal. No pocas veces he oído expresiones despectivas hacia él. Como si la literatura criminal no fuera, ante todo, literatura. Como los demás subgéneros, al tiempo que se ocupa de lo suyo, asesinatos, hurtos, traiciones o cualquiera de las acciones vergonzosas fraguadas en el alma humana, la literatura negra muestra la forma de vida de individuos y comunidades, describe los ambientes en los que se desarrollan los hechos y puede mover a los lectores a la reflexión e introspección, como el resto de la literatura.


También resulta impensable que ciertos autores de este subgénero contribuyan a fortalecer tal subvaloración. Tengo en mente a algunos a quienes he oído hablar en congresos. Dicen que la novela negra se debe limitar al caso, es decir, al asesinato, al robo, a la traición, a investigarlo sin perderlo de vista porque, aseguran, el único propósito de este subgénero es entretener y si se desvían un poco del asunto… ¡se escapan los lectores! Y así hacen sus obras. Como con miedo a experimentar, a describir la realidad y, menos, a reflexionar sobre ella. Flaco aporte a la sociedad.


Ahora entiendo: esos lectores, críticos, profesores de literatura, autores y periodistas que así piensan no tienen en mente novelas negras, sino novelas que quedaron en obra negra.

viernes, 25 de marzo de 2022

Padre Alberto

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 25 de marzo de 2022)



La muerte, tan vieja y cotidiana, aún consigue sorprendernos, estremecernos y sumirnos en la tristeza a estas alturas de la vida. Y si se lleva a un ser generoso y sabio, de esos que parecen ir adelante de uno poniendo piedras en el río para asegurar nuestros pasos, como el padre Alberto Restrepo González, uno reniega impotente por ese punto final, terco e inamovible, sin encontrar a quién reprocharle.


Como diez curas presidieron la misa fúnebre llena de humo de incienso el lunes pasado. Un llamativo y simbólico ritual en una Santa Gertrudis más o menos llena. El féretro descansó en el suelo del altar y no en esos soportes metálicos en que suelen esperar los muertos su funeral. Se hubiera dicho que el autor de Para leer a Fernando González seguía dictando su lección de humildad y, en todo caso, de permanente pelea contra la vanidad, como en vida.


Sentado a una mesa del café Otraparte, con esa rara mezcla de hombre ceñudo y amable, diseñó el recorrido que debía hacer para reconstruir el Viaje a pie del filósofo de la autenticidad, en 2012. Total, el sacerdote estudió en Manizales y ejerció en pueblos caldenses. Sin ver la boca que me hablaba, perdida entre barbas largas y grises como melenas epifitas, le oí contar:


“Cuando yo fui a estudiar a Manizales, Fernando me mandó una carta que decía: muy bueno que el espíritu te llevó a la fría Manizales a observar a Dios en el Nevado”.


miércoles, 23 de marzo de 2022

El enigmático McCarthy

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 21 al 26 de marzo de 2022)



Hay autores misteriosos, sin duda. Permanecen en el anonimato. Otros no llegan a tanto, pero defienden su privacidad con uñas y dientes y, por consiguiente, no conceden entrevistas o rara vez lo hacen. No les salen a los medios ni para hablar de su obra. Habitan el polo opuesto de la mayoría de los escritores, que tienen alma de publicista.


A veces, tal actitud enigmática motiva la construcción de un mito en torno a ellos, mito que compite con su obra por el interés del público. Como ejemplos, mencionemos al estadounidense J. D. Salinger, el de El guardián en el centeno, que después de la publicación de esta novela, a mediados del siglo XX, se recluyó en casa; el francés Marcel Schwob, al que muchos creen una invención de Borges; el Uruguayo Felisberto Hernández, y la italiana Elena Ferrante, la de Dos amigas. En Colombia tenemos a Tomás González, el de La historia de Horacio.


Es la personalidad de cada cual. Además de respetárseles, debe tenernos sin cuidado. Lo que debe importarnos es su literatura. Por esto, celebramos el anuncio de novedades editoriales de uno de esos misteriosos: Cormac McCarthy, el de La carretera. Dos novelas del norteamericano que prefiere la compañía de científicos a la de escritores. Se titulan: El pasajero y Stella Maris. De aquella, el autor adelantó algo en 2015: alude a la locura y las matemáticas; su editor anticipa que ambas están vinculadas y tratan del amor entre dos hermanos obsesionados con el pasado. Quedamos en ascuas hasta fin de año, cuando Random House las edite, al parecer, en un solo volumen.

viernes, 18 de marzo de 2022

Fabiola Lalinde

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 18 de marzo de 2022)

 


Por la época en que conocí a Fabiola Lalinde —la defensora de derechos humanos muerta en Medellín el 12 de marzo pasado— era una mujer triste y amable. Triste, no como alguien que acaba de llorar, sino como quien ha llorado tanto que se le secaron las lágrimas y ha conseguido transformar su cuerpo en la imagen del dolor.


Foto Museo Casa de la Memoria

Ya habían pasado los 4.428 días de incertidumbre —ella los contaba—, desde octubre de 1984 cuando su hijo Luis Fernando Lalinde fue desaparecido, torturado y asesinado por el Ejército en una montaña situada entre Jardín y Riosucio. Días después —¿750 quizá?, yo no los contaba—, nos acompañó en un evento de noviolencia en Sabaneta. Con orden y calma, como quien lo ha hecho muchas veces, narró los últimos días de su hijo, que ella reconstruyó, recorriendo la geografía antioqueña. Cuáles montañas pisó, cuáles ríos vadeó, en cuál cañada se agachó a beber agua, con cuáles campesinos conversó, hasta que… Luis Fernando pareció evaporarse en la noche de niebla que envuelve y devora a los desaparecidos. Habló también de su lucha incesante por hallarlo.


El día de la desaparición del hijo ella murió en buena parte, pero dejó una chispita que le alcanzara para buscarlo y convertirse en ejemplo para otros familiares de desaparecidos.


Al donar su archivo a la Universidad Nacional, en 2018, dijo:


“Cuando buscamos, dudamos, preguntamos, vamos en busca de la verdad, pero cuando encontramos, cuando tenemos una respuesta, nos damos cuenta que este es solo un paso…"

miércoles, 16 de marzo de 2022

Xenofobia

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN del 14 al 19 de marzo de 2022)

 


Como si con las manos se pudiera atajar un río —un río de letras—, las voces de xenofobia del mundo esperan detener las ideas rusas en Occidente. Olvidan que las letras y las palabras, en las que viajan las ideas, son como el agua: buscan y encuentran resquicios, por ínfimos que sean, para colarse.


Directivos de la Universidad de Bicocca, en Milán, Italia, censuraron a un profesor por su curso sobre Fiodor Dostoievski y su obra. El autor de obras como Crimen y castigo y El jugador es clave para entender el espíritu humano de todas partes, los cambios de pensamiento, los debates entre bien y mal. Los censores salieron luego a decir que no habrá censura.


La Policía Nacional de Polonia prohibió la presentación de la ópera Boris Godunov, del ruso Modest Músorgski, en Varsovia. Esta pieza del siglo XIX narra un ataque al zar Boris I por parte de los falsos Dimitris para hacerse con el poder.


Por solicitud de Ucrania, al pueblo ruso le limitan la comunicación por redes sociales. Aunque la Icann, la corporación de internet para la asignación de nombres, dice que no desconectará a los rusos.


Plácido Domingo no pudo dar un concierto en Moscú el 8 de marzo. ¿La razón? Lo cancelaron. Hace unos días, humoristas de una emisora colombiana bromeaban diciendo que deberían prohibir la montaña rusa, la ruleta rusa y otras cosas en cuyo nombre está ese gentilicio.


Detestables y obtusas, son muestras de xenofobia. Este sentimiento mantiene a flor de piel. Ahora, con la guerra entre Rusia y Ucrania, a quienes la sufren se les aumenta la picazón.

viernes, 11 de marzo de 2022

Pedir encima

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 11 de marzo de 2022)



El sentido de la columna de la semana pasada, en la que decía que al reconstruir la Plaza de Mercado de Envigado ojalá se actualice en arquitectura e higiene, pero no pierda su naturaleza de plaza, no es nostálgico. Por cierto, la nostalgia, el sentimiento de añorar lo pasado solo porque sí, resulta fastidiosa.


La necesidad de que la Plaza siga siendo plaza obedece a motivos culturales. Porque, como afirman teóricos de la economía, lo importante no es tanto la venta, la compra, la ganancia, sino las relaciones que establecen los humanos en torno a las transacciones. En la Plaza se relacionan campesinos, artesanos, vendedores y clientes de manera directa; sin intermediarios.


El pueblo es su auténtico dueño. De ahí el aire de familiaridad en el que se hacen los negocios. Un cliente, a quien fácilmente llaman por su nombre —no por cortesía comercial sino por sincera amabilidad—, se atreve a regatear; otro, a pedir encima; un tercero, a pedir rebaja. Hay una serie de actividades, usos y costumbres afines a quienes allí se reúnen. En la cantina, por ejemplo, confluyen proveedores, vendedores y clientes en busca de diálogo, bebidas y músicas que satisfacen sus gustos.


En suma, palpita la identidad cultural. Es decir, la conciencia que tenemos los individuos de pertenecer a un grupo, compartir hábitos, formas de hacer las cosas y ver la vida. Por eso, no se trata de nostalgia, sino de respeto por la identidad cultural que gravita en la Plaza.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Favorita

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 7 al 12 de marzo de 2022)

 



Mi autora favorita es Flannery O’Connor. La estadounidense pinta como nadie los ambientes sureños y, en especial, la carga religiosa que atraviesa las relaciones entre las personas. Carga que no pocas veces ejerce una influencia de intolerancia y violencia. “—¡Oh, Señor —rezó—. Aparece y limpia este mundo de las porquerías!”, clama un personaje suyo.


Otra favorita es Margarite Yourcenar. A la belga le agradezco haberme presentado a uno de los personajes más interesantes de la historia y la literatura: el emperador Adriano.Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes”. 


Mi poeta favorita es Dulce María Loynaz. La cubana es dueña de una sensibilidad sin igual y un lenguaje pulido, más dulce que su nombre. En una de las Cartas que no se extraviaron, dirigida a un Gabriel Castaño, advierte: “Si sus escrúpulos dependen de que no le agrada tratar asuntos monetarios con una dama, permítame enterarle de que en mi primera encarnación fui hombre: era yo hijo de un cadi de Damasco; todos los médiums retrospectivos están de acuerdo en eso…”.


En Colombia, mi favorita es Meyra Delmar. La barranquillera es precisa para nombrar la ambigüedad del sentimiento.


Otra favorita es María Mercedes Carranza. La bogotana expresa bien el desasosiego, la soledad, el hastío.


Otra favorita es Lucía Estrada. La medellinense habita con sus palabras la sombra, el sueño, el misterio. Dice: “Por cada mujer de sal,/ otra de agua se yergue”.


Mis otras favoritas quedan sin nombrar.


viernes, 4 de marzo de 2022

Plaza de Mercado

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 4 de marzo de 2022)



En Star Trek, las series de ciencia ficción, el capitán da un día la orden que jamás quisiera dar: “¡Todos a las cápsulas de escape! ¡Abandonen la nave!”.


La evacuación es urgente. La destrucción del crucero espacial, inminente. En segundos, los navegantes huyen en vehículos individuales con la esperanza de ser rescatados por alguna nave alienígena o llegar a un planeta clase M, es decir, con capacidad de albergar vida humana.


Así está la Plaza de Mercado de Envigado desde el 1 de marzo. La van a demoler y reconstruir. Desde hace días, legumbreros, carniceros, yerbateros, misceláneos, cigarreros, tenderos y vendedores de materos abandonaron el lugar, cada cual por su lado, y fueron a ocupar locales, por lo general cercanos a este centro gravitacional de mercado. Guardan la esperanza de volver un día a ocupar la nueva Plaza.


Aunque desde la Administración Municipal aseguran que ninguna de las 400 personas que se ganan la vida allí perderá el puesto, sé de al menos una que no tiene esperanza de regresar. Esperanza Hernández, la mujer que atendía un servicio sanitario en el pasillo occidental. Esa que uno veía leyendo libros en esos lapsos en los que no acudía alguien acosado por la tiranía de sus entrañas. “Pregunté y me dijeron: no. Esto va a ser una cosa muy distinta”, contó.


Esperemos que la Plaza de Mercado se actualice en arquitectura e higiene, pero no pierda su naturaleza de plaza por parecerse a un centro comercial, inodoro, desabrido... y sin alma.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Elecciones

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 28 de febrero al 5 de marzo de 2022)



Al pobre marzo le tocan las elecciones políticas. Esto nos hace pensar que la literatura se ha ocupado de todo; hasta de las elecciones. No han faltado escritores que en charlas y discursos hayan hablado del tema, ni relatos que lo hayan abordado.


El último secretario de Jorge Luis Borges, Roberto Alifano, consignó en su libro El humor de Borges, algunas conversaciones con el autor de El Aleph.La profesión de los políticos es mentir (...) no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad”.


Novelas sobre elecciones también forman un río de letras. El francés Michel Houellebecq publicó Sumisión en 2015. Pinta una Francia en la que gana un candidato árabe. Sus cambios traen desigualdad entre mujeres y hombres, legalización de la poligamia y una posible creación de un imperio árabe que intentaría extenderse por Europa.


Hace 90 años, el mexicano Martín Luis Guzmán editó Aventuras democráticas, sobre un país recomponiéndose después de la Revolución.


Una de las obras más sonadas de este asunto es el Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago. En las elecciones de una ciudad sin nombre barre el voto en blanco, que el autor presenta como una salida plausible ante la política corrupta. En la presentación de la obra, sucedida en Lisboa hace 18 años, Saramago expresó:


“Podemos quitar y poner gobiernos, pero no podemos derribar el verdadero poder: las estructuras económicas y financieras”.

viernes, 25 de febrero de 2022

Después lo llamo

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 25 de febrero de 2022)

 


Hay personas que saludan sin pensar. Preguntan o responden como por reflejo. Hay quienes son dueños de una especie de amabilidad comercial, fingida y estándar.


Conozco a un Guillermo, contador él, que se queja porque sus clientes, en especial los de mayor confianza, suelen decirle: “después lo llamo”, cuando los busca por teléfono. Pero no lo llaman.


Tengo amigos que, al vernos, me dicen: “tenemos que hablar”. Otros, que no desaprovechan contacto para proponer almorzar o tomar café “un día de estos”. Pero no se llega el día de hablar ni de tomar café ni de almorzar.


Esas fórmulas verbales, con las mismas palabras de siempre como un “hola”, un “después lo llamo” o un “qué hay de nuevo”, o con otras distintas como “tenemos que sacar tiempo para tomarnos un café”, hacen parte de lo que los lingüistas llaman función fática del lenguaje. Sirven para afirmar, mantener o detener la comunicación. Casi que para administrarla.


Y no es que los hablantes mientan. Tal vez ambos —o al menos uno de ellos— tienen la intención de volver a llamar o el deseo de encontrarse a tomar un café e intercambiar dos palabras, pero no siempre se da.


Puede que la función fática no sea tan prestigiosa como la poética, pero es muy útil. Esos pequeños contactos sirven, entre otras cosas, para mantener la amistad más o menos aceitada. Son expresiones que intentan significar aproximación, que ahí está uno y ahí está el otro y no nos hemos olvidado… del todo.


miércoles, 23 de febrero de 2022

Juglar del Magdalena

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 21 al 26 de febrero de 2022)

 


Cuando Julio Erazo componía una canción, se la cantaba primero a su mamá, Carmen Cuevas. Ella fue la primera en escuchar temas como Yo conozco a Claudia y La puya guamalera, las primeras que grabó el artista en noviembre de 1950.


Julio Erazo murió el pasado 12 de febrero. Es uno de los creadores más versátiles del país. Más de 350 obras, entre boleros, paseos, bambucos, guabinas, cumbias, merengues, porros, sones, puyas, corridos, valses, baladas y rancheras salieron de su caletre y fueron grabadas en su voz o la de otros.


Versátil, porque no deja de impresionar que del mismo músico salieran temas como el alegre pasaje Hace un mes (“Hace un mes que no te miro/ hace un mes que no te abrazo/ hace un mes que no suspiro/ apretao entre tus brazos”) o el sentido tango Lejos de ti (“Pero estoy lejos de ti/ sin saber cómo estarás/ si estarás pensando en mí/ o no me recordarás…”), que escribió para quien sería su esposa, Elides Martínez.


Como cantante, integró los grupos Julio Erazo con sus Guamaleros, Julio Erazo y sus Chimilas y Los Corraleros de Majagual.


En su casa de Guamal, Magdalena, contó un día que cuando crearon el departamento del Cesar, separándolo del Magdalena, Rafael Escalona dijo que este territorio se había quedado sin músicos. Erazo le respondió con el paseo Aquí está el Magdalena, en el que le recordaba: “aquí quedé yo, José Barros, también Choperena, Gary Fuentes, Andrés Paz, Abelito, Pacho Rada, Martelo y Marchena…”.


La vida de Julio Erazo resume la idiosincrasia del hombre costeño: alegre, amable y enamorado.

viernes, 18 de febrero de 2022

Comerse el dinero

(Columna publicada en el periódico Gente, del grupo El Colombiano, el 18 de febrero de 2022) 



Uno a veces se confunde y cree, pobre iluso, que eso de las distopías o sociedades indeseables, son solo asunto de la literatura y el cine.


Ciudades de aires irrespirables, aguas escasas e imbebibles, inmensas hordas de seres que compiten a muerte por alimento, diásporas de multitudes que huyen del hambre para caer en la esclavitud…


Pero no. A esas realidades nos dirigimos, y ya no de manera lenta como algunos suponen y todos desearíamos. Medidas como la de exonerar del cumplimiento del pico y placa a quienes paguen un permiso demuestran que a los gobernantes no les interesa la descontaminación del aire y, con esta, la prevención de enfermedades respiratorias y la mitigación del cambio climático. Qué va. No les interesa siquiera aliviar la movilidad, sabiendo que los trancones generan pérdidas a empresarios y trabajadores…


¿La filosofía del pico y placa no era, pues, cuidar el medio ambiente y mejorar el flujo vehicular? ¿Acaso si conductores pagan para mover el carro cuando no les corresponde, estos no contaminan ni forman trancón?


Quienes diseñan y aplican estas normas —y otras que no menciono para no mezclar las cosas— se parecen a los malvados de esas novelas y películas distópicas: se benefician de la destrucción. No les va ni les viene que la gente se mate, con tal de llenar sus bolsillos. El día que no haya aire, ni agua, ni alimento, ¿se comerán las monedas y las criptomonedas? Vaya uno a saber.

jueves, 17 de febrero de 2022

Molière

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 14 al 19 de febrero de 2022)

 


Este 17 de febrero se cumplen 349 años de la muerte de Molière, uno de los teatreros más influyentes de todos los tiempos. A quienes se preocupen porque 349 no es una cifra redonda, como las que suelen recordar los periódicos, les consolaré diciendo que el pasado 15 de enero se celebraron 400 años de su nacimiento en París: ocurrió en 1622.


Molière, por Pierre Mignard I

Jean-Baptiste Poquelín era su nombre; Molière, su seudónimo de actor y dramaturgo. Su figura sigue siendo tan grande, que grupos teatrales profesionales, aficionados y estudiantiles continúan montando sus obras más que las de muchos autores actuales. ¿Quién no ha oído hablar de Tartufo, que critica al hipócrita? ¿O El médico a palos, en la que a un leñador funge de médico? El misántropo, El cornudo imaginario son otras creaciones suyas. Varias de sus obras fueron prohibidas en su tiempo, porque atacaban la mentira, la impostura, la pedantería de los académicos, la soberbia de los burgueses…


Molière murió de tuberculosis a los 51 años. La Iglesia no permitía que a los actores los enterraran en la tierra sagrada de los cementerios. Su viuda clamó para que recibiera funeral sencillo y de noche. Lo sepultaron en una especie de “limbo”, un suelo que no era santo ni maldito: el sitio de los niños no bautizados del cementerio de Saint Joseph.


“Gocen la primavera de los años juveniles y conságrense a sus ternuras. No pierdan ni un instante. Que a la belleza la borra el tiempo, y acude rápido la edad de hielo, que trueca los placeres en tristeza”. Cantan gitanas en alguna parte de El enfermo imaginario.