viernes, 25 de febrero de 2022

Después lo llamo

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 25 de febrero de 2022)

 


Hay personas que saludan sin pensar. Preguntan o responden como por reflejo. Hay quienes son dueños de una especie de amabilidad comercial, fingida y estándar.


Conozco a un Guillermo, contador él, que se queja porque sus clientes, en especial los de mayor confianza, suelen decirle: “después lo llamo”, cuando los busca por teléfono. Pero no lo llaman.


Tengo amigos que, al vernos, me dicen: “tenemos que hablar”. Otros, que no desaprovechan contacto para proponer almorzar o tomar café “un día de estos”. Pero no se llega el día de hablar ni de tomar café ni de almorzar.


Esas fórmulas verbales, con las mismas palabras de siempre como un “hola”, un “después lo llamo” o un “qué hay de nuevo”, o con otras distintas como “tenemos que sacar tiempo para tomarnos un café”, hacen parte de lo que los lingüistas llaman función fática del lenguaje. Sirven para afirmar, mantener o detener la comunicación. Casi que para administrarla.


Y no es que los hablantes mientan. Tal vez ambos —o al menos uno de ellos— tienen la intención de volver a llamar o el deseo de encontrarse a tomar un café e intercambiar dos palabras, pero no siempre se da.


Puede que la función fática no sea tan prestigiosa como la poética, pero es muy útil. Esos pequeños contactos sirven, entre otras cosas, para mantener la amistad más o menos aceitada. Son expresiones que intentan significar aproximación, que ahí está uno y ahí está el otro y no nos hemos olvidado… del todo.


miércoles, 23 de febrero de 2022

Juglar del Magdalena

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 21 al 26 de febrero de 2022)

 


Cuando Julio Erazo componía una canción, se la cantaba primero a su mamá, Carmen Cuevas. Ella fue la primera en escuchar temas como Yo conozco a Claudia y La puya guamalera, las primeras que grabó el artista en noviembre de 1950.


Julio Erazo murió el pasado 12 de febrero. Es uno de los creadores más versátiles del país. Más de 350 obras, entre boleros, paseos, bambucos, guabinas, cumbias, merengues, porros, sones, puyas, corridos, valses, baladas y rancheras salieron de su caletre y fueron grabadas en su voz o la de otros.


Versátil, porque no deja de impresionar que del mismo músico salieran temas como el alegre pasaje Hace un mes (“Hace un mes que no te miro/ hace un mes que no te abrazo/ hace un mes que no suspiro/ apretao entre tus brazos”) o el sentido tango Lejos de ti (“Pero estoy lejos de ti/ sin saber cómo estarás/ si estarás pensando en mí/ o no me recordarás…”), que escribió para quien sería su esposa, Elides Martínez.


Como cantante, integró los grupos Julio Erazo con sus Guamaleros, Julio Erazo y sus Chimilas y Los Corraleros de Majagual.


En su casa de Guamal, Magdalena, contó un día que cuando crearon el departamento del Cesar, separándolo del Magdalena, Rafael Escalona dijo que este territorio se había quedado sin músicos. Erazo le respondió con el paseo Aquí está el Magdalena, en el que le recordaba: “aquí quedé yo, José Barros, también Choperena, Gary Fuentes, Andrés Paz, Abelito, Pacho Rada, Martelo y Marchena…”.


La vida de Julio Erazo resume la idiosincrasia del hombre costeño: alegre, amable y enamorado.

viernes, 18 de febrero de 2022

Comerse el dinero

(Columna publicada en el periódico Gente, del grupo El Colombiano, el 18 de febrero de 2022) 



Uno a veces se confunde y cree, pobre iluso, que eso de las distopías o sociedades indeseables, son solo asunto de la literatura y el cine.


Ciudades de aires irrespirables, aguas escasas e imbebibles, inmensas hordas de seres que compiten a muerte por alimento, diásporas de multitudes que huyen del hambre para caer en la esclavitud…


Pero no. A esas realidades nos dirigimos, y ya no de manera lenta como algunos suponen y todos desearíamos. Medidas como la de exonerar del cumplimiento del pico y placa a quienes paguen un permiso demuestran que a los gobernantes no les interesa la descontaminación del aire y, con esta, la prevención de enfermedades respiratorias y la mitigación del cambio climático. Qué va. No les interesa siquiera aliviar la movilidad, sabiendo que los trancones generan pérdidas a empresarios y trabajadores…


¿La filosofía del pico y placa no era, pues, cuidar el medio ambiente y mejorar el flujo vehicular? ¿Acaso si conductores pagan para mover el carro cuando no les corresponde, estos no contaminan ni forman trancón?


Quienes diseñan y aplican estas normas —y otras que no menciono para no mezclar las cosas— se parecen a los malvados de esas novelas y películas distópicas: se benefician de la destrucción. No les va ni les viene que la gente se mate, con tal de llenar sus bolsillos. El día que no haya aire, ni agua, ni alimento, ¿se comerán las monedas y las criptomonedas? Vaya uno a saber.

jueves, 17 de febrero de 2022

Molière

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 14 al 19 de febrero de 2022)

 


Este 17 de febrero se cumplen 349 años de la muerte de Molière, uno de los teatreros más influyentes de todos los tiempos. A quienes se preocupen porque 349 no es una cifra redonda, como las que suelen recordar los periódicos, les consolaré diciendo que el pasado 15 de enero se celebraron 400 años de su nacimiento en París: ocurrió en 1622.


Molière, por Pierre Mignard I

Jean-Baptiste Poquelín era su nombre; Molière, su seudónimo de actor y dramaturgo. Su figura sigue siendo tan grande, que grupos teatrales profesionales, aficionados y estudiantiles continúan montando sus obras más que las de muchos autores actuales. ¿Quién no ha oído hablar de Tartufo, que critica al hipócrita? ¿O El médico a palos, en la que a un leñador funge de médico? El misántropo, El cornudo imaginario son otras creaciones suyas. Varias de sus obras fueron prohibidas en su tiempo, porque atacaban la mentira, la impostura, la pedantería de los académicos, la soberbia de los burgueses…


Molière murió de tuberculosis a los 51 años. La Iglesia no permitía que a los actores los enterraran en la tierra sagrada de los cementerios. Su viuda clamó para que recibiera funeral sencillo y de noche. Lo sepultaron en una especie de “limbo”, un suelo que no era santo ni maldito: el sitio de los niños no bautizados del cementerio de Saint Joseph.


“Gocen la primavera de los años juveniles y conságrense a sus ternuras. No pierdan ni un instante. Que a la belleza la borra el tiempo, y acude rápido la edad de hielo, que trueca los placeres en tristeza”. Cantan gitanas en alguna parte de El enfermo imaginario.

viernes, 11 de febrero de 2022

De chorros a goteos

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 11 de febrero de 2022)



Después de un remedo de tiempo seco, llegaron los aguaceros. Y con estos, ay, reaparecieron los chorros de agua de balcones y terrazas que se suman a los numerosos vertederos de los aleros. Caen a las aceras, es decir, al sitio de los transeúntes. Si nos descuidamos, se tornan en duchas que nos ensucian la cabeza y el vestido.


Aguas que lavan suelos y terrazas. Mugres licuados de la vida doméstica, procedentes de pisos untados vaya usted a saber de qué. O de terrazas en las que tal vez haya excrecencias de animales; jugo de óxido de metales olvidados a la intemperie; aguas desbordadas de llantas, poncheras con ropas enjabonadas, bacinillas o botellas con sus bocas bien abiertas... ¡Qué asco! Y si fumigaron, nos cae además zumo de insecticida…


Sin contar lo obsceno de un espectáculo conformado por edificios dotados de apéndices cilíndricos para verter sus micciones al mundo. Y pensar que sufren de incontinencia. Escampa, cesan los chorros, sí, pero dan paso a goteos intermitentes. Si estamos atentos, apostamos mentalmente que tenemos tiempo de pasar entre una gota y otra, pero esto no siempre es fácil de calcular. Cuando menos pensamos, una partícula traicionera cae con su peso plano, como una moneda líquida, y nos deja su sello tatuado en la coronilla o la tela de un hombro.


Está bien que a los edificios también los afecta la retención de líquidos, pero deberían contar con métodos discretos para evacuarlos; en cualquier caso, no encima de la humanidad que camina por su vera.


miércoles, 9 de febrero de 2022

Ucrania

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 7 al 12 de febrero de 2022)

 


A los ucranianos les soplan vientos de guerra por todas partes y desde muy antiguo. En los últimos tiempos se intensifican por el acoso ruso y los intentos de Occidente por impedirlo.


Para conocer a los ucranianos, quienes sufren los horrores del conflicto, ponen el escenario y los muertos, está la literatura. Con ella podemos saber cómo viven y sienten, qué comen y en qué creen los habitantes de este país de Europa Oriental.


El tema no es nuevo. Hace dos años, El País de España publicó una nota titulada “La guerra alcanza la literatura ucraniana”, de Pilar Bonet. Demuestra que el conflicto incentiva a los escritores a narrar historias. Menciona autores como Serhiy Zhadán, con su novela El internado; Andriy Kurkov, con Abejas grises, y Keteryna Kalytko, con La tierra de lo perdido, entre otros.


El escritor ucraniano más conocido es Mijail Bulgakov, el de Los huevos fatales, Corazón de perro, La isla púrpura y El maestro y Margarita. Este autor participó en la primera Guerra Mundial como médico voluntario y fue herido de gravedad. Aquí, unas líneas iniciales del relato autobiográfico “Morfina”, sustancia con la que trató sus dolores y de la que fue adicto por varios años:


“Las personas inteligentes han observado desde hace tiempo que la felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes. Pero, cuando pasan los años, cómo recuerdas la felicidad, ¡oh, cómo la recuerdas!


En lo que a mí se refiere, solo ahora me doy cuenta de que en el invierno de 1917 fui feliz. ¡Un año inolvidable, impetuoso, acosado por las tormentas de nieve!”


viernes, 4 de febrero de 2022

Compañeros de viaje

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el viernes 4 de febrero de 2022)

 


A veces, cuando llegan los momentos penosos de la existencia, la enfermedad, la soledad, la muerte, se anida en nosotros una angustia que llaman depresión. Deja como una nata en el asiento del alma.


Con ella llega el pensamiento de que entre uno más se relacione y quiera a otros seres, más vamos a sufrir y lo mejor sería entonces estar solos para evitar el dolor. Sin embargo, al rumiar las ideas se llega a la conclusión de que esta manera de pensar no sería más que una posición egoísta. Los seres vivos, no digo humanos solamente, nos identificamos por la fragilidad. Somos débiles, sintientes y sufrientes. Padecemos hambre y otras necesidades, dolor, enfermedad, muerte.


Por eso los seres vivos nos agrupamos, con los de la misma especie o los de otras —perros, gatos y demás animales— para acompañarnos y ayudarnos en los momentos en los que la relación con la existencia es áspera, complicada y amarga. Y, obviamente, para disfrutar de aquellos en que la vida es un jardín de rosas.


Tal vez sea más fácil ser altruista con individuos de nuestra misma especie, porque nos han enseñado que resulta más natural hacerlo con estos y que debemos preferirlos. Y más en un mundo organizado de tal manera que los humanos, erróneamente, nos creemos superiores y principales.


Como sea: con individuos de la misma o diversas especies, el pensamiento solidario debe ser la consigna de los habitantes del universo. Al fin de cuentas, somos compañeros de viaje y atravesamos la misma suerte.


miércoles, 2 de febrero de 2022

Noticias

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 31 de enero al 5 de febrero de 2022)

 


Las noticias literarias constituyen una forma válida y práctica de propiciar la lectura. Las que hablan de novedades editoriales, muertes u otros sucesos de escritores, aniversarios de nacimientos y decesos de estos, o de la publicación de la primera edición de una obra importante.


Este 2 de febrero se celebran 100 años de la primera edición del Ulises de James Joyce en forma de libro. Antes había aparecido por entregas, en revistas. Esta novela revolucionó la forma de narrar en el mundo. Cuenta un día en la vida de tres personajes: Leopold Bloom, Stephen Dedalus y Molly Bloom, y su travesía por Dublín, que bien puede ser una verdadera odisea. Cada uno de sus 18 capítulos posee un estilo diferente: teatro, novela romántica, narrativa clásica, construcción operática… Y acude a numerosos recursos expresivos, como el monólogo interior o la narración omnisciente.


Recientemente presentaron el libro Violeta, de Isabel Allende, muy íntimo. Inspirado en su madre, muestra el Chile de la dictadura y una América Latina en debacle económico. Hace poco editaron la novela Crónicas desde el país más feliz, de Wole Soyinka. Revela una Nigeria en la que se confrontan destrucción y vida, y sostiene que es preciso recuperar los ritos.


Ana Frank

Otra información nos tiene con urgencia de leer ¿Quién traicionó a Ana Frank?, Investigación sobre un caso nunca resuelto, de Rosemary Sullivan. Parece que el traidor fue un notario…


Este libro debe motivar a leer el Diario de Ana Frank y conocer a la niña que se convirtió en símbolo del horror sembrado por los nazis.

sábado, 29 de enero de 2022

En Casablanca habita la espera

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 28 de enero de 2022)

 


No sé ustedes, pero mi gran anhelo para el 2022 es que abran de una vez por todas la casa museo de una de las artistas más importantes de América: Débora Arango.


Foto: Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín

La relación de la gente con esa vivienda ha sido de espera. Primero, cuando la maestra vivía, deseábamos que por un milagro divino ella asomara para poder verla. O al menos, que cuando uno pasara por ahí, estuviera la puerta abierta para colar los ojos hacia el interior y escrutar el misterio.


Después del 4 de diciembre de 2005, cuando murió, aguardábamos lo que pudiera pasar con Casablanca. Festejábamos cada noticia, como cuando la declararon “Bien de Interés Cultural de la Nación y Casa Museo”, con lo cual se logró, por lo menos, que no la demolieran. Casi nos sale hernia de hacer fuerza para que el Municipio de Envigado la comprara a la sobrina propietaria.


Después desbordamos de dicha cuando ¡por fin! la Administración la adquirió por más de 13 mil 500 millones de pesos, con apoyo del Área Metropolitana y el Instituto para el Patrimonio de Antioquia, De eso hace más de cinco años, durante los cuales esperamos la preparación museográfica. Hace casi un año comenzaron visitas guiadas, como dos veces por semana, pero nada definitivo.


Es válido suponer que, ahora que tenemos Secretaría de Cultura, la apertura se agilice. Qué bueno sería contar entre los logros de la primera titular de este despacho, Ruth Verónica Muriel, el ponerle fin a este calvario de esperas.

miércoles, 26 de enero de 2022

¿Quién lee ahora?

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 24 al 29 de enero de 2021)



Un periodista de un medio escrito me lanzó estas “perlas” en una conversación privada, hace unos días: “¿Quién lee a Flaubert en este tiempo? ¿Quién, el Ulises de Joyce?... Ni qué decir de la literatura del siglo XIX y anteriores. Ahora nadie lee más que cosas breves, actuales y sencillas”.


Las respuestas a esas preguntas son obvias: los lectores leen las obras de estos autores y otras más y, obviamente, los no lectores no las leen ni leen nada en absoluto.


El mismo personaje aseguró no conocer a nadie que haya leído la obra del dublinés, de cuya primera edición se cumplen cien años el próximo 2 de febrero. Una novela que revolucionó el arte de escribir en el mundo. Añadió que, por su parte, jamás ha podido pasar de la página 12.


Esto es una paradoja, si se observa bien, porque él vive de personas que sí leen, de modo que no debería partir de la base de que él escribe para los no lectores o a sabiendas de que nadie lee. Además, uno de los deberes de los periodistas, la prensa y los medios en general es fomentar el amor por la lectura, mostrar autores y creaciones diversas, y muchas formas distintas de pensamiento, así como diferentes estilos expresivos, para que no nos quedemos pasando los ojos solamente por lo fácil y para que enriquezcamos nuestra forma de entender el mundo.


Si bien la lectura —al igual que la afición a las diversas manifestaciones artísticas—, es un goce no tan popular como el del fútbol, es deber de quienes trabajamos con la palabra tratar de seducir a la gente con letras inteligentes de cualquier época y lugar.

jueves, 20 de enero de 2022

Letras de enero


(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 17 al 22 de enero de 2022)



Extraños en un tren, la novela de Patricia Highsmith, está dedicada “A todas las Virginias”. Pero, según sus notas, fue Virginia Kent, una mujer divorciada, a quien la autora jamás dejó de amar.



Nacida en Texas el 19 de enero de 1921, se convirtió en referente del género negro —ese que mezcla maldad, suspenso, miedo y perversión— desde la aparición de dicha obra en 1950, llevada al cine por Alfred Hitchcock.


Con esta y otras creaciones, como la serie Ripley, Crímenes bestiales y El cuchillo, mostró que el mal suele salirse con la suya, aunque duela aceptarlo. Reñía con encasillamientos como el del género negro, y escribió historias sobre el lesbianismo y el sufrimiento de quienes aman y desean a personas del mismo sexo. Asunto arriesgado en su época, pues los homosexuales, considerados enfermos mentales, eran encerrados y tratados con choques eléctricos. Entre estas historias, publicó El precio de la sal en 1951, con el seudónimo Claire Morgan. La reeditó con su nombre, con el título Carol, en 1989.


La paridora, relato incluido en Pequeños cuentos misóginos, dice:


“Para Elaine, el matrimonio significaba hijos. El matrimonio significaba también otras muchas cosas, naturalmente, tales como crear un hogar, levantar la moral a su marido, ser una alegre compañera, todo eso. Pero sobre todo, hijos… para eso servía el matrimonio, ese era el sentido”.


Alcohólica y misántropa, Highsmith murió en Suiza, el 4 de febrero de 1995. Gozo y busco su estilo directo, sin concesiones a las “buenas formas”, y sus enfoques no convencionales ni sensibleros.

jueves, 13 de enero de 2022

Azar y libertad

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 11 al 15 de enero de 2022)



En alguna parte de alguna obra o nota marginal de Franz Kafka leí hace años: “El problema no es la libertad, porque la libertad no existe”. O palabras parecidas. Varias veces he buscado tal cita, pero es en vano; no doy con ella. Entonces, por momentos pienso que la soñé, la inventé, o se la oí al viento que debe ser el mismo que viene desde su territorio y su tiempo hasta los míos. Soy consciente de que, así como no nos bañamos dos veces en el mismo río, no nos sopla dos veces la misma corriente de aire, pero tal vez el agua y el aire sí sean los mismos desde siempre.


En fin, pensé en la libertad porque sentí en estos días de fin y principio de años algo que se le parece mucho y extrañaba desde hace meses: leer un libro y después otro y otro más solo porque sí, no por compromiso ni porque deba reseñarlos ni referirme a sus autores ni nada. Es como si hubieran ejercido sobre mí una atracción inexplicable. ¿Serían sus títulos? ¿El color y el diseño de sus carátulas? ¿El extraño nombre de sus creadores? ¿Los exóticos países de los que proceden? ¿Los asuntos que tratan?


Este habla de un vagabundo, nada lo ata a nada y vaga por bosques noruegos haciendo acaso algo más que existir; aquel, de una historia ocurrida en Estambul hace siglos, con iluminadores de libros y misteriosos asesinos; este otro, de un pueblo sin memoria llamado Karakí y una región de Nieves Perpetuas que, por desconocida, genera mitos y prejuicios.


Así es la lectura de vacaciones, suelta, caprichosa y arbitraria. Uno se deja arrastrar sin rumbo en un río de azares.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Letras de diciembre

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 20 al 25 de diciembre de 2021)


 

Entre las piezas literarias que llevan diciembre en el título, creo que nadie me perdonaría si dejara por fuera el poema Noche de diciembre, de Rafael Pombo.


R. Pombo. Museo Nacional de Colombia

Su primera estrofa dice:


        Noche como esta, y contemplada a solas

        no la puede sufrir mi corazón:

        da un dolor de hermosura irresistible,

        un miedo profundísimo de Dios.


Algunos sostienen que es un poema perfecto, por el tratamiento romántico. Pombo es una de las figuras esenciales de la literatura colombiana, por su legado en fábula, cuento, poesía y traducción…


Entre los cuentos, hay uno del quindiano Gustavo Rubio: Diciembre sin ti. Hace parte del volumen Te das cuenta que no hay nada que amar.


En novela, llegan a la mente algunos ejemplos: Si llegamos a diciembre, del cubano Francisco Prieto, dueño de una bibliografía colmada de metáforas católicas. El Nobel de 1976, el canadiense Saul Bellow, tiene la novela El diciembre del decano, en la que habla de la reacción de la sociedad por unas columnas polémicas publicadas por el decano de periodismo de la Universidad de Chicago. Anita Shreve, escritora y periodista, estadounidense autora de novelas de amor, escribió Una boda en diciembre. Además de hablar sobre una boda en diciembre, se refiere a la amistad y el reencuentro.


Creo que no me perdonaría si dejara por fuera a la barranquillera Marvel Moreno, cuyas obras, enmarcadas en el realismo mágico, hablan de la mujer víctima del machismo.


En su novela En diciembre llegaban las brisas, Lina recuerda las vidas de varias mujeres de la élite de La Arenosa que sufren violencia sexista.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Se los llevó el 2021

(Columna publicada en el semanario GENTE el 17 de diciembre de 2021) 



Antonio Caballero, con su aguda manera de reducir al absurdo cuanto tocaba, dijo una vez que Sin remedio, su novela, no era más que una forma de hablar sobre la dificultad de escribir un poema.


Esa obra, bien recibida por los lectores, es una sátira contra la sociedad bogotana de los años sesenta del siglo XX. Su personaje central, Ignacio Escobar, es un poeta frustrado que observa la ciudad y la critica mordazmente. Estas son las líneas iniciales de esa gran novela:


“A los treinta y un años Rimbaud estaba muerto. Desde la madrugada de sus treinta y un años Escobar contempló la revelación, parada en el alféizar como un pájaro: a los treinta y un años Rimbaud estaba muerto. Increíble”.


Se acerca el final de año y algunos recuerdan lo que hicieron y dejaron de hacer. Otros recuerdan a los muertos. A los muertos cercanos, amigos y parientes, sí, pero también a esos otros muertos cercanos, los escritores, que de tanto leerlos parecen amigos o parientes. Entre estos, cómo no, está Caballero, el periodista de opinión más leído de Colombia. Murió el 10 de septiembre.


Y es que en las letras hubo varios muertos cercanos, además de este, que bien vale la pena recordar en estos días. El nadaísta Jaime Jaramillo Escobar o X-504; la española Almudena Grandes, la de Las edades de Lulú. Y el italiano Roberto Calasso, el de Cien cartas a un desconocido.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Vallenato

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, en la semana del 13 al 18 de diciembre de 2021)



Marina Quintero es una de las personas más conocedoras del folclor vallenato. Además, lo ama como nadie. Lo respira y siente desde que era niña en los parajes ocañeros, lo ha cargado consigo en mochilas y en el alma cuando se marchó de su pueblo, primero a Bogotá y, después, a Medellín, donde aquietó sus plantas.


Serie Con Sentido, de U. de A.

Acaba de sacar al público un exquisito disco compacto titulado Vallenato que Enseña y Canta. Acorde con su saber, escogió canciones de bellas letras y sentidas melodías. Piezas clásicas del folclor de la costa atlántica.


Acompaña su voz diáfana con el acordeón de Hildemaro Bolaño, entre otros músicos. Parrandas inolvidables, de Gustavo Gutiérrez Cabello; La muerte de Moralito, de Leandro Díaz, y La nostalgia de Poncho, de Rafael Escalona, están entre las 12 letras del disco.


De La espumita del río, creación de Julio Erazo, compositor guamalero que hasta tangos tiene en su repertorio, son estos versos sencillos y dicientes:


                Ahí te mando mi cariño con la espumita del río

                es un pedazo de mi alma que va muriendo de frío.


Desde la investigación, el canto y la difusión del folclor caribeño, campos en que predominan los hombres, Marina Quintero se destaca por su calidad. Es infaltable en las noches de fines de semana en el espacio “Una voz y un Acordeón”, de la emisora cultural Universidad de Antioquia, porque de manera grata, como si conversara con los oyentes, cuenta la historia musical de los pueblos, explica los aportes de los artistas y relata la historia de las canciones: deja que se cuele por el micrófono su alma de profesora.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Aguinaldo

(Columna publicada en el semanario Gente el 10 de diciembre de 2021)



Supongamos que Un hijo natural, de Julio Nombela, sea uno de los volúmenes de mi biblioteca cuya edición se hunde más en el tiempo. Data de 1929. Es un pequeño ejemplar publicado por la Librería de la Vda. De Ch. Bouret.


Alejandro Dumas hijo tiene una novela titulada El hijo natural, en la que el personaje entiende que no necesita a un padre que no lo quiere como hijo; en la de Nombela, el protagonista cree que debe obedecer al corazón y no guardar rencor al papá.


Pero no deseo hablar del escritor francés, ni del español, ni de sus obras. Quiero resaltar que ese ejemplar tiene 92 años y goza de buena salud. Lo debe haber leído un puñado de personas antes que manos mayores lo pasaran a las mías. Puede seguir siendo leído, porque, ¡cosa maravillosa!, el material del que está hecho no se deshace ni las palabras se borran cuando se posa la vista en ellas.


Con este solo argumento, el utilitarista, puedo asegurar que un libro puede ser uno de los aguinaldos más baratos e ideales. Y original, pues ya a nadie parece ocurrírsele dar sino aparatos. Y eso, sin recurrir a argumentos más contundentes, como que un libro —de ficción, no ficción, ciencias o filosofía— encierra un mundo de ideas que encienden la chispa de nuevas ideas en la mente que las recibe, para generar, cómo no, otras nuevas, en una sucesión que toca el infinito.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Serrat

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 6 al 11 de diciembre de 2021)



Penélope es una canción de amor de Joan Manuel Serrat. Una mujer espera por años y años a su amado, quien le prometió volver. Todo cambia, menos el amor de ella por él. Cuando el amante por fin regresa, ella no lo reconoce. Se trata de una versión libre y actualizada de la Odisea, vista, no a través de los ojos de Ulises, sino de quien lo esperaba en casa.


Serrat es un cantautor excepcional. De su caletre han salido las canciones Mediterráneo y Pueblo Blanco, con versos afortunados que cualquiera correría a firmar:


Yo que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno

Que han vertido en ti cien pueblos, de Algeciras a Estambul

Para que pintes de azul sus largas noches de invierno,


dice una;


El sacristán ha visto

Hacerse viejo al cura



El cura ha visto al cabo

Y el cabo al sacristán

Y mi pueblo después

Vio morir a los tres

Y me pregunto ¿por qué nacerá gente

Si nacer o morir es indiferente?,


dice la otra. Y esto por no traer a cuento como ejemplo más que dos.


Con su magnífica voz ha interpretado poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández, para que la gente los lea con los oídos.


Ahora en la península ibérica cuentan, cantan y trinan que el artista dejará de cantar en escenarios en 2022. Esto me recuerda la risa de Tito Nieves, el Pavarotti de la salsa, cuando le pregunté por el anunciado retiro de Willie Colón. “Los cantantes no nos retiramos, por más que queramos y lo expresemos”. El tiempo le dio la razón: Colón siguió descubriendo América con su canto. Ojalá con Serrat también se cumplan las palabras de Nieves.

viernes, 3 de diciembre de 2021

El negocio de la felicidad

(Columna publicada en el semanario GENTE, de El Colombiano, el 3 de diciembre de 2021)



Si en una encuesta preguntaran: “¿cuál cree que ha sido el mayor negocio en la quinta parte que pasó del siglo XXI?”, apuesto a que la mayoría de las personas consultadas dirían: “la tecnología y sus derivados”.


Cómo no, el desarrollo de lo digital y la realidad virtual ha hecho florecer la producción y venta de aparatos que permiten la interconexión entre los terrícolas. Sin embargo, hay otro negocio que si no mueve los mismos volúmenes de capital, debe acercársele: el de la felicidad.


Comenzó a finales del siglo XX —como el de la tecnología—, con un mar de libros, videos, audios, conferencias, seminarios de autoayuda y superación. Una cantidad inverosímil de material emitido por hombres o mujeres que decían tener las claves y secretos del éxito, la superación personal y la autoestima, y prometían compartirlas con los pobres mortales que por el mundo van. Era como si vendieran el esmeril para limar las imperfecciones.


Cuando el siglo XXI retocó las cosas para darles apariencia de nuevas, surgió el coaching personal y, con él, toneladas de materiales que también prometen mejorar a las personas, porque, según sus promotores, están en obra negra. Ya no dicen superación, sino liderazgo. Y acuñaron una expresión que ya es un lugar común o, peor, un vacío lingüístico: “sacar de ti una mejor versión”.


¿Qué de todo eso no será más que fraude? Perdón, no debo decir fraude; lo dejaré en negocio. Cada cual sabrá si compra o no.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

La India en Occidente

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en diario ADN semana del 29 de noviembre al 4 de diciembre de 2021) 



Hay quienes se sorprenden por el auge actual de la lectura de libros sagrados de la India en América y Europa. No solo El Bhagavad Gita, volumen que hace parte de otro más grande titulado El Mahabharata, el mayor poema épico del país asiático y uno de los textos más antiguos del mundo, sino otros tratados de sabiduría.


El artículo “El nuevo esplendor literario del hinduismo”, firmado por Silvia Hernando y publicado el pasado 23 de noviembre en El País de España, es prueba de tal inquietud. La periodista cree que dicho auge se debe a la necesidad de hallar referentes intelectuales más allá de Occidente e insinúa que mientras esto se da triunfan las prácticas del yoga y el mindfullness.


Ella está bien enfocada. Los modelos orientales de pensamiento y, en este caso, los libros sagrados de la India, enseñan la adoración a lo divino y a la Naturaleza. Y el apogeo del yoga —disciplina espiritual y física que, según las religiones del Indo, es el camino para encontrar lo verdadero— y del mindfullness —una enseñanza de Buda que traducen como conciencia plena y explican como la capacidad de prestar atención a la experiencia del momento con interés, curiosidad y aceptación— ha ayudado a incentivar la lectura de libros sagrados, en los que debemos incluir Los vedas, El ramayana y Los puranas, entre otros.


En Los Upanishads se lee:


“Los chiquillos corren tras los placeres externos y caen en la trampa que les tiende la muerte. Solamente los sabios, conociendo la naturaleza de lo que es inmortal, no buscan nada estable entre todo lo inestable”.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Envigadeñas

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 26 de noviembre de 2021)



Noticia: un libro acaba de imprimirse y está disponible para las mentes inquietas. Se titula Envigadeñas. Su autor, Jaime Alberto Palacio Escobar, es un habitante activo del mundo de las ideas.


Envigadeñas está conformado por un centenar de instantáneas sobre mujeres de distintas épocas y contextos, que han aportado a la vida social, cultural y empresarial. Margarita Restrepo Gaviria, de aquí y de Otraparte; Adelaida Correa, educadora y líder cívica; Luisa Uribe de Uribe, intérprete musical y compositora, y decenas más.


De Débora Arango, una de las grandes artistas americanas, dice: “El arte fue su universo; el lienzo, el óleo, el color y las formas fueron sus mejores herramientas para expresar su posición como ser ante el mundo”.


Envigadeñas es un libro que nos cabe fácilmente en las manos. Pero la amplia documentación y las muchas conversaciones que requirió el autor para construirlo difícilmente nos caben en la cabeza. Su carátula muestra imágenes difusas de mujeres de distintos colores y que parecen dar la espalda al observador. Es un óleo de la pintora Luz Marina Garcés Sierra, esposa del autor, porque desde la tapa comienza a valorar las acciones de las mujeres. Basta mirar la carátula para interpretar: así son las mujeres, diversas, y en general, ha sido la sociedad la que les ha dado la espalda y no aprecia debidamente su creatividad y esfuerzo.


Envigadeñas es un libro que hacía falta, porque hace visible lo invisible.