sábado, 29 de enero de 2022

En Casablanca habita la espera

(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 28 de enero de 2022)

 


No sé ustedes, pero mi gran anhelo para el 2022 es que abran de una vez por todas la casa museo de una de las artistas más importantes de América: Débora Arango.


Foto: Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín

La relación de la gente con esa vivienda ha sido de espera. Primero, cuando la maestra vivía, deseábamos que por un milagro divino ella asomara para poder verla. O al menos, que cuando uno pasara por ahí, estuviera la puerta abierta para colar los ojos hacia el interior y escrutar el misterio.


Después del 4 de diciembre de 2005, cuando murió, aguardábamos lo que pudiera pasar con Casablanca. Festejábamos cada noticia, como cuando la declararon “Bien de Interés Cultural de la Nación y Casa Museo”, con lo cual se logró, por lo menos, que no la demolieran. Casi nos sale hernia de hacer fuerza para que el Municipio de Envigado la comprara a la sobrina propietaria.


Después desbordamos de dicha cuando ¡por fin! la Administración la adquirió por más de 13 mil 500 millones de pesos, con apoyo del Área Metropolitana y el Instituto para el Patrimonio de Antioquia, De eso hace más de cinco años, durante los cuales esperamos la preparación museográfica. Hace casi un año comenzaron visitas guiadas, como dos veces por semana, pero nada definitivo.


Es válido suponer que, ahora que tenemos Secretaría de Cultura, la apertura se agilice. Qué bueno sería contar entre los logros de la primera titular de este despacho, Ruth Verónica Muriel, el ponerle fin a este calvario de esperas.

miércoles, 26 de enero de 2022

¿Quién lee ahora?

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 24 al 29 de enero de 2021)



Un periodista de un medio escrito me lanzó estas “perlas” en una conversación privada, hace unos días: “¿Quién lee a Flaubert en este tiempo? ¿Quién, el Ulises de Joyce?... Ni qué decir de la literatura del siglo XIX y anteriores. Ahora nadie lee más que cosas breves, actuales y sencillas”.


Las respuestas a esas preguntas son obvias: los lectores leen las obras de estos autores y otras más y, obviamente, los no lectores no las leen ni leen nada en absoluto.


El mismo personaje aseguró no conocer a nadie que haya leído la obra del dublinés, de cuya primera edición se cumplen cien años el próximo 2 de febrero. Una novela que revolucionó el arte de escribir en el mundo. Añadió que, por su parte, jamás ha podido pasar de la página 12.


Esto es una paradoja, si se observa bien, porque él vive de personas que sí leen, de modo que no debería partir de la base de que él escribe para los no lectores o a sabiendas de que nadie lee. Además, uno de los deberes de los periodistas, la prensa y los medios en general es fomentar el amor por la lectura, mostrar autores y creaciones diversas, y muchas formas distintas de pensamiento, así como diferentes estilos expresivos, para que no nos quedemos pasando los ojos solamente por lo fácil y para que enriquezcamos nuestra forma de entender el mundo.


Si bien la lectura —al igual que la afición a las diversas manifestaciones artísticas—, es un goce no tan popular como el del fútbol, es deber de quienes trabajamos con la palabra tratar de seducir a la gente con letras inteligentes de cualquier época y lugar.

jueves, 20 de enero de 2022

Letras de enero


(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 17 al 22 de enero de 2022)



Extraños en un tren, la novela de Patricia Highsmith, está dedicada “A todas las Virginias”. Pero, según sus notas, fue Virginia Kent, una mujer divorciada, a quien la autora jamás dejó de amar.



Nacida en Texas el 19 de enero de 1921, se convirtió en referente del género negro —ese que mezcla maldad, suspenso, miedo y perversión— desde la aparición de dicha obra en 1950, llevada al cine por Alfred Hitchcock.


Con esta y otras creaciones, como la serie Ripley, Crímenes bestiales y El cuchillo, mostró que el mal suele salirse con la suya, aunque duela aceptarlo. Reñía con encasillamientos como el del género negro, y escribió historias sobre el lesbianismo y el sufrimiento de quienes aman y desean a personas del mismo sexo. Asunto arriesgado en su época, pues los homosexuales, considerados enfermos mentales, eran encerrados y tratados con choques eléctricos. Entre estas historias, publicó El precio de la sal en 1951, con el seudónimo Claire Morgan. La reeditó con su nombre, con el título Carol, en 1989.


La paridora, relato incluido en Pequeños cuentos misóginos, dice:


“Para Elaine, el matrimonio significaba hijos. El matrimonio significaba también otras muchas cosas, naturalmente, tales como crear un hogar, levantar la moral a su marido, ser una alegre compañera, todo eso. Pero sobre todo, hijos… para eso servía el matrimonio, ese era el sentido”.


Alcohólica y misántropa, Highsmith murió en Suiza, el 4 de febrero de 1995. Gozo y busco su estilo directo, sin concesiones a las “buenas formas”, y sus enfoques no convencionales ni sensibleros.

jueves, 13 de enero de 2022

Azar y libertad

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 11 al 15 de enero de 2022)



En alguna parte de alguna obra o nota marginal de Franz Kafka leí hace años: “El problema no es la libertad, porque la libertad no existe”. O palabras parecidas. Varias veces he buscado tal cita, pero es en vano; no doy con ella. Entonces, por momentos pienso que la soñé, la inventé, o se la oí al viento que debe ser el mismo que viene desde su territorio y su tiempo hasta los míos. Soy consciente de que, así como no nos bañamos dos veces en el mismo río, no nos sopla dos veces la misma corriente de aire, pero tal vez el agua y el aire sí sean los mismos desde siempre.


En fin, pensé en la libertad porque sentí en estos días de fin y principio de años algo que se le parece mucho y extrañaba desde hace meses: leer un libro y después otro y otro más solo porque sí, no por compromiso ni porque deba reseñarlos ni referirme a sus autores ni nada. Es como si hubieran ejercido sobre mí una atracción inexplicable. ¿Serían sus títulos? ¿El color y el diseño de sus carátulas? ¿El extraño nombre de sus creadores? ¿Los exóticos países de los que proceden? ¿Los asuntos que tratan?


Este habla de un vagabundo, nada lo ata a nada y vaga por bosques noruegos haciendo acaso algo más que existir; aquel, de una historia ocurrida en Estambul hace siglos, con iluminadores de libros y misteriosos asesinos; este otro, de un pueblo sin memoria llamado Karakí y una región de Nieves Perpetuas que, por desconocida, genera mitos y prejuicios.


Así es la lectura de vacaciones, suelta, caprichosa y arbitraria. Uno se deja arrastrar sin rumbo en un río de azares.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Letras de diciembre

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 20 al 25 de diciembre de 2021)


 

Entre las piezas literarias que llevan diciembre en el título, creo que nadie me perdonaría si dejara por fuera el poema Noche de diciembre, de Rafael Pombo.


R. Pombo. Museo Nacional de Colombia

Su primera estrofa dice:


        Noche como esta, y contemplada a solas

        no la puede sufrir mi corazón:

        da un dolor de hermosura irresistible,

        un miedo profundísimo de Dios.


Algunos sostienen que es un poema perfecto, por el tratamiento romántico. Pombo es una de las figuras esenciales de la literatura colombiana, por su legado en fábula, cuento, poesía y traducción…


Entre los cuentos, hay uno del quindiano Gustavo Rubio: Diciembre sin ti. Hace parte del volumen Te das cuenta que no hay nada que amar.


En novela, llegan a la mente algunos ejemplos: Si llegamos a diciembre, del cubano Francisco Prieto, dueño de una bibliografía colmada de metáforas católicas. El Nobel de 1976, el canadiense Saul Bellow, tiene la novela El diciembre del decano, en la que habla de la reacción de la sociedad por unas columnas polémicas publicadas por el decano de periodismo de la Universidad de Chicago. Anita Shreve, escritora y periodista, estadounidense autora de novelas de amor, escribió Una boda en diciembre. Además de hablar sobre una boda en diciembre, se refiere a la amistad y el reencuentro.


Creo que no me perdonaría si dejara por fuera a la barranquillera Marvel Moreno, cuyas obras, enmarcadas en el realismo mágico, hablan de la mujer víctima del machismo.


En su novela En diciembre llegaban las brisas, Lina recuerda las vidas de varias mujeres de la élite de La Arenosa que sufren violencia sexista.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Se los llevó el 2021

(Columna publicada en el semanario GENTE el 17 de diciembre de 2021) 



Antonio Caballero, con su aguda manera de reducir al absurdo cuanto tocaba, dijo una vez que Sin remedio, su novela, no era más que una forma de hablar sobre la dificultad de escribir un poema.


Esa obra, bien recibida por los lectores, es una sátira contra la sociedad bogotana de los años sesenta del siglo XX. Su personaje central, Ignacio Escobar, es un poeta frustrado que observa la ciudad y la critica mordazmente. Estas son las líneas iniciales de esa gran novela:


“A los treinta y un años Rimbaud estaba muerto. Desde la madrugada de sus treinta y un años Escobar contempló la revelación, parada en el alféizar como un pájaro: a los treinta y un años Rimbaud estaba muerto. Increíble”.


Se acerca el final de año y algunos recuerdan lo que hicieron y dejaron de hacer. Otros recuerdan a los muertos. A los muertos cercanos, amigos y parientes, sí, pero también a esos otros muertos cercanos, los escritores, que de tanto leerlos parecen amigos o parientes. Entre estos, cómo no, está Caballero, el periodista de opinión más leído de Colombia. Murió el 10 de septiembre.


Y es que en las letras hubo varios muertos cercanos, además de este, que bien vale la pena recordar en estos días. El nadaísta Jaime Jaramillo Escobar o X-504; la española Almudena Grandes, la de Las edades de Lulú. Y el italiano Roberto Calasso, el de Cien cartas a un desconocido.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Vallenato

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN, en la semana del 13 al 18 de diciembre de 2021)



Marina Quintero es una de las personas más conocedoras del folclor vallenato. Además, lo ama como nadie. Lo respira y siente desde que era niña en los parajes ocañeros, lo ha cargado consigo en mochilas y en el alma cuando se marchó de su pueblo, primero a Bogotá y, después, a Medellín, donde aquietó sus plantas.


Serie Con Sentido, de U. de A.

Acaba de sacar al público un exquisito disco compacto titulado Vallenato que Enseña y Canta. Acorde con su saber, escogió canciones de bellas letras y sentidas melodías. Piezas clásicas del folclor de la costa atlántica.


Acompaña su voz diáfana con el acordeón de Hildemaro Bolaño, entre otros músicos. Parrandas inolvidables, de Gustavo Gutiérrez Cabello; La muerte de Moralito, de Leandro Díaz, y La nostalgia de Poncho, de Rafael Escalona, están entre las 12 letras del disco.


De La espumita del río, creación de Julio Erazo, compositor guamalero que hasta tangos tiene en su repertorio, son estos versos sencillos y dicientes:


                Ahí te mando mi cariño con la espumita del río

                es un pedazo de mi alma que va muriendo de frío.


Desde la investigación, el canto y la difusión del folclor caribeño, campos en que predominan los hombres, Marina Quintero se destaca por su calidad. Es infaltable en las noches de fines de semana en el espacio “Una voz y un Acordeón”, de la emisora cultural Universidad de Antioquia, porque de manera grata, como si conversara con los oyentes, cuenta la historia musical de los pueblos, explica los aportes de los artistas y relata la historia de las canciones: deja que se cuele por el micrófono su alma de profesora.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Aguinaldo

(Columna publicada en el semanario Gente el 10 de diciembre de 2021)



Supongamos que Un hijo natural, de Julio Nombela, sea uno de los volúmenes de mi biblioteca cuya edición se hunde más en el tiempo. Data de 1929. Es un pequeño ejemplar publicado por la Librería de la Vda. De Ch. Bouret.


Alejandro Dumas hijo tiene una novela titulada El hijo natural, en la que el personaje entiende que no necesita a un padre que no lo quiere como hijo; en la de Nombela, el protagonista cree que debe obedecer al corazón y no guardar rencor al papá.


Pero no deseo hablar del escritor francés, ni del español, ni de sus obras. Quiero resaltar que ese ejemplar tiene 92 años y goza de buena salud. Lo debe haber leído un puñado de personas antes que manos mayores lo pasaran a las mías. Puede seguir siendo leído, porque, ¡cosa maravillosa!, el material del que está hecho no se deshace ni las palabras se borran cuando se posa la vista en ellas.


Con este solo argumento, el utilitarista, puedo asegurar que un libro puede ser uno de los aguinaldos más baratos e ideales. Y original, pues ya a nadie parece ocurrírsele dar sino aparatos. Y eso, sin recurrir a argumentos más contundentes, como que un libro —de ficción, no ficción, ciencias o filosofía— encierra un mundo de ideas que encienden la chispa de nuevas ideas en la mente que las recibe, para generar, cómo no, otras nuevas, en una sucesión que toca el infinito.

viernes, 10 de diciembre de 2021

Serrat

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 6 al 11 de diciembre de 2021)



Penélope es una canción de amor de Joan Manuel Serrat. Una mujer espera por años y años a su amado, quien le prometió volver. Todo cambia, menos el amor de ella por él. Cuando el amante por fin regresa, ella no lo reconoce. Se trata de una versión libre y actualizada de la Odisea, vista, no a través de los ojos de Ulises, sino de quien lo esperaba en casa.


Serrat es un cantautor excepcional. De su caletre han salido las canciones Mediterráneo y Pueblo Blanco, con versos afortunados que cualquiera correría a firmar:


Yo que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno

Que han vertido en ti cien pueblos, de Algeciras a Estambul

Para que pintes de azul sus largas noches de invierno,


dice una;


El sacristán ha visto

Hacerse viejo al cura



El cura ha visto al cabo

Y el cabo al sacristán

Y mi pueblo después

Vio morir a los tres

Y me pregunto ¿por qué nacerá gente

Si nacer o morir es indiferente?,


dice la otra. Y esto por no traer a cuento como ejemplo más que dos.


Con su magnífica voz ha interpretado poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández, para que la gente los lea con los oídos.


Ahora en la península ibérica cuentan, cantan y trinan que el artista dejará de cantar en escenarios en 2022. Esto me recuerda la risa de Tito Nieves, el Pavarotti de la salsa, cuando le pregunté por el anunciado retiro de Willie Colón. “Los cantantes no nos retiramos, por más que queramos y lo expresemos”. El tiempo le dio la razón: Colón siguió descubriendo América con su canto. Ojalá con Serrat también se cumplan las palabras de Nieves.

viernes, 3 de diciembre de 2021

El negocio de la felicidad

(Columna publicada en el semanario GENTE, de El Colombiano, el 3 de diciembre de 2021)



Si en una encuesta preguntaran: “¿cuál cree que ha sido el mayor negocio en la quinta parte que pasó del siglo XXI?”, apuesto a que la mayoría de las personas consultadas dirían: “la tecnología y sus derivados”.


Cómo no, el desarrollo de lo digital y la realidad virtual ha hecho florecer la producción y venta de aparatos que permiten la interconexión entre los terrícolas. Sin embargo, hay otro negocio que si no mueve los mismos volúmenes de capital, debe acercársele: el de la felicidad.


Comenzó a finales del siglo XX —como el de la tecnología—, con un mar de libros, videos, audios, conferencias, seminarios de autoayuda y superación. Una cantidad inverosímil de material emitido por hombres o mujeres que decían tener las claves y secretos del éxito, la superación personal y la autoestima, y prometían compartirlas con los pobres mortales que por el mundo van. Era como si vendieran el esmeril para limar las imperfecciones.


Cuando el siglo XXI retocó las cosas para darles apariencia de nuevas, surgió el coaching personal y, con él, toneladas de materiales que también prometen mejorar a las personas, porque, según sus promotores, están en obra negra. Ya no dicen superación, sino liderazgo. Y acuñaron una expresión que ya es un lugar común o, peor, un vacío lingüístico: “sacar de ti una mejor versión”.


¿Qué de todo eso no será más que fraude? Perdón, no debo decir fraude; lo dejaré en negocio. Cada cual sabrá si compra o no.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

La India en Occidente

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en diario ADN semana del 29 de noviembre al 4 de diciembre de 2021) 



Hay quienes se sorprenden por el auge actual de la lectura de libros sagrados de la India en América y Europa. No solo El Bhagavad Gita, volumen que hace parte de otro más grande titulado El Mahabharata, el mayor poema épico del país asiático y uno de los textos más antiguos del mundo, sino otros tratados de sabiduría.


El artículo “El nuevo esplendor literario del hinduismo”, firmado por Silvia Hernando y publicado el pasado 23 de noviembre en El País de España, es prueba de tal inquietud. La periodista cree que dicho auge se debe a la necesidad de hallar referentes intelectuales más allá de Occidente e insinúa que mientras esto se da triunfan las prácticas del yoga y el mindfullness.


Ella está bien enfocada. Los modelos orientales de pensamiento y, en este caso, los libros sagrados de la India, enseñan la adoración a lo divino y a la Naturaleza. Y el apogeo del yoga —disciplina espiritual y física que, según las religiones del Indo, es el camino para encontrar lo verdadero— y del mindfullness —una enseñanza de Buda que traducen como conciencia plena y explican como la capacidad de prestar atención a la experiencia del momento con interés, curiosidad y aceptación— ha ayudado a incentivar la lectura de libros sagrados, en los que debemos incluir Los vedas, El ramayana y Los puranas, entre otros.


En Los Upanishads se lee:


“Los chiquillos corren tras los placeres externos y caen en la trampa que les tiende la muerte. Solamente los sabios, conociendo la naturaleza de lo que es inmortal, no buscan nada estable entre todo lo inestable”.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Envigadeñas

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 26 de noviembre de 2021)



Noticia: un libro acaba de imprimirse y está disponible para las mentes inquietas. Se titula Envigadeñas. Su autor, Jaime Alberto Palacio Escobar, es un habitante activo del mundo de las ideas.


Envigadeñas está conformado por un centenar de instantáneas sobre mujeres de distintas épocas y contextos, que han aportado a la vida social, cultural y empresarial. Margarita Restrepo Gaviria, de aquí y de Otraparte; Adelaida Correa, educadora y líder cívica; Luisa Uribe de Uribe, intérprete musical y compositora, y decenas más.


De Débora Arango, una de las grandes artistas americanas, dice: “El arte fue su universo; el lienzo, el óleo, el color y las formas fueron sus mejores herramientas para expresar su posición como ser ante el mundo”.


Envigadeñas es un libro que nos cabe fácilmente en las manos. Pero la amplia documentación y las muchas conversaciones que requirió el autor para construirlo difícilmente nos caben en la cabeza. Su carátula muestra imágenes difusas de mujeres de distintos colores y que parecen dar la espalda al observador. Es un óleo de la pintora Luz Marina Garcés Sierra, esposa del autor, porque desde la tapa comienza a valorar las acciones de las mujeres. Basta mirar la carátula para interpretar: así son las mujeres, diversas, y en general, ha sido la sociedad la que les ha dado la espalda y no aprecia debidamente su creatividad y esfuerzo.


Envigadeñas es un libro que hacía falta, porque hace visible lo invisible.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

El fin del mundo

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 22 al 27 de noviembre de 2021) 


 

Uno no ha vivido un fin del mundo, lo ha leído no más.


“Gracias” al cambio climático, cada vez más parecemos personajes salidos de una novela de Cormac McCarthy con el paisaje quemado, o de una de Stephen Baxter donde las ciudades son tragadas por el agua. Y en ambas surgen escenarios de hambruna y barbarie.


No termina la peste, nos alentamos con cifras que bajan, cuando los científicos salen a decir: no canten victoria; viene otro pico. Y bueno, la literatura nos había anticipado que esto podía suceder. Jack London, en La peste escarlata, hace más de 100 años; Philip Roth, en Némesis, hace más de diez. Común denominador: devastación y desesperanza.


¿Quién le cree a la Cumbre de Glasgow sobre cambio climático, si gobiernos de países que más dañan el planeta apenas se comprometen tibiamente a reducir su porquería?


Ahora advierten una inminente escasez de alimentos y productos, en parte como consecuencia de la pandemia, y en parte porque las materias se agotan por la cultura del úselo y tírelo impulsada por el consumismo, como anunció Eduardo Galeano en un libro publicado en 1994: «“La salud del mundo está hecha un asco”. “Somos todos responsables”, claman las voces de la alarma universal, y la generalización absuelve: si somos todos responsables, nadie es».


Todo está anotado en los libros. El checo Vaclav Smil (Energía y civilización y Los números no mienten: 71 historias para entender el mundo) señala que en unos cinco años habrá escasez de agua y alimentos.


Uno no ha vivido un fin del mundo, pero todo esto debe parecérsele mucho. ¿No creen?

viernes, 19 de noviembre de 2021

El libro, el protagonista

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 19 de noviembre de 2021)


El libro del libro: esto es El infinito en un junco. Un ensayo sobre la historia de esta invención humana, fácilmente la más importante, el libro, cuyos orígenes se remontan a hace cinco mil años. Fue publicado por primera vez pocos meses antes del inicio de la actual peste por la escritora española Irene Vallejo Moreu.


Narra las aventuras vividas por el libro, desde el momento en que los egipcios descubrieron el potencial de un junco llamado papiro, para consignar el producto del conocimiento, la imaginación y la reflexión.


Hablo de él porque, a raíz de la columna anterior, “De la biblioteca y los libros”, algunos lectores me han escrito para mencionarme este volumen de la autora ibérica, como si en sus mentes se hubieran activado las mismas neuronas al leer la nota.


Gracias a El infinito en un junco uno se demora en los palacios de Cleopatra, percibe el impulso de las velas de Alejandro, es testigo de las correrías de Ptolomeo, entra a las primeras librerías, arde de furia ante las hogueras que quemaron textos prohibidos… En fin, el libro, que siempre habla de otros, en este volumen ocupa el privilegiado lugar de protagonista.


Según revela Vallejo en entrevistas, la idea inspiradora para este ensayo surgió en Alejandría, lugar donde una vez existió una biblioteca sin par, destruida 48 años antes de nuestra era. Y esta columna, como ya he revelado, surgió de la afortunada conversación con otros lectores.

jueves, 18 de noviembre de 2021

El peso de los muertos

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en diario ADN en la semana del 16 al 20 de noviembre de 2021)


Noviembre sigue pesado de muertos, muertos que anidan en las mentes de los vivos. Nada mejor que unas líneas de Día de Difuntos, de El libro de versos de José Asunción Silva, para hablar del tema asignado al undécimo mes.


José Asunción Silva

        Por el aire tenebroso ignorada mano arroja

        un oscuro velo opaco de letal melancolía,

        y no hay nadie que, en lo íntimo, no se aquiete y se         recoja

        al mirar las nieblas grises de la atmósfera sombría,

        y al oír en las alturas

        melancólicas y oscuras

        los acentos dejativos

        y tristísimos e inciertos

        con que suenan las campanas

        ¡las campanas plañideras que hablan a los vivos

        de los muertos!


Nada mejor, porque el bogotano era lúgubre cuando se proponía. Como el buen actor de teatro logra que la verdadera puesta en escena de su obra se efectúe en la mente del espectador más que en el escenario, Silva conseguía que la auténtica acción de sus poemas se ejecutara en la mente del lector más que en las páginas del libro.


Edgar Allan Poe

Otros creadores aluden a la relación de los vivos con los muertos. Hacen que estos no se extingan sino que sigan habitando otra clase de vida. Poe, por ejemplo, establece un vínculo angustioso entre personajes narradores y mujeres amadas —Ligeia, Eleonora, Morella, Berenice—. Enigmáticas y hermosas, regresan de sus tumbas como cadáveres no corrompidos o damas idénticas a cuando vivían.


En Doña Flor y sus dos maridos, Amado habla de una viuda que recibe en la cama al esposo muerto, y en Cumbres Borrascosas, Emily Brontë propicia que los campesinos vean los fantasmas de dos amantes paseando por los páramos.

viernes, 12 de noviembre de 2021

De la biblioteca y el libro

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 12 de noviembre de 2021)



Por pensar en tantas cosas, en brujas, en muertos, en esto y lo otro, pasó el Día de la Biblioteca, 24 de octubre, y nada dijimos. Pero hay temas que se pueden comentar cualquier día, sin que pierdan vigencia ni parezcan inoportunos.


La Gran Biblioteca de Alejandría

Con más de 4.000 años de historia, la biblioteca —pública o personal— es más que el lugar donde se guardan libros —de arcilla o madera, rollos de papiro, bloques de papel cosido y con lomo, o textos electrónicos—. Como se sabe, los libros son frutos del pensamiento, el conocimiento y la imaginación, es decir, lo que la especie humana ha hecho gracias a su pulsión erótica o impuso creativo.


Por tanto, hay una carga simbólica que convierte la biblioteca en lugar sagrado, como si fuera un templo, y a los libros en piezas sagradas, como si fueran reliquias. Lo mencionó Borges en su ensayo “Del culto de los libros”, incluido en Otras inquisiciones: “Un libro, cualquier libro, es para nosotros un objeto sagrado”. Las bibliotecas se veneran y respetan solo si se visitan y usan; los libros, solo si se leen, contradicen o enriquecen.


Por eso, carece de alma la biblioteca del mafioso, la que arma quien diseña la casa, con libros dispuestos apenas para decorar espacios, pero condenados a muerte porque nadie leerá jamás. Es biblioteca en el sentido material del concepto, pues almacena libros; no en el sentido simbólico.


Abrir una biblioteca es una acción loable; destruirla, un crimen contra la humanidad.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Letras de noviembre

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 8 al 13 de noviembre de 2021) 



Gustave Flaubert dice:


Gustave Flaubert

“(…) Cuando caminas por la noche y aspiras el olor del heno cortado, mientras escuchas al cuco en el bosque y observas el movimiento de las estrellas, tu corazón —¿no es cierto?—, tu corazón es más puro, está más empapado de aire, de luz y de azul que el horizonte apacible, donde la tierra acaricia al cielo con un beso tranquilo. ¡Oh! ¡Qué perfumados son los cabellos de las mujeres! ¡Qué dulce es la piel de sus manos, qué penetrante su mirada! (…)”.


¿Dónde lo dice? En la novela Noviembre, no publicada mientras él vivió, porque, al parecer, la consideró un ejercicio para afinar el estilo. Trata el despertar al amor y al deseo erótico. Con esta obra comienzo el recuento de piezas con la palabra noviembre.


Con el mismo título aparece una novela del salvadoreño Jorge Galán, que narra el horror de la guerra civil de su país y clava su mirada en el asesinato de seis jesuitas y dos mujeres. Y otra, del español Antonio Calzado García, sobre un sujeto de padre viudo, libros robados, libros leídos… hasta que cae en sus manos un volumen valioso… Lo más tarde en noviembre, del alemán Enrich Nossak, cuenta de una mujer, su esposo y su amante… Dichas así las cosas parece simple, pero es cautivadora.


En poesía, sobresale un poema de César Vallejo titulado “Dobla el dos de noviembre”, incluido en Trilce: 


César Vallejo, 1929

        Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientes

        abolidos, repasando ciegos nervios,

        sin recordar la dura fibra

        que cantores obreros redondos remiendan

        con cáñamo inacabable,

        de innumerables nudos

        latientes de encrucijada.


viernes, 5 de noviembre de 2021

Quedan las canciones

(Columna publicada en el semanario GENTE, del grupo El Colombiano, el 5 de noviembre de 2021) 


Bien recuerdo que cuando comenzó la pandemia de covid 19, muchos vaticinaron en micrófonos, escritos y canciones, que los humanos seríamos mejores después de la tragedia. Mejores con los otros humanos, con los no humanos y con el planeta. Tendríamos un sentido más ecologista y la mezquindad disminuiría.


Cualquiera adivina que esos buenos propósitos estaban movidos por el miedo a la extinción. Más, cuando llegaban noticias en las que indicaban, por ejemplo, que en Argentina, no sé quiénes escucharon trompetas en el cielo, las cuales lograron que algunos se figuraran escenas del Juicio Final descritas en el Apocalipsis.


Pero ahora, 19 meses después, sin siquiera decretarse el fin de la peste, pero cuando parece que de esta se librará la humanidad, volvió a despertarse la codicia y demás sentimientos abyectos. A los gobiernos les cuesta ponerse de acuerdo en mitigar el cambio climático; los capitalistas recuperan su ambición inescrupulosa en el punto en que la habían dejado; los guerreros vuelven a avivar los fogones de guerra que dejaron a fuego lento, y los violadores de derechos humanos retoman sus pasos nefastos… Si no se trataba de ser mejores seres en todas las esferas, entonces, ¿a qué se referían esas promesas?


Pero todo hay que decirlo: así hubieran sido compuestas y cantadas solo con un afán oportunista de conseguir popularidad y dinero, nadie puede negar que muchas canciones estuvieron buenas. Vacías, o por lo menos ingenuas, pero buenas.