viernes, 29 de octubre de 2021

Gato negro

(Columna publicada en el semanario GENTE, el 29 de octubre de 2021)



¿Considera que la obra de Gonzalo Arango es totalmente de hoy? Esta es una de las preguntas que Óscar Jairo González Hernández nos formuló a varios lectores para su libro Gonzalo Arango: perspectivas plurales, publicado este año por Editorial Ojo Mágico.


Esta semana, andaba por la vera de la Ayurá cantando mi canción. Súbitamente, una imagen tétrica me llevó a pensar en eso. Un gato negro yacía junto a la acera, rígido ya por efectos del veneno con el que fue asesinado por su color, como les sucede a muchos felinos en tiempos de Halloween. Lloré con un llanto silencioso y sin lágrimas, y recordé un fragmento del Manifiesto Nadaísta al Homo Sapiens, incluido en Obra Negra:


“Les advertimos que si ustedes no cambian, nosotros nos vamos a desafiliar de la Raza Humana, pues hoy lo peor que le pueda pasar a un ser, es ser hombre (…)./ Nosotros estamos avergonzados de pertenecer a la Humanidad. Nos repugna tener dos orejas, dos patas y los otros pares de cosas, y pensar que por este solo hecho uno está condenado a identificarse con la inmunda condición humana”.


Desde ese instante, la imagen del gato asesinado solo porque sí no se borra de mi mente. Sentí ese deseo que me visita a menudo, al ser testigo de tanta maldad, de desafiliarme de la especie y pedir asilo en cualquier otra. Entonces, ¿cómo no va a seguir vigente el pensamiento del fundador del Nadaísmo?

jueves, 28 de octubre de 2021

Literatura infantil

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 25 al 30 de octubre)


El 31 de Octubre es el Día de las Brujas. También es el Día de los Niños. De aquellas hemos hablado en este Río de Letras; ocupémonos ahora de estos sin salirnos del mismo torrente.


La literatura infantil, ese conjunto de textos narrativos y poéticos que se consideran aptos para ser leídos por niños, como ante todo es literatura tiene en común con el resto de esta que explora la condición humana. Se equivoca quien piense que en ella abundan temas sin importancia. ¿Acaso no hay un sentido político en las fábulas, si aluden al abuso de la autoridad por parte, digamos, de un felino caracterizado por su tiranía? ¿No advierte sobre la crueldad el cuento de Hänsel y Gretel? ¿No hay un tratado sobre el engaño en Caperucita Roja y una crítica a la vida materialista en Momo? ¿No hallamos una metáfora del poder y la desigualdad en El Príncipe y el mendigo y un canto a la amistad en El principito?


Ilustración: Carl Offterdinger

En fin, se tratan temas considerados profundos, aunque abordados de un modo especial que llega más a las mentes agudas de cualquier edad, en especial las de los niños, que entienden la inutilidad de lo aburrido. El lugar del tedio debe ser ocupado por el asombro. Asombro, por ejemplo, ante la maravilla del mundo y los seres que acompañan nuestro viaje por la vida, sean animales, astros, humanos, piedras, agua…


En el ensayo Sobre la lectura, Estanislao Zuleta recuerda que el espíritu del lector se convierte primero en camello, que admira al autor y al texto; luego, en león, cuando ya critica, y luego, en niño, cuando deriva en inocencia y olvido…

viernes, 22 de octubre de 2021

Día de la Suegra

(Columna publicada en el semanario GENTE, de El Colombiano, el 22 de octubre de 2021)


A veces me sorprende que octubre sirva hasta para remedio. Recibe en su seno más aguaceros que los demás meses y con ello fomenta las conversaciones, pues las más de estas son sobre el tiempo: “¡Qué llovedera!” “¡Ay, octubre todo lo pudre…!”.


Recibe Días Internacionales tan disímiles como el de la Música, el Agua, la No Violencia, los Animales, contra la Pena de Muerte, el Respeto a la Diversidad y las Brujas. Y sé que los Días Internacionales, oficiales o no, tienen un noble fin: visibilizar asuntos sobre los que se requiere atención especial, protección o festejo.


A veces me asombro de mi ignorancia. No sabía que octubre, además de albergar a nacidos bajo los signos de Libra y Escorpión, también acoge los días de la Sonrisa, el Pulpo, el Huevo, la Reparación de Cosas, la Carretera, el Vegetarianismo, el Karate, el Pan, la Oscilación (sí, la del péndulo), el Agente 007 y hasta la Suegra. Es más: ignoraba que existiera Día para Estas Cosas.


Y me alegra. Son importantes. Todo lo es. Más cuando las cosas se tornan instituciones, como Levantarse Temprano, Acostarse Tarde, Saludar o Permanecer Callado, que también podrían tener día especial. Los actos humanos, los logros, las desgracias, las preocupaciones o las alegrías deben ser objeto de reflexión para no seguir por el mundo como si nada valiera la pena o fuera lo mismo ocho que ochenta.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Libro de la selva

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN en la semana del 18 al 23 de octubre de 2021)


Algunos escritores no tienen una obra extensa, pero sí excelsa. Uno de ellos es José Eustasio Rivera. Su novela La Vorágine es un clásico hispanoamericano; su poemario Tierra de promisión, una creación tan auténtica que es fundamental en las letras de nuestro país.


No podemos dejar que se acabe 2021 sin detenernos en la segunda, un conjunto de 55 sonetos, porque en este calendario se celebra un siglo de la primera edición.


El autor nacido en 1888 en San Mateo, corregimiento de Neiva, elevado a la categoría de municipio y nombrado Rivera en su honor, además de su amor por las letras también profesaba un sentimiento profundo por el país. En comisiones oficiales recorrió la Orinoquía, en límites con Venezuela, revisó las condiciones de vida de los colonos y denunció las injusticias que se cometían contra los habitantes de esas regiones excluidas de los beneficios del centralismo. En tales recorridos jamás tuvo la actitud de un funcionario; lo embargaba la apasionada sensibilidad del poeta y la integridad del hombre honrado. Conmovido por la exuberante Naturaleza, con los ojos y el alma llenos de selva, escribió en el soneto XIV:


        ¡Soy un hijo del monte! Por su sitio más fresco

        busco, siempre cantando, la sonora colmena;

        y en las grutas silentes mi garganta se llena

        de panales nectáreos y de almendras de cuesco.


Bien podríamos decir, como se habla en la calle, Rivera era “enfermo” por Colombia: debido a sus idas a la selva, contrajo una malaria cerebral, que finalmente tal vez causó su muerte, en Nueva York, el primero de diciembre de 1928.

sábado, 16 de octubre de 2021

Esclavitud

(Columna publicada en el semanario Gente, de El Colombiano, el 15 de octubre de 2021)


Quien ose a hablar mal de la tecnología, la virtualización y la digitalización parece cometer pecado mortal. Un espontáneo ejército surge para defender esas deidades y atacar al osado, aduciendo que su opinión se debe a su edad o se burlan de él comparándolo con los abuelos cavernícolas, como si tales cosas constituyeran insultos. No revisan si al contradictor lo asiste algo de razón. No hay derecho a disentir; solo a decir: “me gusta”.


Pero hay un filósofo a quien le están poniendo atención: el coreano-alemán Byung-Chul Han. Crítico del sistema basado en la información, señala que nos conduce a la sociedad del cansancio, conformada por seres agotados, deprimidos por las inapelables exigencias de un mundo consumista y alienado.


En entrevista publicada en El País de España el 9 de octubre pasado, sostuvo: “el smartphone es hoy un lugar de trabajo digital o bien un confesionario digital. Todo dispositivo, toda técnica de dominación genera artículos de culto que son empleados para la subyugación. Así se afianza la dominación. El smartphone es el artículo de culto de la dominación digital”. Señaló que actúa como un rosario y sus cuentas. Por eso mantenemos el móvil constantemente en la mano. El “me gusta” es el amén digital. “Seguimos confesándonos. Nos desnudamos por decisión propia. Pero no pedimos perdón, sino que se nos preste atención”.


Sin duda, urgen sujetos como él, que reflexionen sobre las conductas.

miércoles, 13 de octubre de 2021

El Nobel refugiado

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en ADN en la semana del 11 al 16 de octubre de 2021)


Ser refugiado, por guerra o miseria, constituye una de las peores maneras de estar en el mundo. No se pertenece ya a la cultura de la que se huyó, en la que aprendió a vivir, a subsistir, ni hace parte aún de esa otra a la cual se llega.


Este es uno de los temas del nuevo Nobel de Literatura, el tanzano Abdulrazak Gurnah. El otro es el colonialismo. Ambos asuntos, sensibles en todos los tiempos, solo pueden entenderse como formas de esclavitud.


En una de sus novelas, Paraíso, un niño de Tanzania es entregado por su padre a un hombre para que le sirva gratis, como pago de una deuda. A los pocos años comenzaría la primera guerra mundial. En la orilla y Precario silencio son otras obras suyas.


El pueblo de Gurnah no conoce sosiego. Primero, los ingleses tomaron posesión de él; después, los árabes… En 1963, su isla natal, Zanzíbar, al igual que la de Pemba, se unió a Tanganica para formar Tanzania. Tampoco el autor ha tenido paz. Desplazado en 1968 por huir de los árabes, refugiado y colonizado en el Reino Unido, como si fuera un personaje suyo que hubiera escapado de una novela, Gurnah representa a los descritos en el primer párrafo. No puede honrar su lengua materna, el suajili, y ha vivido más de 50 años extrañando su cultura, hablando de ella desde afuera.


Entre los ganadores del Nobel, es el 29 en lengua inglesa (en español son 11). En cualquier caso, debo decir que el Nobel 2021 confirma la certeza de una de las más conocidas normas de un escritor: escribir de lo que ha vivido y conoce para lograr una obra colmada de autenticidad.

sábado, 9 de octubre de 2021

La espera continúa

 (Columna publicada en el semanario Gente, de El Colombiano, el viernes 8 de octubre de 2021)


“Acabo de regresar de México”, dijo ella. “¿Qué hacías allá?”, preguntó él. “Nada, fui a pasear. Y mi hermano viaja esta semana a Orlando”. “Qué bueno. Yo también me largo a cualquier parte: estoy harto de encierro”.


Este trozo de diálogo lo oí al pasar por el lado de un corrillo animado, en la Fiesta del Libro. Hubiera podido ser en cualquier lugar, porque de esto se habla hoy. De lo hastiados que estamos de esperar que las cosas pasen y retomar la normalidad. No obstante, pensamos y actuamos con el deseo: como si hubiera terminado la pandemia del covid-19.


Si en el auge de la misma, hace unos meses, muchas personas andaban con el tapabocas… en la mano, el bolsillo o debajo de nariz y boca, ahora la despreocupación es mayor. No solo en nuestro medio. Es un fenómeno mundial. Basta un ejemplo: el domingo pasado, para el clásico futbolero entre Boca y River, en Buenos Aires, las autoridades permitieron la mitad del aforo del estadio Monumental: unas 35 mil personas… pero se llenó. Más de 70 mil presenciaron el cotejo.


Mientras uno espera, parece atrancado en la eternidad. La vida en una estafa. Sentimos como si nos la hubieran robado de un golpe artero. Sin embargo, hasta que la Organización Mundial de la Salud no declare el fin de la pandemia —como declaró su inicio el 11 de marzo de 2020— debemos seguir cuidándonos y no mofarnos de quienes lo hacen.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Letras de octubre

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en diario ADN. Semana del 4 al 9 de octubre)


Un país donde siempre está haciéndose tarde, las colinas son de niebla y los ríos de neblina. Reina la oscuridad. Sus habitantes tienen pensamientos otoñales. Y los espacios son sobre todo sótanos y armarios.


Este extraño mundo es el que pinta Ray Bradbury, el maestro de la ciencia ficción, en El país de octubre, un conjunto de historias cortas publicado por primera vez en 1955.


El recuento de piezas literarias que llevan el nombre del mes en el título, continúa con una novela negra de la autora argentina Norma Huidobro titulada Octubre, un crimen. Esta narradora, ocupada más que todo en temas juveniles, cuenta la historia de una chica que, para asistir a una fiesta de disfraces, compra un vestido de mediados del siglo XX, en él que encuentra una carta de una joven que pide ayuda para evitar el asesinato de su padre y hasta su propia muerte.


El mar de octubre es otra novela negra. Su autor, el español Francisco Silvera, narra la historia de un cementerio marino en el que bandidos dedicados al negocio de las drogas se deshacen de los cadáveres.


En Poemas humanos, César Vallejo incluye “París, octubre 1936”. Una de sus estrofas dice:


            De los Campos Elíseos o al dar vuelta

            la extraña callejuela de la Luna,

            mi defunción se va, parte mi cuna,

            y, rodeada de gente, sola, suelta,

            mi semejanza humana dase vuelta

            y despacha sus sombras una a una.


Terminemos con Lamentación de octubre, un poema de nuestro Porfirio Barba Jacob incluido en el poemario Canción de la vida profunda. A Porfirio, por cierto, también incluimos en las letras de septiembre.

sábado, 2 de octubre de 2021

Vírgenes desnudas

(Columna publicada en el semanario Gente, de El Colombiano, el 1 de octubre de 2021)


Cuando Miguel Ángel Betancur, el artista plástico, era un proyecto de cura negado en tercer debate, soñaba con ser escultor para modelar vírgenes desnudas. Ahora tiene a la vista una colección de once vírgenes en cueros, como quería.


¿Once?, le pregunté. Para responderme, me contó una historia del siglo IV. Santa Úrsula, hija del rey de Britania, fue pedida en matrimonio por un pagano. Cristiana, no podía estar a gusto. Pidió licencia a su padre para ir de peregrinación a Roma, en compañía de diez amigas, para aclarar sus pensamientos. En la azarosa travesía, las mujeres se toparon con los hunos. Como era de esperarse, estos pretendieron gozar de los placeres carnales. Ellas se opusieron reciamente y las mataron. En el siglo X, continúa Betancur, hallaron un documento sobre tal episodio en un monasterio cerca de Colonia. Decía: "Dei et Sanctas Mariae ac ipsarum XI m virginum", que quiere decir: once mártires vírgenes. Erróneamente, en vez de once leyeron once mil. Por eso pasó a la historia el concepto de once mil vírgenes.


En fin, lo cierto es que él muestra sus Vírgenes Desnudas en la sala de exposiciones del Idea, del 1 al 30 de octubre, al lado de la obra Color Afro, del pintor Rubén Crespo, el mestizo claro que lleva un negro por dentro y lo hace pintar temas afrocolombianos. Dos estéticas, dos miradas al mundo, dos ideas artísticas… en el Idea. 


viernes, 24 de septiembre de 2021

Veto a las ideas

(Columna publicada en el semanario Gente, de El Colombiano, el 24 de septiembre de 2021)

 

La polémica suscitada por la declaración del embajador de Colombia en España, en el sentido de seleccionar escritores neutrales para representar nuestras letras en la Feria del Libro de Madrid es muestra del absolutismo del Gobierno colombiano. Y pretender que la literatura sea neutral es un adefesio, pues si algo caracteriza a las creaciones artísticas es la libertad.


La opresión ha sido denunciada por escritores. Esopo señaló la tiranía, la injusticia y la desigualdad social en sus fábulas, esquivando la censura al hacer como si narrara ingenuamente situaciones vividas por animales. Jonathan Swift fue censurado por Los viajes de Gulliver, porque en la trama subyacía una crítica anticolonialista. Ray Bradbury, por Fahrenheit 451, por su alusión al gobierno totalitario que quema los libros e impide a los habitantes pensar libremente. La literatura indigenista y la de La Violencia son otros ejemplos de contracorriente.


Pero, si bien el caso que comentamos entristece, no asombra. Quienes vivimos en Colombia somos testigos de la intención gubernamental de ponerle uniforme a las ideas. Hace días, esta misma administración ponía obstáculos a la visita de organismos de verificación de derechos humanos a nuestro suelo.


Digamos, por último: no solamente las palabras comunican; también los actos. Con acciones como la de vetar a escritores, el resto del mundo puede formarse una idea de la realidad nacional. Los vetos son manifestaciones de torpeza: quien los impone manda un mensaje que exhibe lo que quiere tapar.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Dante

(Columna RÍO DE LETRAS publicada en el diario ADN semana del 20 al 25 de septiembre de 2021) 


Dicen que Dante Alighieri nació en Florencia el 29 de mayo de 1265 y murió en Ravena el 14 de septiembre de 1321, o sea, hace 700 años. Pero estos números son imprecisos. La fecha de natalicio la toman de la Vida nueva, en la que el autor revela que su signo es Géminis. Además, en su tiempo regía el calendario juliano y al adoptarse el gregoriano se perdieron 10 días.


Lo cierto es que se trata de un poeta fundamental. En la Divina Comedia visitó el infierno, el purgatorio y el paraíso. Vio almas atormentadas en pozos de inmundicia y dolor. Halló la de su amada Beatriz y otras pocas gozando la contemplación de los rostros divinos.


Tales imágenes de premio y castigo han prevalecido en el imaginario colectivo por siglos. La Iglesia Católica basó en ellas la Novena de Difuntos. Pero últimamente, los católicos habitan un limbo teórico, porque los papas conceptúan sobre los lugares dantescos.


Juan Pablo II comenzó el enredo en 1999: “el cielo no es un lugar físico entre las nubes” y “el infierno tampoco es un lugar”; el infierno es la situación que viven las personas que se apartan de Dios. Benedicto XVI contradijo esto en 2007: el infierno existe y no está vacío. Y Francisco, en nota del diario italiano La República de 2018, indicó: las almas arrepentidas obtienen el perdón de Dios y van a las filas de las que lo contemplan, pero no existe un infierno, sino la desaparición de las almas pecadoras.


Estas reflexiones dan vigencia al ideario del florentino, en cuya figura casi mítica se posan lupas y luminarias de investigadores en 2021.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Ciudades reinventadas

(Columna publicada en el semanario Gente, de El Colombiano, el viernes 17 de septiembre de 2021) 


Siento un placer indescriptible cuando en novelas y cuentos aparecen lugares que frecuento. (Añadiría: tal vez más si son relatos de ficción, porque es normal que al hablar de hechos reales se mencionen los sitios donde suceden). Es como si lo nombraran a uno.


Por ejemplo, recuerdo esa emoción al leer El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez. En el recorrido por el Magdalena, hay una parada en Puerto Berrío y el narrador dice que allí desembarcan “pianos de cola para las solteras de Envigado”. ¡Y eso fue todo!


Los norteamericanos, por mencionar un solo caso, les cantan a sus paisajes desde hace siglos. Por eso, no es raro que muchos escritores se apropien de ciudades y pueblos para escenificar sus relatos. En Manhattan Transfer o El paralelo 42, John Dos Passos da ubicaciones tan precisas que uno se ofrecería a llevar un paquete sin temor a perderse. En nuestro medio, lo han hecho Tomás Carrasquilla, Arturo Echeverri Mejía, Darío Ruiz, Gonzalo Arango, Manuel Mejía Vallejo, Fernando Vallejo…


En conversaciones con Darío Ruiz coincidimos en que ha habido cierta vergüenza de los nuestros a situar hechos en una esquina de Maturín del Centro de Medellín, la Calle del Frito de El Poblado, o La Horqueta de Envigado. Sabiendo que hablar de lo propio consigue crear en los lectores la ilusión de pisar las calles de una ciudad reinventada.


jueves, 16 de septiembre de 2021

Dante encontró su justicia en la Divina Comedia

(Texto publicado originalmente en Generación, de El Colombiano, en 2015. Lo reproduzco por los 700 años de la muerte del autor.)


En 2021 se conmemoran 700 años de la muerte de Dante Alighieri. La Comedia y La Vida nueva, sus obras cumbres.


Dante es el hipocorístico de Durante. Y como suele suceder con estas abreviaturas, terminó ocupando el sitio del nombre. Alighieri, el autor de la Divina Comedia, parece haber tenido en su nombre su destino. Porque ese durante alude a simultaneidad y también encierra una especie de espera.


Nacido en la primavera de 1265, en Florencia, una ciudad estado italiana de unos 80.000 habitantes, rica y próspera, Dante recibió una formación profundamente religiosa, cercana a los franciscanos y a otras órdenes. También se interesó en la política. Defendía la idea de una Iglesia separada del Estado.


Ocupó cargos públicos y, dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, se hizo del lado de la casa Baviera, con el partido de los Güelfos, que luchaba contra la casa de los Hohenstaufen de Suabia, del partido Gibelino.


Y esta disputa fratricida, en la que intervinieron los poderes civiles y eclesiásticos, fue su perdición. En síntesis, digamos que su partido terminó dividiéndose, entre güelfos blancos y güelfos negros. Dante quedó entre los primeros, terriblemente perseguidos por los otros y por los gibelinos.


Dante en el exilio. D. Peterlini

Dante tenía 36 años cuando fue desterrado de Florencia. Carlos de Valois entró en Florencia con los güelfos negros, destruyeron todo y mataron a muchos. Gabrielli da Gubbio, podestá o alcalde de Florencia, lo desterró y lo condenó a pagar multa, con una sentencia emitida el 27 de enero de 1302. Como no pudo pagar, le cambió el exilio temporal por uno perpetuo, el 10 de marzo de 1302, junto a otros 600 güelfos blancos, la mayor parte de los cuales serían indultados con el tiempo.


El dantólogo Francisco Montes de Oca, quien hace la traducción de la Divina Comedia del italiano al español, la introducción y los comentarios de la edición de Editorial Porrúa, de 1977, cuenta que estuvo en Verona, invitado por Bartolomé Della Sealla; en Sarzana, Liguria; el Lucca, con Madame Gentucca —a quien menciona en su Purgatorio, y tal vez en París.


El amor que profesaba por Florencia era apenas equiparable con el que Sócrates sentía por Atenas. Y como este, que no pudo esconder su fervor por la verdad cuando sus coetáneos lo persiguieron, Dante no lo pudo ocultar por el Imperio Romano. El ateniense fue condenado a muerte; el florentino, al destierro. Y no podía haber para él un castigo mayor.


Un ancestro suyo, Cacciaguita, a quien encontró en el Cielo, le dice:


Del mismo modo que Hipólito partió de Atenas por la crueldad y perfidia de su madrastra, tendrás que salir de Florencia. Esto es lo que se quiere, y lo que se busca y pronto será hecho por los que lo meditan allá donde diariamente se vende a Cristo. Las culpas caerán sobre los vencidos, como es costumbre; pero el castigo dará testimonio de la verdad, que lo envía al que lo merece. Tú abandonarás todas las cosas que más entrañablemente amas, y este es el primer dardo que arroja el arco del destierro. Tú probarás cuán amargo es el pan ajeno, y cuán duro camino el que conduce a subir y bajar las escaleras de otros. Y lo que más gravará tus espaldas será la compañía estúpida y malvada con la cual caerás en este valle; porque ingrata, loca e impía, se revolverá contra ti; si bien poco después, ella y no tú, verá destrozada su frente

(Ed. Porrúa, página 219.)


No tuvo vida en esa etapa, lejos de su tierra y de su gente. Se le iba el tiempo en buscar la posibilidad del retorno. Y en escribir. Se reunió con personajes influyentes, invocó a reyes, a políticos y no pudo conseguir más que mezquinas invitaciones a volver, sí, pero humillándose como reo, lo cual, como es obvio, no aceptó jamás. Hasta su familia, su esposa Gemma de Manetto y sus hijos, debieron salir amenazados de allá. Escribió el Convivio, un ejercicio teológico, y De vulgari eloquentia. Pero nada parecía tener sentido. Suspendió lo que escribía cuando tuvo la feliz idea de la Divina Comedia, que comenzó a escribir en 1304.


Algunos comentaristas sostienen que la Comedia, ese viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, conducido de quien él consideraba su maestro, Virgilio, el autor de la Eneida, es su tragedia: la condena al destierro. Pero, si observamos bien, más que esto, parece ser la manera de exorcizar su tragedia. Y más aún, encontró en este proyecto literario, la forma de una venganza perfecta. Una venganza no violenta. Se desquitó mandando al peor de los destierros, un Infierno inventado para ellos, a sus enemigos y a los enemigos de la ciudad, a los déspotas, a los corruptos y villanos, de cualquier partido, lo mismo que a papas, obispos y cardenales traidores y ambiciosos.


A ese Infierno desterró a muchos de sus contemporáneos. Giovanni Malatesta, conocido como Giovanni el Cojo, un hombre que combatió contra los gibelinos en 1265; Farinata degli Uberti, florentino y noble gibelino que lideró persecuciones contra los güelfos en 1248. Jacopo Rusticicci, de Florencia; Mosca dei Lamberti, un florentino que llegó a ser podestá de Viterbo y condotiero o mercenario; Ottaviano de gli Ubalini, cardenal gibelino y arzobispo de Bolonia (fue a parar al círculo de los ateos en el Infierno de Dante); Guido Guerra V, político que abrazó la causa güelfa; Obizzo II d’Este, entre los tiranos del primer giro de los violentos (sumergido hasta los ojos en la sangre caliente del Fegetonte, río de fuego que corre por el Hades, afluente del Aqueronte); Loderingo degli Andalo, uno de los fundadores de la Orden de la Milicia de la Bendita Virgen María, conocida como Orden de los Frailes Guaudendes (que llegó a la fosa de los hipócritas en el Infierno dantesco); Celestibo V, el papa (lo puso en el círculo de los inútiles y neutrales); el papa Bonifacio VIII, quien se sentó en la silla de san Pedro entre 1294 y 1303, que fue, según Dante, de las peores hierbas de su época, a quien el poeta acusó de simonía, es decir, de negociar con los asuntos espirituales.


En fin, decenas de personas cuyos nombres hoy resuenan con fuerza o sin ella, pero que en su tiempo y en su espacio atormentaron a Italia y a Dante, participantes en esas guerras en las que él también combatió o políticos y religiosos corruptos y malvados, aunque el mal no se lo hubiera causado a Dante directamente, los reunió con Hades, y los castigó haciéndolos soportar los peores hedores, emanados de ellos mismos, a hundirse entre su inmundicia y a recibir tormentos de serpientes en nudo, “quelidras, yáculos y anfisbenas”. Nada podía ser peor que esto.


Y los reunió con personajes siniestros de la historia y de la mitología. Con Judas Iscariote, a quien vio con la cabeza dentro de la boca de Lucifer y agitando fuera de ella las piernas; Bruto, el asesino romano; Atila; Pirro; Sinto; los derrochadores; los suicidas; Vulcano; brujos y adivinos; Jasón y mil almas más, vagando por un mundo frío y oscuro, distinto a la idea tradicional de un infierno ardiente.

 

En el Purgatorio, lugar en el que por lo menos hay esperanza, en el que no hay tanto frío y las almas cantan himnos a Dios, porque saben que un día terminarán de lavar sus pecados, no situó a tantos de sus contemporáneos. Allí encontró a varios poetas, entre ellos a Guido Cavalcanti, a quien menciona James Joyce en el Retrato del artista adolescente.


En su tránsito por el Purgatorio, aunque sea una especie de turista que va de paso, Dante indica que él también lavó sus pecados. Sufre en el tortuoso camino y da a entender que si él tuvo alguna culpa para motivar su destierro, ya la pagó. Se sumergió en el Leteo, río del olvido del pecado, último sitio de purificación antes de pasar al Paraíso, ya guiado por Beatriz, su amada, símbolo de fe y perfección.


Retrato. Sandro Botticelli

Antes de hablar del Paraíso, digamos que Dante es uno de los fundadores del amor cortesano. Ese amor que movió a los poetas y caballeros en la edad media. Un amor platónico, que vivía en secreto, clandestino, ilegal, prohibido, por debajo del oficial. El oficial era ese que decidían los padres como un negocio para establecer alianzas entre familias.


Dante vio por primera vez a la florentina Beatriz Portinari cuando tenía nueve años. Le impactó tanto que él decía que lo suyo era amor a primera vista. Después, la vio otra vez a los 18 años. Y su mayor ilusión era que ella lo viera y saludara. Se convirtió en razón de su poesía y de su vida. No es que se haya definido muy bien el amor cortesano, pero está claro que en él había una manifestación de la gentileza del alma, que se revelaba a quien la poseía, y aun a los demás, por virtud de una mujer bella, que es medio y guía para la perfección espiritual del amante. Dante recuerda esos encuentros en La vida nueva diciendo emocionado: “La mujer de mis pensamientos”. ¿A qué otros personajes nos recuerda? Al Quijote, por supuesto, hablando así de su Dulcinea, y también a Lancelot, de su reina Ginebra, y a otros amantes cortesanos que tenían en una mujer idealizada, su faro.


Unos creen que Beatriz es solo un símbolo. Pero existió. Vivía cerca a la casa de Dante. Cuando este la vio la segunda vez, tal vez ella ya estaba casada con Simón Dei Bardi, según relata Francisco Montes de Oca. Y no tuvo hijos.


Sin embargo, el papá de Dante negoció su matrimonio desde que Dante tenía 12 años, con Gemma de Manetto Donati. Dante no emitió palabra de elogio ni desdén por ella.


Beatriz murió a los 25 años. Y Dante la encuentra, claro, en el Paraíso. Ella es su guía en este espacio lleno de luz en el que son reiteradas sus inquietudes sobre la justicia y la venganza, que Beatriz y los personajes que va hallando le resuelven… Encuentra a Piccarda Donati, monja sacada del convento por su hermano para hacerla casar con un florentino; Salomón; Raquel; Adán; Moisés; la Virgen María; los apóstoles; los doctores de la Iglesia, como Alberto de Colonia, Tomás de Aquino, Pedro Lombardo, Dionisio Areopagita, san Buenaventura… y, por supuesto, a Dios.


Y ese Paraíso, de dulzura y comodidad tales que parecían superar la capacidad descriptiva del poeta, tanto, que lo llevo a exclamar: “¡Ah!, ¡cuán escasa y débil es la lengua para decir mi concepto!”, se convierte en la venganza completa contra esos malvados del Infierno, porque queda claro lo que se perderán eternamente.


Y como si, consumada su venganza o, mejor, su acto de justicia, Dante perdonara a todos ellos, hace decir a ese ancestro suyo, Cacciaguita, que le hablara de su infortunio en la Tierra, le dice:


—Hijo mío, tales son las interpretaciones de lo que se te ha dicho; tales las asechanzas que se te ocultarán por pocos años. No quiero, sin embargo, que odies a tus conciudadanos; pues tu vida se prolongará más aún de lo que tarde el castigo de su perfidia.

(Editorial Porrúa, 220.)

miércoles, 15 de septiembre de 2021

X-504, sin desayuno

(Columna RÍO DE LETRAS publicaba en el diario ADN en la semana del 13 al 18 de septiembre de 2021)


Atención:


                A vosotros, los que en este momento estáis agonizando en todo el                        mundo: os aviso que mañana no habrá desayuno para vosotros;

               vuestra taza permanecerá quieta en el aparador como un gato sin amo,                   mirando la eternidad con su ojo esmaltado (…)


Este poema, “Aviso a los moribundos”, incluido en Los poemas de la ofensa, es lo primero que leí de Jaime Jaramillo Escobar, X-504. Por cierto, él mismo debe haberlo revisado mentalmente el pasado 10 de septiembre, cuando murió de un infarto en Medellín. La voz de su cabeza debe haberle susurrado:


                Vengo de parte de la Muerte para avisaros que vayáis preparando                            vuestras ocultas descomposiciones:

                todos vuestros problemas van a ser resueltos dentro de poco,

                y ya, ciertamente, no tendréis nada de qué quejaros,

                ¡oh príncipes deteriorados y próximos al polvo!.


Desde ese primer atisbo al poeta nacido en 1932, tal poema quedó retumbando en mi mente como eco que no se extingue. Andando los tiempos, conocí al hombre que lo escribió y, claro, me le quejé por haberme dejado desde niño los ojos desmesuradamente abiertos de horror y realidad.


Fue cofundador del Nadaísmo y dueño de varias voces poéticas, una urbana y otra folclórica, como la de Poemas de tierra caliente. Su humildad, virtud rara entre escritores, era apenas comparable con la de un labrador.


En Conversaciones con un extraterrestre, uno de los reportajes que me concedió, revela: “Uno puede domesticar fácilmente una cacatúa y llevarla en el hombro dondequiera. Por mi parte, una vez tuve una ardilla que llevaba en el hombro a todas partes”.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Conversaciones con un extraterrestre

(Reportaje publicado en El Colombiano el 3 de octubre de 2010 e incluido en el libro Vida y milagros, Ed. UPB 2014. Lo reproduzco en homenaje al poeta, quien falleció el 10 de septiembre de 2021) 


          —Uno puede domesticar fácilmente una cacatúa y llevarla al hombro dondequiera —dijo el poeta Jaime Jaramillo Escobar—. Por mi parte, una vez tuve una ardilla que llevaba al hombro a todas partes.


—¿A todas partes es a todas partes? —Le pregunté.


—A todas partes es a todas partes. —Me contestó.

 

Página de facebook de X-504

Después del almuerzo en el comedor del Teatro Matacandelas, donde estuvo ensayando la lectura teatralizada de su libro Tres poemas ilustrados (Tragaluz Editores, 2007), habló de pájaros y otros animales. Contó que una vez tuvo una habitación para más de cien pájaros diversos. Tenía para ellos ramas de árboles para que se posaran y les dejaba la ventana abierta en las mañanas para que salieran. Regresaban por la tarde.

 

—Ellos sabían, cuando los regañaba, que los estaba regañando.


Habló de un mayo. "¿Saben que el mayo no canta más que en el mes de mayo y el resto del tiempo permanece mudo?". Lo recogió pichón y le tomaron una fotografía que se volvió famosa. No sabía qué podía comer. Le dio papaya y comió, pero sabía que sólo con papaya él ave no iba a estar bien. Creyó que le podían gustar gusanitos, de modo que cortó tiritas de carne y se las recibió. Trató de que se fuera, pero todos sus esfuerzos resultaron inútiles. Una vez lo dejó afuera del balcón, sin comida, “para que se fuera y recobrara su ser”. Se fue, pero le dio la vuelta al apartamento y fue a la ventana del cuarto donde estaba Verano Brisas, el autor de León hambriento el mar, y picoteó el vidrio para que le abriera.

 

—¿Cómo pudo ese pájaro saber que dando la vuelta a la casa podía llegar a esa habitación?


—Para que eso se entienda —intervino Verano Brisas— hay que contar que yo estuve viviendo ocho meses en el apartamento de Jaime, cuando regresé de Segovia, donde ejercí la odontología. De allá, mejor dicho, me echaron.


—¿Tenía nombre? —Inquirí.


—Le decíamos Mayito, porque lo encontré pequeñito.


De haber estado allí, en el comedor del Matacandelas, el poeta Darío Jaramillo Agudelo, autor de Gatos, habría dicho:


—No es que Jaime sepa de pájaros: los pájaros saben de Jaime. He sido testigo de cómo las aves buscan sus hombros o sus manos para posarse, porque no le temen a su vibración.

 

 

El hombre invisible

Pero no se crea que el poeta de Pueblorrico habla mucho. No. Él es un hombre silencioso la mayor parte del tiempo. O como diría el mismo Darío: “él es invisible”. Esas intervenciones suyas son intervalos en su silencio, seguramente cuando los demás llegamos a un tema que le excita particularmente. De resto, ese tipo casi calvo que tomó la sopa tras haber mencionado que es nutritiva, es parco. Permaneció sentado juiciosamente a la mesa con un bolso negro en su regazo.

 

Comió poco. Cristóbal Peláez, el director del Teatro, se mofó de él porque parece un aprendiz de faquir. Este miércoles accedió al menos a tomar sopa, aunque “tengo lectura de poemas a las cinco de la tarde en el Instituto Tecnológico Metropolitano”.


—¿Es este un capricho o hábito de místico?


—No. Es que tengo por costumbre, cuando voy a hacer una lectura de poemas, no comer durante varias horas antes porque así manejo mejor la respiración.


—¡Mentira! ¡Él no come nunca! —se hubiera apresurado a decir Darío Jaramillo Agudelo, de haber estado allí—. Cuando va a mi casa, mi mamá dice: ‘si Jaime toma la sopa, no se come el seco’. Él es ascético.


—Jaime es uno de los seres humanos que menos materia necesita para existir —me había dicho Cristóbal después del ensayo teatral.

 

 

Muchos coinciden en que Jaime Jaramillo Escobar es el mejor poeta colombiano vivo. Que por culpa de su timidez no es más reconocido. Está protegido del sol de las vanidades, lo cual a muchos extraña por su oficio de publicista.

 

El fundador del Nadaísmo, Gonzalo Arango, en su reportaje El poeta X-504: un artista con placa de carro, publicado en Cromos hace ya 44 años y cinco meses, dos días antes de su trigésimo cuarto cumpleaños —Jaime nació el 25 de mayo de 1932— dijo: “de X-504 se dice que es el mejor poeta de nuestra generación nadaísta (con perdón de los otros mejores)”.

 

Darío Jaramillo Agudelo también tiene ese pensamiento. Verano Brisas dice que “pocos sabemos que estamos en presencia de un Quevedo o de alguien de esa magnitud; solo en unos años se logrará entender su dimensión poética”.

 

Jaime, según contó en un reportaje, llama timidez al respeto por los demás. Pero esa característica también se acompaña de un desdén por la fama que no tiene par. Cuenta Darío que sabe de al menos dos invitaciones a festivales españoles de poesía, uno en Logroño, otro en Córdoba, donde tiene muchos seguidores, que ha rechazado.

 

—Me encargaron: “como eres tan amigo suyo, convéncelo de venir” —recordó el autor de Cantar por cantar—. Le transmití la inquietud. Me dijo: ‘voy a pensarlo y luego hablamos’. Antes de cinco minutos abrí mis correos electrónicos y encontré un mensaje suyo que decía: “Solo sé que no quiero ir a España y que no sé cómo decírtelo”.

 

Apenas ha salido del país a Venezuela, invitado por el poeta Santos López (el autor de El cielo entre cenizas) a un festival de poesía y esto porque el venezolano es un brujo indígena y lo amenazó con hacerle un hechizo en caso de que no fuera.

 

Este hombre trasnochador y cibernauta, quien se tomó la vocería de la Muerte y dijo un día para siempre “A vosotros, los que en estos momentos estáis agonizando en todo el mundo: os aviso que mañana no habrá desayuno para vosotros”, es un tipo natural del que todo el mundo sabe que escribe y vive desnudo en su apartamento y ni siquiera corre a vestirse cuando un visitante inoportuno llega, si se trata de uno de sus escasos amigos, pues no tiene nada que esconder.

 

Dio otra muestra de rigor tras el ensayo de la Velada nadaísta, como oportunamente alguno de los integrantes del grupo teatral denominó la presentación de Tres poemas ilustrados. Vestido con camisa cerrada hasta el cuello y pantalón con quiebre inmaculado, con una quietud de estatua, el poeta leyó con su voz dramática y profunda el poema El circo:

 

Los camellos de Arabia Saudita, como reyes destronados, con sus jorobas llenas de oro, saltan con dignidad y con indiferencia un bambú atravesado a baja altura sobre la pista principal. En la pista lateral los elefantes hacen maromas en un solo pie, barritan para agradecer los aplausos, un niño llora. No debieran traer niños al circo (…)

 

Mientras tanto, detrás de él se dibujaba, con actores y actrices de verdad, una escena circense. Al terminar, como cualquiera de los actores, recibió callado y disciplinado las observaciones de marcación espacial del director:

 

—Cuando llegue a los versos sobre el poeta, párese en este punto, más cerca al bordo del escenario.


Y él mismo, autocrítico, observó:


—Debo mejorar la subida de las escaleras. Esta vez comencé a subir con el pie que no era.

 

 

De dónde vienen sus letras

Jaime Jaramillo Escobar “vive en una biblioteca con cocina”, como dice Verano de su casa en Laureles. Allí, dos días después del almuerzo en el Matacandelas, sentado ante su mesa de escribir a mano —también tiene otra con su computador—, me habló sin prisa sobre su vida y sus pensamientos, ante una ventana que dejaba ver la lluvia lenta de la tarde. Contó, por ejemplo, que cuando tenía tres años de edad, su familia se trasladó para Altamira, corregimiento de Urrao, acosada por la violencia político-religiosa. “Nosotros fuimos desplazados”. Su papá, Enrique, era maestro de escuela y en ésta “había una biblioteca muy buena y como era hijo del profesor, yo tenía las llaves”. Su mamá, Amalia, era una artista. Pintaba al óleo y bordaba. Y en las tardes se reunía a leer novelas con sus vecinas. Amalia, de José Mármol; Genoveva de Brabante, de Christoph von Schmid…

 

          —Mi papá tenía una tienda y allí, en la noche, llegaban contadores de cuentos acompañados de tiple. Muchos de esos cuentos eran basados en Las mil y una noches. No había luz eléctrica. A mí, ese acto me parecía muy bonito. Y en el recuerdo me sigue pareciendo bonito.

 

Fue actor de teatro. Participó en montajes de vidas de santos. Después de que el profesor Gabriel Caro Urrego le enseñó a leer y escribir, leyó la Biblia, la cual le pidió prestada al cura. La leyó como un libro histórico y literario, porque desde ese tiempo fue intuyendo que “Dios no creó al hombre a su imagen y semejanza, sino que el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza”.

 

Crecía también ese don de relacionarse con los animales. Tuvo caballos amigos y supo que estos seres, cuando se sienten viejos y saben que se acerca su final, vuelven a prados donde se criaron, aunque estén lejos de allí.

 

En ese “tiempo inicial” era común escuchar que los antioqueños se iban al Valle, entonces “¿por qué no me iba a ir yo?” A Cali la relaciona con ríos y piscinas; a Barranquilla, con Meyra del Mar y el mar. “Medellín es una ciudad para trabajar”.

 

El autor de Poemas de la ofensa dijo que no le tiene miedo a nada.

—¿Ni a la muerte? —le pregunté.

—Ni a la muerte —me contestó—. Temerle a esta es tonto, si sabemos que todos vamos a morir. Tal vez habría que temerle es a las circunstancias en que se muera.

 

Mientras hablaba, lo escuchaba y pensaba: es cierto lo que me dijo Darío Jaramillo para resumir las cosas: “al hablar de Jaime no estamos hablando de un ser humano. Estamos hablando de un ángel. Estamos en presencia de un extra terrestre”.