miércoles, 26 de agosto de 2026

Perros

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 24 al 30 de agosto de 2026)

 


Vamos a hablar de lealtad y nobleza: vamos a hablar de perros. ¿Por qué? ¿Acaso se requiere un motivo para hablar de amigos, celebrar que existen? Pero si me fuerzan un poco, les digo: el 26 de agosto es su Día Internacional. Rindámosles homenaje por medio de algunos símbolos de su bondad.


El primero que se sacude es Argos, el perro de Ulises en la Odisea. Esperó al héroe durante 20 años, que fuera a Troya, combatiera y, de vuelta, enfrentara pruebas y engaños de dioses y seres maravillosos. Al llegar, Ulises halló la casa hecha un caos. Decenas de hombres competían por casarse con su esposa, que creían viuda. Entró disfrazado de mendigo para enterarse de todo. El único que lo reconoció fue el viejo Argos, enfermo y descuidado. Yacía sobre un cerro de estiércol, mientras el mendigo hablaba con Eumeo, el porquero. “Con todo, bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto, coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo. Este al verlo, desvió su mirada, enjugóse una lágrima…”.


Los hay filósofos. Orfeo, el de Niebla de Unamuno, lamentó que su amo no entendiera el sentido de la vida. Y sus paisanos Cipión y Berganza, los de El Coloquio de los perros de Cervantes, criticaron a los humanos por viciosos y corruptos.


Y recordemos al bueno de Mayo, el de Efraín, héroe triste de María de Isaacs. Lo añoraba en las ausencias cuando se iba a París, y disfrutaba su estancia paseando a su lado por campos del Valle. Sus aullidos expresaban pesares y presagiaron que la débil María se acercaba a la muerte. 

miércoles, 19 de agosto de 2026

Temblor

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 17 al 22 de agosto de 2026)

 

 


Ante la fuerza de la Naturaleza, los humanos somos pavesas, juguetes del viento. Esta verdad sabida de sobra la recordamos en momentos aciagos como el del sismo del 10 de agosto. Por eso, hasta en conversaciones de café se oye decir que la vanagloria y la arrogancia, no solo no tienen sentido, sino que resultan ridículas.


Las desgracias sumen a los seres en la soledad, la escasez y la tristeza. Pero también enseñan. Por eso, libros alusivos a desastres resultan sugeribles a esta hora. Mientras escribo, llegan a mi mente varios títulos: Después del terremoto, de Murakami, historias unidas por el temblor de Kobe, de 1995; El terremoto de San Salvador: narración de un superviviente, de Barba Jacob, sobre el sismo centroamericano de 1917, y Nada, nadie. Las voces del temblor, de Elena Poniatowsca, sobre el sacudón que casi acaba con México D.C. en 1985.


El primero muestra cómo un sismo quiebra el alma de las personas y estas deben adelantar una reconstrucción interna. El segundo registra el caos, los destrozos y la desesperación. Y el tercero, una crónica coral, o sea, en la que intervienen varias voces, no solo narra el desastre, sino, especialmente, lo que vino luego: la incapacidad del gobierno y las instituciones para atender a la gente, y el surgimiento de la solidaridad y el heroísmo de los ciudadanos que se organizaron para socorrerse. Ellos mismos escarbaron las ruinas para hallar a los desaparecidos y lideraron la reconstrucción. De ahí surgió un movimiento de la sociedad civil que consiguió transformaciones en el país azteca.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Amado

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 10 al 16 de agosto de 2026)

 



Jorge Amado, el autor brasileño que emprendió el viaje al corazón del misterio el 6 de agosto de 2001, hace 25 años, dejó una obra en la que se amalgaman la fiesta y la sensualidad, el compromiso contra la injusticia social y la descripción del alma de su pueblo, con una genialidad y una gracia que pocas veces se encuentran.


En obras como Cacao se plasma la vida difícil de una sociedad marginada, trabajadores explotados por terratenientes. En Sudor desfilan mendigos, obreros y prostitutas expuestos a la explotación unos, a la segregación social otros, y a la miseria todos ellos. En Capitanes de la arena, niños callejeros deambulan por la ciudad entre dolor y violencia, pero, claro, se tornan invisibles en una urbe en la que la tragedia se toma como algo normal.


Doña flor y sus dos maridos, y Gabriela, clavo y canela son sus novelas más conocidas y celebradas. El cine, el teatro y la televisión las han representado. Ambas ponen en el centro unos amores tórridos para mostrar, en la primera, el espíritu del Brasil carnavalero; en la segunda, las tensiones sociales del abuso laboral.


Estas son líneas de Doña Flor…: “¿Quién, esa noche de domingo de carnaval, no había planeado ir a un corso o a divertirse en alguna fiesta? ¿Quién no tenía algún programa esa madrugada? Pues bien, a pesar de eso, el velatorio de Vadinho fue un «éxito», como aseveró y proclamó con orgullo doña Norma”.


En fin, la capacidad de expresar la forma de ser y de sentir de su pueblo, así como la de denunciar las desigualdades han sido el motivo de que Jorge sea amado.

jueves, 6 de agosto de 2026

Suenan timbres

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 3 al 9 de agosto de 2026)

 




Suenan timbres y alarmas para no dejar pasar el 2026 sin celebrar el centenario de una obra esencial en las letras nacionales: Suenan timbres, de Luis Vidales. Esencial, porque el primer libro del escritor de Calarcá aportó en la construcción de la vanguardia literaria. Rompió los esquemas gastados. Dijo adiós al conformismo y la tradición, y abrió las puertas de la modernidad colombiana.


Vidales exhibió, como los demás de su grupo, el de Los Nuevos —De Greiff, Tejada y otros—, un espíritu inconforme y rebelde, y expresó el hastío frente a la vida y la sociedad.


Señor.

Estamos cansados de tus días

y tus noches.

Tu luz es demasiado barata

y se va con lamentable frecuencia…”.


Pero no solo por esta, “La oración de los bostezadores”, la más conocida de sus creaciones, que lo manifiesta de manera directa, sino por la carga expresiva de su poesía, en versos y prosas. Fue atacado en las calles por sus ideas poéticas diferentes. Y, más tarde, perseguido y encerrado por sus ideas diferentes en materia política, porque en Colombia la diferencia cuesta caro.


Este es un trozo de “La rebelión”:


“Pero yo no soñaba. En la atmósfera flotaba algo inusitado, sutil como el sereno o el hidrógeno. A mi lado pasaban gentes. Y grupos de sombras igual a gentes vistas en un espejo turbio.

Me interné por la calle en penumbra. Mi sombra marchaba resbalándose por el muro, de pie, tan alta como yo. Era la confabulación de la hora. De improviso se detuvo, o para ser más verídico, me detuvo. Una tribu de minutos atravesó la noche con los punteros al hombro…”