Columna Río de
Letras diario ADN, semana del 31 de agosto al 6 de septiembre
¿Qué tienen de
raro las novelas inconclusas? Nada. ¡Ha habido tantas! Por lo general, quedan
así por un asunto inevitable: la muerte del creador. Otras veces, porque este
queda devastado por un evento o, simplemente, ¡porque no desea terminarla y
punto!
Perceval o el cuento del Santo Grial, que el inmenso Chrétien de Troyes dejó inacabada en el siglo XII, cuenta la historia de Perceval, caballero de la corte del rey Arturo. Su niñez campesina, sus hazañas (como esa en la que venció al Caballero Rojo), su amor por Blancaflor y lo crucial: su visita al castillo del Rey Pescador, donde vio el Grial, la lanza que sangra y un plato, reliquias de Jesucristo tan buscadas. Guardó silencio, no preguntó por ellas, lo que trajo consecuencias negativas para el Rey Pescador y el propio Perceval.
Plegarias atendidas, que Truman Capote abandonó en el siglo XX, revela intimidades e ideas personales de amigos suyos, como Jerry Salinger, Andi Warhol, Greta Garbo, Simone de Beauvoire, Samuel Beckett y Tennessee Williams. Cambió los nombres, sí, pero resultaron reconocibles a los lectores de los capítulos que salieron en Squire. Los afectados no le perdonaron nunca y lo excluyeron. El libro salió de manera póstuma, en 1986.
En el siglo XIX, Poe
publicaba por entregas El diario de Julius Rodman en una revista de la
que era
editor, pero como lo despidieron decidió no continuarla.
También quedaron sin
terminar El proceso y El castillo, de Kafka; El primer hombre,
de Camus; Billy Budd, de Melville; El hombre sin atributos,
de Musil, y un larguísimo etcétera.
