miércoles, 30 de septiembre de 2026

La edad fantástica

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN del 28 de septiembre al 4 de octubre de 2026)

 

 


Cuando me pierdo de vista, no les extrañe si les dicen que estoy de viaje en el
Medioevo para llenarme de ese imaginario de magia, superstición, caballería, amor cortesano, juglaría, torneos… Ese tiempo transcurrido entre los siglos V y XV se antoja una ficción colectiva en la que brillan las espadas, abundan los caballeros y son comunes los castillos. La literatura es maravillosa, con cantares de gesta y novelas de caballería. Aparecen las Cruzadas, indeseables e irracionales, como todas las guerras, pero cuando son bien contadas, uno se queda para enterarse en detalle.


La Divina Comedia, de Dante Alighieri, respira teocentrismo y resume el ideario cristiano de Cielo, Purgatorio e Infierno que aún pervive. La magia es una relación íntima con la Naturaleza. Mencionemos al más emblemático de los hechiceros, el mago Merlín, de quien habla Geoffrey de Monmouth, y lo vincula con el rey Arturo.


Otros, al igual que yo, tienen fascinación por la Edad Media. George R.R. Martin, el de la Canción de hielo y fuego; J.R.R. Tolkien, el de El señor de los anillos; C.S Lewis, el de Las Crónicas de Narnia; J. K. Rowling, la de Harry Potter; Umberto Eco, el de El nombre de la rosa; Hermann Hesse, el de Leyendas medievales. En una de estas, dos jugadores blasfemaban contra la Virgen, hasta que «sintióse una voz desde arriba: “Que yo sea calumniado aun puedo consentirlo, pero que lo sea mi madre no lo puedo tolerar”. Pronto, un visible rayo horadó al hombre allí mismo, dejándole una herida visible; entre espumarajos el jugador entregó su alma a Dios».

 


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Gonzalo Arango

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 21 al 27 de septiembre de 2026)

 


El 25 de septiembre se recuerda la muerte de Gonzalo Arango ocurrida en Gachanchipá, en 1976. Este suceso nos lleva a pensar en su vida intensa, escandalosa y creativa. El autor nacido en Andes, en 1931, sigue vigente en las letras y el ideario nacional, por la rebeldía y la profundidad de su pensamiento, expresado en poesía, drama, relato y reportaje. Por su estilo desenfadado que dio prioridad a las reflexiones acerca de la pequeñez humana, el amor, la soledad, el cansancio de seguirle el paso a una sociedad que corre desbocada hacia ninguna parte.


Sus reportajes, al tiempo que muestran a las personas, analizan y se ríen de las situaciones. Sus poemas están hechos de versos como dardos encendidos que quieren quemar el mundo.


“La paz no es una bota militar oprimiendo el

espíritu desarmado, aplastando como una lápida

funeraria la vida y la libertad de los hombres”.


Si algo muestra la vigencia del andino es el Manifiesto Nadaísta al Homo Sapiens. Parece hablarles a la humanidad y los dirigentes de hoy, encarnados en el Homo Sapiens, un ser que se dice pensante, pero al que, por satisfacer su apetito de poder y riqueza, no le importa dejar a su paso destrucción y muerte. Esto, dice, no produce otra cosa que vergüenza a quienes no comparten este modelo de barbarie.


“Mire en torno de su adorado universo y no verá más que cadáveres sacrificados por la Justicia, el Amor, la Libertad, la Paz, y las demás porquerías de la Razón humana”. Y añade: “Les advertimos que, si ustedes no cambian, nosotros nos vamos a desafiliar de la Raza Humana (…)”.


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Los amigos

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 14 al 20 de septiembre de 2026)

 


Flush era el perro de la poeta inglesa Elizabeth Barrett Browning. Su compañero en el encierro que, por años, vivió en una habitación oscura, a causa de una enfermedad pulmonar. Virginia Woolf escribió la biografía de esta escritora en la novela Flush. La contó desde el punto de vista de ese amigo inseparable. No hubiera podido hallar a alguien que la conociera tanto ni la amara más que ese perro que la vio escribir:


“Si has de amarme que sea solamente

por amor de mi amor. No digas nunca

que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo

de hablar o por un rasgo de carácter”,


versos que ella repitió ante él con su voz enferma.


Primero estuvieron solos; más tarde, ella se enamoró de Robert Browning, también poeta, y Flush tuvo que aceptarlo; luego, Flush fue víctima de un secuestro, lo que sirvió para confirmar la lealtad de Elizabeth, quien lo buscó por barrios de Londres hasta dar con él, y pagó rescate por su liberación; se mudaron a vivir a Italia, y, después, regresaron a Londres para pasar un tiempo apacible. “Flush la amaba. Había renunciado al aire y al sol por ella. «Acaso no merece ser amado?»”.


Amigos multiespecie ocupan numerosas páginas de la literatura. ¿Cómo olvidar a Platero y yo, la novela poética de Juan Ramón Jiménez sobre su relación con un asno? En El Principito, de Antoine de Saint Exupery, el protagonista tiene amistad con una rosa, primero, y con un zorro, después. En Colmillo Blanco, de Jack London, un perro sufre la crueldad de los humanos, hasta que halla a Weedon, un hombre bondadoso con el que seguiría su camino.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Septiembre

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 7 al 13 de septiembre de 2026)



Parece absurdo: septiembre es el noveno mes del año, pero su nombre alude a séptimo. Todo porque en el calendario romano, este mes era el número siete. Y aunque esto cambió hace cuatro siglos y medio, cuando entró en vigor el calendario gregoriano, lo dejaron así y nos acostumbramos a esta curiosidad.


Porfirio Barba Jacob, un ser a ratos absurdo y contradictorio, dejó un poema para este mes: Elegía de septiembre. Absurdo, Barba Jacob establece en el título la palabra elegía, a pesar de que esta se refiera a un subgénero lírico que define un poema de lamentación, en el cual, quien escribe, se queja por la muerte de un ser amado o la pérdida de cualquier cosa: la vida, la ilusión, el tiempo, el amor, la amistad o algún otro sentimiento… y en esta composición, él no se lamenta por un deceso ni por la falta de algo; por el contrario, confiesa que, a pesar “de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada”, hasta ese presente de su existencia, ha tenido la osadía de haber expuesto su humanidad a la aventura, la alegría y la tristeza.


Así termina este canto:


“Y vosotros, rosal florecido,

lebreles sin amo, luceros, crepúsculos,

escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido!

He vivido con alma, con sangre, con nervios, con músculos,

y voy al olvido...”


Si acaso, tal vez esta, el olvido, sea la pérdida a la que alude el título. Pero no importa saberlo. Al fin, lo valioso en el arte —y, dentro de este, la poesía y la literatura— no es tanto la certidumbre sino la ambigüedad. Septiembre tiene su elegía, una elegía singular que no lamenta pérdidas…


miércoles, 2 de septiembre de 2026

A medio camino

Columna Río de Letras diario ADN, semana del 31 de agosto al 6 de septiembre

 


 

 

¿Qué tienen de raro las novelas inconclusas? Nada. ¡Ha habido tantas! Por lo general, quedan así por un asunto inevitable: la muerte del creador. Otras veces, porque este queda devastado por un evento o, simplemente, ¡porque no desea terminarla y punto!



Perceval o el cuento del Santo Grial, que el inmenso Chrétien de Troyes dejó inacabada en el siglo XII, cuenta la historia de Perceval, caballero de la corte del rey Arturo. Su niñez campesina, sus hazañas (como esa en la que venció al Caballero Rojo), su amor por Blancaflor y lo crucial: su visita al castillo del Rey Pescador, donde vio el Grial, la lanza que sangra y un plato, reliquias de Jesucristo tan buscadas. Guardó silencio, no preguntó por ellas, lo que trajo consecuencias negativas para el Rey Pescador y el propio Perceval.


Plegarias atendidas, que Truman Capote abandonó en el siglo XX, revela intimidades e ideas personales de amigos suyos, como Jerry Salinger, Andi Warhol, Greta Garbo, Simone de Beauvoire, Samuel Beckett y Tennessee Williams. Cambió los nombres, sí, pero resultaron reconocibles a los lectores de los capítulos que salieron en Squire. Los afectados no le perdonaron nunca y lo excluyeron. El libro salió de manera póstuma, en 1986.


En el siglo XIX, Poe publicaba por entregas El diario de Julius Rodman en una revista de la que era editor, pero como lo despidieron decidió no continuarla.


También quedaron sin terminar El proceso y El castillo, de Kafka; El primer hombre, de Camus; Billy Budd, de Melville; El hombre sin atributos, de Musil, y un larguísimo etcétera.