miércoles, 9 de septiembre de 2026

Septiembre

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 7 al 13 de septiembre de 2026)



Parece absurdo: septiembre es el noveno mes del año, pero su nombre alude a séptimo. Todo porque en el calendario romano, este mes era el número siete. Y aunque esto cambió hace cuatro siglos y medio, cuando entró en vigor el calendario gregoriano, lo dejaron así y nos acostumbramos a esta curiosidad.


Porfirio Barba Jacob, un ser a ratos absurdo y contradictorio, dejó un poema para este mes: Elegía de septiembre. Absurdo, Barba Jacob establece en el título la palabra elegía, a pesar de que esta se refiera a un subgénero lírico que define un poema de lamentación, en el cual, quien escribe, se queja por la muerte de un ser amado o la pérdida de cualquier cosa: la vida, la ilusión, el tiempo, el amor, la amistad o algún otro sentimiento… y en esta composición, él no se lamenta por un deceso ni por la falta de algo; por el contrario, confiesa que, a pesar “de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada”, hasta ese presente de su existencia, ha tenido la osadía de haber expuesto su humanidad a la aventura, la alegría y la tristeza.


Así termina este canto:


“Y vosotros, rosal florecido,

lebreles sin amo, luceros, crepúsculos,

escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido!

He vivido con alma, con sangre, con nervios, con músculos,

y voy al olvido...”


Si acaso, tal vez esta, el olvido, sea la pérdida a la que alude el título. Pero no importa saberlo. Al fin, lo valioso en el arte —y, dentro de este, la poesía y la literatura— no es tanto la certidumbre sino la ambigüedad. Septiembre tiene su elegía, una elegía singular que no lamenta pérdidas…


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