miércoles, 7 de octubre de 2026

Teorías conspirativas

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 5 al 11 de octubre de 2026)

 


Las teorías conspirativas han existido desde que el mundo es mundo. Y se multiplican cada día. Cómo olvidar las de la pandemia del covid: que el virus fue creado en laboratorio como arma biológica para reducir la población mundial; que las vacunas incluían un microchip para vigilar a las personas. De Isabel II, la ex reina del Reino Unido, que era reptiliana, es decir, de una raza de humanoides que controla la Tierra. La última teoría la escuché hace tres días: que los gringos tienen una máquina, o un arma, no sé, que causa terremotos.


La literatura ha usado esas ideas para sus creaciones. El departamento de la verdad es una novela gráfica de James Tynion IV en la que un agente del FBI sigue la pista del asesinato de Kennedy. Lágrimas de otoño, una novela de espionaje de Charles McCarry, en la que un agente de la CIA investiga unas operaciones encubiertas del ejército gringo en Vietnam del Sur, que se conectan también con el magnicidio de Kennedy.


Una novela divertida es El péndulo de Foucault, de Umberto Eco. Tres editores inventan su teoría conspirativa. Conectan a los caballeros templarios con sectas y sociedades secretas, y con la cábala. Les inventan vínculos con complots a lo largo de la historia. En esta obra se lee:


“Volví a la realidad porque Salon estaba hablando y trayendo una extraña criatura de uno de los estantes. Tendría unos treinta centímetros de largo y se veía que era un dragón, un reptil de grandes alas negras y membranosas, con una cresta de gallo y las abiertas fauces erizadas de minúsculos dientes de tiburón”. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario