(Columna
Río de Letras publicada en el diario ADN del 28 de septiembre al 4 de octubre de 2026)
La
Divina Comedia, de Dante Alighieri, respira
teocentrismo y resume el ideario cristiano de Cielo, Purgatorio e Infierno que
aún pervive. La magia es una relación íntima con la Naturaleza. Mencionemos al
más emblemático de los hechiceros, el mago Merlín, de quien habla Geoffrey de Monmouth, y lo vincula con el rey Arturo.
Otros,
al igual que yo, tienen fascinación por la Edad Media. George R.R. Martin, el de la Canción de hielo
y fuego; J.R.R. Tolkien, el de El señor de los anillos; C.S
Lewis, el de Las Crónicas de Narnia; J. K. Rowling, la de Harry Potter; Umberto Eco, el de El nombre de la rosa;
Hermann Hesse, el de Leyendas medievales.
En una de estas, dos jugadores blasfemaban contra la Virgen, hasta que «sintióse
una voz desde arriba: “Que yo sea calumniado aun puedo consentirlo, pero que lo
sea mi madre no lo puedo tolerar”. Pronto, un visible rayo horadó al hombre
allí mismo, dejándole una herida visible; entre espumarajos el jugador entregó
su alma a Dios».

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