(Columna
Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 21 al 27 de septiembre de 2026)
El 25 de septiembre se recuerda la muerte de Gonzalo Arango ocurrida en Gachanchipá, en 1976. Este suceso nos lleva a pensar en su vida intensa, escandalosa y creativa. El autor nacido en Andes, en 1931, sigue vigente en las letras y el ideario nacional, por la rebeldía y la profundidad de su pensamiento, expresado en poesía, drama, relato y reportaje. Por su estilo desenfadado que dio prioridad a las reflexiones acerca de la pequeñez humana, el amor, la soledad, el cansancio de seguirle el paso a una sociedad que corre desbocada hacia ninguna parte.
Sus reportajes, al tiempo que muestran a las personas, analizan y se ríen de las situaciones. Sus poemas están hechos de versos como dardos encendidos que quieren quemar el mundo.
“La paz no es una bota militar oprimiendo el
espíritu desarmado, aplastando como una lápida
funeraria la vida y la libertad de los
hombres”.
Si
algo muestra la vigencia del andino es el Manifiesto Nadaísta al Homo
Sapiens. Parece hablarles a la humanidad y los dirigentes de hoy,
encarnados en el Homo Sapiens, un ser que se dice pensante, pero al que, por
satisfacer su apetito de poder y riqueza, no le importa dejar a su paso destrucción
y muerte. Esto, dice, no produce otra cosa que vergüenza a quienes no comparten
este modelo de barbarie.
“Mire en torno
de su adorado universo y no verá más que cadáveres sacrificados por la
Justicia, el Amor, la Libertad, la Paz, y las demás porquerías de la Razón
humana”. Y añade: “Les advertimos que, si ustedes no cambian, nosotros nos
vamos a desafiliar de la Raza Humana (…)”.

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