(Columna
Rio de Letras publicada en el diario ADN, semana del 2 al 8 de marzo de 2026)
En
cafés y esquinas de Colombia no se habla de algo distinto a las elecciones. Que
por quién votar, lo que dice Fulana, lo que responde Perano. A todas estas, una
buena elección es observar cómo la literatura se mete en política. Revisa
ideologías, critica conductas sociales, presenta escenarios posibles. Me vienen
a la mente dos obras bien distintas: Sumisión,
de Michel Houellebecq, y Ensayo sobre la
lucidez, de José Saramago.
En
la primera, el francés imagina que las elecciones de su país son ganadas por un
movimiento musulmán. Llegan cambios culturales y de leyes —como las que
garantizan igualdad entre mujeres y hombres—, y la intención de establecer un
imperio islámico en Europa.
En
la del portugués, este lanza una sátira en la que, en una ciudad sin nombre,
los ciudadanos rompen la venda de sus ojos. En las elecciones municipales, el
voto en blanco obtiene un triunfo arrollador. El gobierno entra en pánico,
porque no hay nada más doloroso para los políticos que esta expresión de
desprecio. Es una crítica a la democracia degenerada y a la clase dirigente
corrupta. Además, tiene el encanto del estilo Saramago: puntuación atípica,
humor inteligente y diálogos mezclados con la narración. Leamos un trozo:
“Hombre, ten calma, no hay ningún motivo de preocupación,
mira estas calles, el sosiego de la ciudad, su tranquilidad, Eso es justamente
lo que me inquieta, comisario, una ciudad como esta, sin autoridades, sin
gobierno, sin vigilancia, sin policía, y a nadie parece importarle, aquí hay
algo muy misterioso que no consigo entender”.
Buenísimos ejemplos, hay q volverlos a leer...nada más asustados que el cambio....
ResponderBorrarExcelente análisis no solo político, sino también cultural.
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