(Columna
Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 16 al 22 de marzo de 2026)
Suele pensarse que la poesía es cosa inusual y de unos cuantos. Pero no, es cotidiana y para todos. El 21 de marzo, Día de la Poesía, recuerda que su esencia debe acompañarnos a diario. Cotidianos son los versos que huyen de los poemas para hacer parte del habla. Cada vez que los usamos, es como si se oyeran por primera vez. Así, sueltos, llevan vida de dichos, proverbios o refranes.
“Ser o
no ser, he ahí el dilema”. Al citarla, nadie tiene que saber que esta frase
surgió por los años 1600, de la pluma de un tal Shakespeare, ni que la puso en boca
de un príncipe. Sucede igual con otra de ese autor: “¡Mi reino por un caballo!”:
se le escapó a Ricardo III en su tragedia. No es preciso darle el crédito al
español Antonio Machado siempre que se diga “se hace camino al andar”, para significar que cada uno hace la vida con sus
actos y decisiones. Ni a otro ibérico, Jorge Manrique, al repetir que
“cualquier tiempo pasado fue mejor” y recordar la fugacidad de los placeres.
Un verso huyó hace más de 100 años de un poema del colombiano Julio Flórez: “Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!”. Acude al llamado de quien, inundado de pesimismo, expresa que las cosas suelen llegar a deshora. Si conminamos al verso a reunirse con otros del poema, suena así:
“Todo nos llega tarde… ¡hasta la muerte!
Nunca se satisface ni alcanza
la dulce posesión de una esperanza
cuando el deseo acósanos más fuerte.
Todo puede llegar: pero se advierte
que todo llega tarde: la bonanza,
después de la tragedia; la alabanza
cuando ya está la inspiración inerte”.

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