(Columna
Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 9 al 15 de marzo de 2026)
Hoy
somos los personajes de una novela que habla de una realidad indeseada. Líderes
autoritarios someten y humillan a dirigentes y pueblos de forma arbitraria para
saquear recursos de sus territorios e intervenir sistemas de gobierno. Un
panorama de caos y destrucción. Todo, ante la inoperancia de organismos como las
Naciones Unidas y la impotencia de los ciudadanos del mundo.
Esa
realidad nos tiene leyendo sobre distopías para entender nuestra suerte actual
y prepararnos para lo que quizá nos depare el porvenir. Siempre aludimos a 1984, de George Orwell, y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. La
primera, sobre la represión e hipervigilancia de un gobierno totalitario a los
ciudadanos. La segunda, de un mundo en el que los humanos son fabricados y diseñados
para dirigir o trabajar. Estas obras, y otras como Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, o El talón de hierro, de Jack London, son las bases para otras de
ficción especulativa que vendrían después.
Como El cuento de la criada, de la canadiense Margaret Atwood, y La guerra de las salamandras, del checo Karel Capek. Aquella habla de un Estados Unidos sometido a un régimen teocrático y neonazi, y una sociedad en la que las mujeres ocupan el escalón más bajo de las clases sociales, limitadas a tareas reproductivas. El último, acerca de un hallazgo que revoluciona la economía: el de las salamandras y su mano de obra barata y resistente. Ambos libros tratan de esclavitud, colonialismo, fascismo… Consecuencias que fácilmente pueden llegar después de que en el planeta reine la ley del más fuerte.
Verdaderamente,son tiempos amigos y desesperanzadores, claro que se deben estar escribiendo otras obras, y en mi imaginación, la de la destrucción total de esta humanidad,que no tiene redención, ni por los líderes ni por la inimaginable estupidez de las personas.
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