martes, 3 de marzo de 2026

Comprar Groenlandia

(Columna publicada en Papel Salmón del diario La Patria, de Manizales)


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El presidente estadounidense Donald Trump expresó la intención de adquirir la isla más grande del mundo. Poseerla le daría ventajas económicas, militares y políticas al país norteamericano. Así, el tesoro cultural de sus habitantes, los inuit, está en riesgo de desaparecer.




El siguiente no es realismo mágico; es una muestra del animismo de los inuit de Groenlandia:


“Nosotros creemos que los árboles del bosque son seres vivientes a los que no falta más que la palabra. Por eso no nos gusta pasar la noche en medio de ellos. Los que por azar se han visto obligados a hacerlo refieren que, en la oscuridad, las ramas cuchichean y gimen en una lengua que ellos no han podido entender”.


Knud Rasmussen 

Esta bella idea y mil más se leen en De Groenlandia al Pacífico. Dos años de intimidad con tribus esquimales desconocidas. La odisea helada del antropólogo y escritor groenlandés Knud Rasmussen, nacido en 1879 y muerto en 1933, dueño de una existencia colmada de aventuras.


El citado libro contiene narraciones extraordinarias, cuya historia principal es el cruce del Paso del Noroeste, conectando el estrecho de Davis y el estrecho de Bering. Rasmussen es el primer expedicionario en lograr esta hazaña. Las peripecias comienzan en la puerta del frío, Groenlandia, situada entre los océanos Atlántico y Ártico, a bordo de embarcaciones que desafían un mar atestado de hielos flotantes, algunos inmensos como islas, sobre todo en verano cuando por ratos se hace impracticable. Siempre con rumbo al extremo norte del continente americano. El viajero visita regiones cercanas al polo, las más alejadas del ecuador terrestre habitadas por seres humanos. Allí, valiéndose de trineos tirados por perros, bordea la costa con rumbo a occidente, para salir al océano Pacífico. “Dadme invierno y dadme perros y podéis quedarte con el resto”, manifiesta este etnógrafo y explorador polar, quien estudió como ninguna otra persona las culturas inuit, es decir, esquimales.


Planes de Trump

El presidente de Estados Unidos revive el viejo anhelo de los dirigentes gringos de comprar Groenlandia. Hace unos meses, su hijo fue allí a mirar no más; el último fin de semana de marzo de 2025, altos funcionarios del gobierno del país norteamericano, entre ellos el vicepresidente J. D. Vance, visitaron la isla, en especial una base militar gringa, en un claro signo de acoso rechazado por el primer ministro de la isla J. Frederik Nielsen. Se ponen sobre la mesa historias que parecen ficciones y dan cuenta de que esos no son terrenos baldíos de los que cualquiera puede apropiarse con dinero. O como ellos, los estadounidenses, acostumbran hacer: mediante el uso de la fuerza, acorralan a los pueblos hasta que no tienen más alternativa que ceder a sus pretensiones.


Viejo anhelo, digo, porque desde el siglo antepasado, cuando le compraron Alaska a Rusia, lanzaron la propuesta de adquirir Groenlandia. Y posteriormente, después de cada Guerra Mundial y durante la Guerra Fría han renovado su intención de quedarse con la isla que hace parte del reino de Dinamarca. Por eso nada que abandonan su base militar.


Por supuesto, las motivaciones son económicas, políticas y militares. La ubicación geográfica les resulta estratégica. Está a medio camino entre Nueva York y Moscú. Relativamente cerca del Reino Unido y Europa. La riqueza mineral de su suelo es grande. Tiene petróleo, gas y metales de tierras raras, útiles en las industrias de aviación y militar. Consciente de que el Ártico se está descongelando por efecto del calentamiento global, la dirigencia estadounidense sabe que, en unos diez años, muchos tesoros que se mantienen protegidos por el hielo, podrán ser explotados fácilmente.


Es de anotar que las relaciones entre la isla y Dinamarca son tensas, Groenlandia quiere independencia y el país europeo suele quejarse de que le resulta muy costoso mantenerla. Así, los gringos pretenden pescar en río revuelto, como se dice coloquialmente.


Nuuk, la capital groenlandesa. 

Groenlandia está habitada por unas 60 mil personas pertenecientes a comunidades indígenas, predominantemente inui o esquimales, que basan su economía en la caza y la pesca.


En los últimos años intentan diversificar con propuestas turísticas.

 



Relatos

Desde el tercer milenio antes de nuestra era, los exploradores y navegantes visitan Groenlandia. Esta ha hecho parte de Islandia, Noruega y Dinamarca, en distintos momentos. Los griegos clásicos la mencionan con el nombre Thule, el lugar más remoto. En las sagas groenlandesa y la de Erik el Rojo, se cuenta que este vikingo noruego llegó allí en el siglo X, proscrito por asesinato múltiple. Decidió llamarla Groenlandia, que quiere decir Tierra Verde, aunque solo es verde en verano, cuando el territorio se descongela.


La hemos visitado en decenas de historias de exploradores. En Las aventuras del capitán Hatteras, de Julio Verne, él y sus navegantes arriman a la isla, última estación donde pueden aprovisionarse de víveres y perros, para su conquista del polo; en El secreto de Maston o Sin arriba y sin abajo, del mismo autor, se alude a una sociedad secreta estadonidense que, en subasta pública y ante las potencias mundiales, compra el Polo Norte para explotar sus minerales, en especial, la hulla.


Volviendo a Rasmussen, el etnólogo —que también fue actor y guionista de películas—, leamos un fragmento del origen del mundo, incluido en su libro Mitos y leyendas Inuit:

 

“Hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no existía la Tierra, cayó de lo alto; tierra, montañas y piedras, de arriba, del cielo; así apareció la Tierra.


Cuando apareció la Tierra, llegaron las personas. Cuentan que brotaron de ella. Unos niños muy pequeños surgieron de la tierra; salieron entre unos arbustos de sauce, cubiertos de follaje, y quedaron entre las ramas, pataleando con los ojos cerrados; ni gatear sabían. Su alimento lo sacaban de la tierra.


Cuentan también de un hombre y de una mujer; pero... ¿cómo? Es misterioso. ¿Cuándo estuvieron juntos? ¿Cuándo crecieron? No lo sé. El caso es que la mujer cosió ropa de niño y echó a andar. Encontró a los pequeños, los vistió y los llevó a su casa.


Así fue como hubo muchos seres humanos.


Cuando fueron numerosos, quisieron perros. Un hombre salió con una correa de perro en la mano y empezó a patear la tierra al grito de «¡Hoc! ¡Hoc, hoc!».


En ese instante, empezaron a salir perros de montículos de tierra corriendo a todo correr; y se sacudieron bien, porque estaban llenos de arena. Así fue como los hombres consiguieron perros.


Pero los hombres se multiplicaron; cada vez había más. No conocían la muerte hace mucho, mucho tiempo, y vivían muchos años; tantos que al final no podían andar, se quedaban ciegos y tenían que tumbarse.


Tampoco conocían el sol, vivían en la oscuridad; el día jamás clareaba. Solamente había luz dentro de las casas; quemaban el agua en lámparas. En aquellos tiempos el agua ardía.


Pero los hombres, que no sabían morir, empezaron a ser tantos que colmaron la tierra; entonces el mar lo arrasó todo. Muchos se ahogaron y su número se redujo. Podemos ver huellas de esta gran inundación en las cumbres más altas, donde no es raro hallar moluscos”.


No es necesario ser adivino para saber que en poco tiempo, con el afán expansionista de Trump, oiremos hablar más de los habitantes de la isla más grande de la Tierra.

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