jueves, 26 de marzo de 2026

Virginia y Orlando

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 23 al 29 de marzo de 2026)


 


Hubo en Inglaterra un ser humano que
vivió sin envejecer unos 400 años, entre los siglos XVI y XX. Sirvió en la corte como paje, se desempeñó como embajador en Constantinopla, se enroló con gitanos y se casó con un marinero. Fue poeta apasionado, mujeriego incorregible, viajero incansable y dueño de una libertad que no disminuyó jamás. Cuestionó las normas de comportamiento de su género. Además de la longevidad, otro asunto lo hizo especial: tras un largo sueño, despertó transformado en mujer. Su nombre: Orlando. Su biógrafa: Virginia Woolf.


Esta novela fantástica es la obra más ambiciosa, bien lograda y experimental de esta autora británica de cuya muerte se conmemoran 85 años el 28 de marzo. Sé que resulta arriesgado afirmar que esta sea la más ambiciosa, considerando que todas sus creaciones —La señora Dalloway, Las olas, Al faro, Noche y día; en fin, todas— se caracterizan por romper esquemas de formas y pensamientos. Exploró técnicas narrativas como el flujo de conciencia, usó imágenes de poesía y dio prioridad a las reflexiones y observaciones sobre las acciones. Conocida por su mente abierta o, más bien, carente de puertas, y por sus ideas feministas, Virgilia Woolf fue, sin duda, una revolucionaria de las letras.


Leamos algunas líneas:


“Orlando se había transformado en una mujer —inútil negarlo. Pero, en todo lo demás, Orlando era el mismo. El cambio de sexo modificaba su porvenir, no su identidad. Su cara, como lo pueden demostrar sus retratos, era la misma. Su memoria podía remontar sin obstáculos el curso de su vida pasada”.

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