jueves, 18 de junio de 2026

Alma de cristal

Columna Río de Letras diario ADN, semana del 15 al 21 de junio

 

 

Hay quienes afirman que ahora los niños y jóvenes son emocionalmente frágiles. Si se les dice algo que los incomode, se quiebran como cristales. Que los mayores los sobreprotegen y les evitan cualquier contacto con la adversidad para ahorrarles dolores y frustraciones. En ese afán de protegerlos, los grandes impiden que lean cuentos que incluyan muerte o tragedia… Así, los nuevos no se preparan para entender que la vida tiene tales situaciones, y no se trata de que sea justa o injusta.


Los que ponen rótulo a todo, llaman generación de cristal a la de quienes han nacido en este siglo. (Aunque, claro, hay individuos que se salen del molde.)


Me viene a la mente Tomás Rodaja, el personaje central de El licenciado vidriera, de Miguel de Cervantes Saavedra. Ingenioso y sensible, Rodaja despierta el amor de una mujer, pero él no le corresponde. Despechada, ella acude a una morisca para que lo hechice. Entonces él padeció la locura de creerse de cristal. Hablaba con los demás, opinaba de cuanto le preguntaban, pero rehuía el contacto con los otros para no resultar roto.


Como él, las personas de cristal se rompen con la piedrecilla de una contradicción, el guijarro de una negativa, la esquirla de una dificultad...


Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza”.


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