(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 20 al 26 de abril de 2026)
Así, pues, cada año trae su abril y cada abril, su 23. Y cada 23 de abril, las figuras de don Quijote y Sancho Panza. Este le hace honor a su apellido; aquel, larguirucho y escuálido, a su creador, Miguel de Cervantes.
El Día del Idioma viene siempre con esos protagonistas para festejar el natalicio de Cervantes, sucedido en 1547. Que resurjan, centrales, una y otra vez, no es por falta de ingenio de quienes festejan. Con sus obras, el autor flexibilizó la lengua para el arte y la cotidianidad, y revolucionó la literatura con temas, tratamientos y visiones.
El Quijote ayudó a fundar la novela en Español. Aparte de contar la historia de dos aventureros, incluyó otras novelas: “El curioso impertinente”, “La historia del cautivo”, “Marcela y Grisóstomo”, “Cardenio y Luscinda” y “Leandra y Eugenio”. Y jugó con el narrador: se presentó como un investigador que halla el manuscrito de un tal Cide Hamete Benengeli, historiador árabe.
“El licenciado Vidriera”, una de las Novelas ejemplares, es la historia de Tomás Rodaja, sujeto que cree estar hecho de vidrio. Evita los contactos personales para no quebrarse. Esta obra sintetiza la dualidad cervantina entre realidad y fantasía.
“Cuando andaba por las calles iba por la mitad dellas, mirando a los tejados, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase. Los veranos dormía en el campo al cielo abierto, y los inviernos se metía en algún mesón, y en el pajar se enterraba hasta la garganta, diciendo que aquélla era la más propia y más segura cama que podían tener los hombres de vidrio”.

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