(Columna publicada en el periódico GENTE, del grupo El Colombiano, el 31 de marzo de 2023)
En
esta anualidad se cumplen 570 años del fin de la Edad Media, si se considera que
fue en 1453, con la Caída del Imperio bizantino. Aunque, por supuesto, nadie
puede creer que una noche la gente se acostó medieval y a la mañana siguiente
se levantó renacentista. Nada funciona así, con mecanismo de reloj; menos los
procesos culturales.
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Autor desconocido. Siglo XIII |
Lo
cierto es que la Edad Media resulta fascinante. Se antoja una ficción colectiva
en la que reinaba la magia, abundaban los caballeros y eran comunes los
castillos. Maravillosa su literatura, con cantares de gesta y novelas de
caballería. ¡Ay, El cantar de Roldán!
Sufre
desprestigio entre muchos que la consideran peligrosa, intolerante y belicista.
Asimismo, estiman que el teocentrismo —Dios en el centro de la realidad—
derivaba en oscurantismo, es decir, la imposibilidad de difundir conocimientos
científicos entre la población.
Si
se observa, estas ideas pueden calificar cualquier período. ¿Cuál no ha sido
peligroso, intolerante y belicista? ¿Acaso el actual? Si había teocentrismo,
ahora domina el tecnocentrismo, la tecnología en el centro de la realidad. Un
nuevo dios al que rendirle culto. Un dios que no nos ha hecho seres mejores. Ahora
no hay oscurantismo, los conocimientos se difunden, sí, pero existe un caos generado
por la falsedad y la vacuidad de los contenidos informativos que genera ignorancia,
odio y guerra. Así, no es posible decir qué es mejor ni qué es peor. En suma, digamos
más bien, todas las épocas tienen lo dulce y lo amargo, lo grandioso y lo
indeseable.