jueves, 25 de diciembre de 2025

Edadismo

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN. semana del 22 al 28 de diciembre de 2025)

 


Muchos creen que el amor entre los viejos es un asunto inapropiado. El amor en los tiempos del Cólera, de Gabriel García Márquez, aborda este tema y le otorga el nivel de dignidad que realmente tiene. Hay quienes opinan que los ancianos no deben enfrentar retos, pues estos son solo para los jóvenes. El viejo y el mar, de Ernst Hemingway, muestra la grandeza de un pescador viejo que afronta a conciencia las dificultades. La mayoría de las personas piensan que los niños nada saben ni entienden. El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, pone en evidencia lo contrario: un infante expresa reflexiones profundas. Por todas partes se oye decir que los jóvenes son irresponsables y que no se debe esperar de ellos ningún compromiso. Grandes esperanzas, de Charles Dickens, cuenta la historia de Pip, un muchacho pobre y huérfano que aprovecha una repentina fortuna para hacerse caballero y redefinir las ideas de moral, humildad y amor…


Los estereotipos son ideas, las más de ellas infundadas, con las que se trata de definir los grupos humanos. Estas ideas son las que nutren las prácticas de tratos desiguales por raza, discapacidad, orientación sexual, nivel socioeconómico o religión. Y en cuanto a la discriminación por edad no es diferente.


Hay un término para nombrarla: edadismo. Por cierto, bien puede ser la palabra de 2025. Es cierto que surgió a finales de los años sesenta del siglo pasado, acuñada por el psiquiatra gringo Robert Butler, pero en el último tiempo mantiene escapándose de los tratados científicos para habitar el habla cotidiana.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Orgullo y prejuicio

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 15 al 22 de diciembre de 2025)

 

 



Los seguidores de la novelista inglesa Jane Austen la leemos con orgullo. Con un estilo de aparente candor, nutrido con ironía y humor, plasmó las costumbres de su sociedad y época. Sus detractores mantienen un prejuicio: que en sus obras se ocupó de mostrar el afán casamentero y el espíritu sexista de su tiempo. Es una crítica simplista, pues ella solo mostraba esas ideas, como corresponde a los escritores.


Jane Austen, nacida hace un cuarto de milenio, reveló en Orgullo y prejuicio, Emma, La abadía de Northanger y demás novelas, que las mujeres debían prepararse desde niñas para ser buenas esposas. Les fomentaban la lectura para que fueran conversadoras agradables, la música, el baile… La fortuna y la posición social eran aspectos importantes de un buen partido.


Hija de un religioso, rechazaba estas prácticas. Evadía el matrimonio. Fue pretendida y una vez alcanzó a comprometerse, pero al otro día se dio cuenta de su metida de patas, se retractó y huyó despavorida, junto a su hermana, a pasar una temporada en el campo hasta que cesara la tormenta.


Dejémonos seducir por su pluma. En Sentido y sensibilidad se lee:


Marianne comenzó a darse cuenta de que su desesperanza de los dieciséis años, respecto a hallar un hombre que colmase sus ideas sobre la perfección masculina, había sido ligera e infundada.  Willoughby le ofreció ahora cuanto su imaginación soñara en otros momentos más optimistas, como capaz de engendrar en ella un verdadero afecto; y la conducta de él anunciaba tanta seriedad en sus deseos como autenticidad en sus dotes”.

jueves, 11 de diciembre de 2025

De sobremesa

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 8 al 14 de diciembre de 2025)

 

 



Melancólico, caótico e hipersensible. Así era el espíritu de José Asunción Silva. De sobremesa, las adversidades materiales y artísticas hicieron mella en este poeta de cuyo nacimiento se cumplen 160 años.


Los espíritus así, existencialistas, encuentran, no digo remedio, pero sí un momentáneo sosiego en lo exótico y los deleites sensuales. A tono con su época, fin del siglo XIX, respiraba los aires residuales del romanticismo y los frescos aromas del modernismo. Silva es uno de los genios literarios del continente. Interpretado de forma facilista, redujeron su impulso creativo a un simple amor incestuoso.


El libro de versos, Gotas amargas, Cuentos negros y De sobremesa son obras suyas. La última, una novela sin acciones físicas, apareció hace 100 años. El personaje central, José Fernández de Andrade, lee a sus amigos un diario en que consigna reflexiones sobre la estética, el arte y el artista finiseculares.


“Cada día tiene para mí un sabor más extraño y me sorprende más el milagro eterno que es el Universo. La vida, ¿quién sabe lo que es? Las religiones, no, puesto que la consideran como un paso para otras regiones; la ciencia, no, porque apenas investiga las leyes que la rigen sin descubrir su causa ni su objeto. Tal vez el arte que la copia... tal vez el amor que la crea...”.


A los 30 años, Silva le pidió a su médico le señalara el lugar de su corazón. “Gracias. Me has hecho un gran favor”, le dijo. Llegó a casa y, después de una velada nocturna con su madre y amigos, fue al cuarto, lustró los zapatos…  y después se quitó la vida.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Aventurero

(Columna Río de Letras publicada en el diario ADN, semana del 1 al 7 de diciembre de 2025)

 




Vamos a hablar de aventuras: vamos a hablar de Robert Louis Stevenson. El autor escocés, de cuyo nacimiento se cumplieron 175 años hace unos días, es uno de los dueños de la literatura de peripecias.


Alguien que se diga humano, habitante de la Tierra, y no haya oído nombrar La isla del tesoro… ¡es un impostor! Un ser extraño que se hace pasar por uno de nosotros. El diablo en la botella, La flecha negra, El club de los suicidas, Secuestrado son otras historias suyas en las que flota el suspenso y, detrás de la aventura, aparece la idea de bien y mal, porque Stevenson se crio en un ambiente calvinista. Coherente con sus prosas, fue aventurero. Hijo de un constructor de faros, fue siempre un tipo enfermizo, pero esto no impidió que viajara por islas y continentes. Rentaba una goleta y se echaba al mar. Se enamoró de una gringa, casada y con hijos. Viajó a América a buscarla y pasó unos meses esperando que se decidiera entre él y su esposo. Entre tanto, escribió parte de La isla del tesoro y todo El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde.


Autor de poesía y ensayo, las crisis de tuberculosis lo llevaron a imaginar su deceso. Leamos “Réquiem”:


“Bajo el vasto cielo estrellado

cavad una tumba y dejadme yacer allí.

Alegremente viví y con alegría moriré,

acostado con un último deseo.

Que sea este el verso que graben para mí:

‘Aquí yace donde quería yacer;

ha vuelto el marinero, ha vuelto del mar;

y el cazador ha regresado de la colina’”.


La muerte, esa aventura larga, desconocida y definitiva, lo encontró en Samoa a los 54 años.