viernes, 9 de enero de 2026

Desdeñan la eñe

(Columna Río de letras publicada en el diario ADN, semana del 5 al 11 de enero de 2026)

 

 



Uno no es dado a riñas. No gruñe ni refunfuña. Pero como alguien que vive en español, ¡que piensa, imagina, siente, sufre, goza y sueña en español!, se sigue sintiendo ofendido cada vez que en un documento, la letra eñe del apellido o de cualquier palabra, es remplazada por alguna ñoñería, bien sea un signo de interrogación o de número. Lo dañan. En mi caso, en el lugar del segundo apellido, a veces encuentro “Londo¿o” o “Londo#o” y no “Londoño”. Y siento como si un puñal simbólico se hundiera en mis entrañas simbólicas. Entonces se frunce mi ceño y mis mejillas se tiñen de todos los colores, empezando por el castaño, pasando por el añil y acabando en algún rojo sin eñe.


Claro, sé lo que sucede; lo han cañado mil veces desde hace años: que hay teclados en inglés y por eso no tienen la entrañable letra que parece tener una araña en la moña. ¡Patrañas! Ya va mucho tiempo y nada que se resuelve del todo esta maraña, que, sin duda, no es una pequeñez. Tampoco puede tomarse como algo normal, que se lea sin siquiera pestañar.


La ofensa se justifica porque la eñe es una de las características de nuestra lengua. Una señal de identidad idiomática. Y a quienes leemos y escribimos en español nos atañe. Total, somos los dueños del idioma. No se puede desdeñar la eñe. Por el contrario: por única, debe recibir nuestro cariño.


¡Que todos los teclados añadan de hoy a mañana la decimoquinta letra del alfabeto y solucionen un problema que ya es añejo! Esta es mi campaña. Tal vez me engaño. Sin embargo, no cejaré en mi empeño y no me dejaré domeñar.


1 comentario:

  1. Pues lo de la ñ en este contexto gringo ha sido tema de comentarios y humor… Cuando has recibido una postal que te desea
    “Feliz ano nuevo”!

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